Movilidad sostenible: claves para las ciudades modernas

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A medida que más de la mitad de la población mundial vive en urbes desde 2022, brindar opciones de movilidad eficientes, asequibles y sostenibles se ha vuelto un desafío primordial para las grandes áreas metropolitanas. 

La obsoleta infraestructura de transporte genera contaminación, embotellamientos y dificulta el acceso a trabajos y servicios, frenando el desarrollo urbano. Sin embargo, muchas ciudades visionarias lideran una revolución de la movilidad sostenible para transformar el traslado de personas y mercancías.

El eje central es priorizar el transporte público, la movilidad peatonal, las bicicletas y otros modos limpios sobre los vehículos particulares. Urbes como Londres, París, Nueva York, Singapur y Bogotá han invertido miles de millones en modernizar y expandir sus sistemas de autobuses, trenes y metros. 

La vasta red del metro y trenes regionales de Nueva York transportaba a más de 5 millones de pasajeros diarios antes de la pandemia, mientras que la icónica flota de autobuses de dos pisos rojos y el Metro de Londres movilizan una cifra igualmente asombrosa cada jornada. Sistemas robustos de transporte público son cruciales para ofrecer alternativas al automóvil particular.

Hacer el transporte público más asequible 

Cuando se discute sobre la movilidad, debemos tener en cuenta que no solo se trata de aumentar la capacidad, sino de lograr que el transporte público sea conveniente, frecuente y asequible para todas las personas.

En este sentido, iniciativas como la integración tarifaria a escala metropolitana mediante tarjetas de transporte únicas ha sido clave para eliminar las complicaciones de pagar boletos separados para cada modo. Ciudades como Londres, Singapur, Santiago y Ciudad de México han implementado exitosamente sistemas que permiten viajar sin fricciones en buses, trenes, metros y otros modos solo cargando saldo en una sola tarjeta. Esto facilita las transferencias modales para viajes de origen a destino.

Otra prioridad es incrementar las frecuencias de servicio, especialmente en corredores de alta demanda durante horas pico. Por ejemplo, algunas líneas troncales del metro de Nueva York operan con intervalos de apenas 2-3 minutos durante la hora máxima para transportar los enormes flujos de pasajeros. 

Además, medidas como carriles segregados y prioridad semafórica para autobuses logran reducir significativamente los tiempos de viaje haciéndolos más competitivos y atractivos frente al automóvil particular. La exitosa red de corredores Transmilenio en Bogotá, con sus carriles exclusivos y estaciones abordaje a nivel, ha acortado los viajes en autobús en un 32% en promedio.

Por otra parte, diversos esquemas de tarifas diferenciadas buscan hacer más accesible el transporte público para grupos vulnerables. Numerosas ciudades ofrecen tarifas con descuentos de hasta el 50% para estudiantes, adultos mayores, personas con discapacidad y residentes de bajos ingresos. Algunas incluso han implementado esquemas de gratuidad para estos grupos o durante ciertos horarios. Estas medidas ayudan a aumentar el acceso y la asequibilidad.

Fomentar modos activos

Paralelamente, las ciudades rediseñan calles para favorecer la movilidad de peatones y ciclistas con extensas redes de ciclovías protegidas, plazas peatonales y «vecindarios de bajo tráfico» que restringen o prohíben la circulación vehicular en ciertas vías. 

Programas como Vélib’ en París, Citi Bike en Nueva York y el sistema público de alquiler de bicicletas de Londres ofrecen miles de unidades compartidas a los residentes por un costo accesible. Ámsterdam ha logrado que más del 60% de los viajes se realicen a pie, en bicicleta o transporte público gracias a diseños urbanos que priorizan los modos activos de movilidad. 

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Estas inversiones en barrios densos, caminables y conectados por eficientes redes de transporte público y ciclovías generan un círculo virtuoso: a medida que las urbes se vuelven menos dependientes del automóvil, más personas pueden prescindir de él o utilizarlo menos en su vida diaria. Esto reduce sistemáticamente la demanda de estacionamientos y calles anchas, permitiendo recuperar ese valioso espacio para viviendas, parques, plazas públicas y comercios.

Gestión de la demanda vehicular

En la mayoría de las grandes ciudades los vehículos particulares no desaparecerán de un día para otro. Implementar políticas inteligentes de movilidad para gestionar y desincentivar su uso se ha vuelto parte integral de las estrategias de movilidad sostenible. 

Esquemas de tarifas por congestión que cobran por ingresar al centro urbano se aplican en urbes como Singapur, Londres, Estocolmo y Milán para reducir el tráfico y financiar el transporte público. Zonas de bajas emisiones que restringen o gravan a vehículos antiguos y contaminantes operan en partes de Londres, París y Barcelona para combatir la polución. 

Así también, medidas como el estricto sistema de cuotas vehiculares de Singapur limitan drásticamente el número total de autos en circulación, dificultando y encareciendo la propiedad privada de automóviles.

Micro-movilidad y servicios de transporte

Es imprescindible tener en cuenta que, aún con barrios densos diseñados para el transporte público, caminar y andar en bicicleta, no todas las personas pueden utilizar estos modos para movilizarse diariamente. 

Es ahí donde cobran relevancia los servicios de micro-movilidad como patinetas eléctricas y bicicletas compartidas sin amarres que permiten cubrir la «última milla» entre una estación de transporte y el destino final. 

Los servicios de viajes compartidos como Uber y Lyft, así como los tradicionales de car-sharing, ofrecen opciones de movilidad convenientes sin la necesidad de poseer un vehículo particular que sume más autos a las calles.

Electrificación de la movilidad

Paralelamente a mejorar las opciones de movilidad sostenible, las ciudades también deben implementar la electrificación del transporte para reducir emisiones y ruido de los vehículos particulares y camiones que aún circulan en zonas urbanas. 

Las redes públicas y privadas de cargadores para vehículos eléctricos se han expandido rápidamente, llegando a más de 1 millón de puntos de carga públicos a nivel global en 2022 para impulsar una mayor adopción. Las flotas municipales como camiones recolectores y patrulleros se están electrificando.

Así también, los incentivos financieros como descuentos en estacionamientos y créditos fiscales han acelerado la adopción de vehículos eléctricos por parte de los consumidores. Noruega, que aplica muchas de estas políticas, alcanzó una cuota récord del 65% de vehículos eléctricos vendidos en 2022.

Tecnología para una movilidad Inteligente

Brindar movilidad sostenible no solo implica infraestructura física, sino también aprovechar la tecnología.  En este sentido, la proliferación de datos de transporte y la computación en la nube han dado lugar a sofisticados sistemas de gestión de tráfico que optimizan los tiempos de semáforos en tiempo real según las condiciones actuales. Esto permite dar prioridad al transporte público y minimizar demoras. Ciudades como Londres, Singapur y Pittsburgh han implementado estas soluciones logrando importantes reducciones en tiempos de viaje y emisiones.

Otra tendencia clave es la fijación dinámica de tarifas de estacionamiento, en la que los precios se ajustan continuamente según la demanda. Mediante sensores y apps, las ciudades monitorean constantemente la ocupación de espacios en la vía pública y elevan las tarifas cuando hay mayor congestión para desincentivar su uso y favorecer la rotación de vehículos. Esto maximiza el uso del escaso espacio en áreas de alta demanda. 

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En el ámbito de las aplicaciones móviles, las ciudades están apostando por experiencias integradas de movilidad como servicio (MaaS). Plataformas como Whim permiten a los usuarios planificar, reservar y pagar todos sus viajes urbanos combinando transporte público, bicicletas, patinetas y viajes compartidos, con una suscripción mensual. 

Por último, las herramientas de análisis de Big Data y simulación están permitiendo comprender y gestionar mejor los patrones de movilidad urbana. Mediante el procesamiento masivo de datos de GPS, peajes, tarjetas de transporte y aplicaciones, las autoridades pueden visualizar y predecir flujos de tráfico, probar escenarios hipotéticos y tomar decisiones informadas, cómo ajustar capacidades y frecuencias del transporte público en tiempo real.

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