Cada 9 de enero, las calles de Manila, la capital de Filipinas, se convierten en el escenario de una de las manifestaciones de Fe más multitudinarias del mundo: la procesión del «Nazareno Negro». En esta celebración anual, cientos de miles de fieles descalzos acompañan la imagen de Jesús mientras cargan la cruz en un evento lleno de fervor y espiritualidad.
El «Nazareno Negro», una imagen de Cristo a tamaño real, ha sido venerado por los filipinos durante siglos. La talla original, realizada en madera de mezquite por un artesano anónimo en México en 1606, llegó a Filipinas a bordo del galeón de Manila. Si bien la tradición popular sostiene que la estatua se ennegreció debido a un incendio en la embarcación, el teólogo Sabino Vengco explicó en 2019 que su color proviene del tipo de madera utilizada en su fabricación.
Desde su llegada, la imagen ha sido objeto de una profunda devoción. En 1650, el Papa Inocencio X aprobó su culto, y en 1880, el Papa Pío VII concedió indulgencias plenarias a quienes rezaran ante ella. Actualmente, se venera en la Basílica Menor del Nazareno Negro, en Quiapo, Manila.

La «Traslación»: un recorrido de Fe y sacrificio
La procesión del «Nazareno Negro», conocida como la «Traslación», conmemora el traslado de la imagen desde la iglesia de San Nicolás de Tolentino en Intramuros a su ubicación actual en Quiapo. Este evento, que se realiza anualmente el 9 de enero, es el más multitudinario de los tres recorridos que se celebran en su honor, junto con la procesión del Viernes Santo y la del Día de Año Nuevo.
Desde la madrugada, los fieles se congregan en la basílica para asistir a la misa previa a la procesión. Este año, los organizadores estimaron que alrededor de 220.000 personas participaron en la misa matutina, mientras que a las 8:00 a.m., más de 94.500 ya formaban parte de la marcha, cifra que aumentó significativamente a lo largo del recorrido de 5,8 km.
Durante la procesión, los devotos intentan acercarse lo más posible a la imagen para tocarla o lanzar toallas blancas a los organizadores, quienes las frotan contra la estatua y las devuelven a sus dueños como objeto de bendición. Muchos creen que este contacto con el Nazareno les traerá salud, protección y milagros.
El cardenal José Advincula, arzobispo de Manila, instó a los fieles a seguir el ejemplo de Cristo y alejarse del mal. “Vivamos según sus mandamientos, abracemos sus enseñanzas y sigamos su ejemplo. Es mejor seguir al Señor Amado”, expresó en su homilía antes del inicio de la procesión.
Una celebración que implica riesgos
A pesar de la Fe y el fervor que rodea la procesión, el evento también ha sido escenario de tragedias en algunos casos. Las enormes multitudes que se aglomeran en torno a la imagen han provocado, en más de una ocasión, estampidas, asfixias y muertes por aplastamiento. Las autoridades y voluntarios médicos permanecen en alerta durante todo el recorrido para atender emergencias.
Uno de los momentos más esperados es el «Dungaw» o «La Mirada», cuando la imagen del «Nazareno Negro» pasa frente a la Basílica de San Sebastián y es recibida por la Virgen del Carmen, otra de las figuras religiosas más veneradas de Manila. Este encuentro simboliza la conexión entre las dos advocaciones y es uno de los actos más emotivos del evento.

La Fe que perdura
Con casi un 80% de la población identificándose como católica, Filipinas es el país con mayor número de fieles en Asia, un legado de más de 300 años de colonización española.
Cada viernes, la Basílica del Nazareno Negro se llena de fieles que acuden a la novena dedicada a la imagen. Sin embargo, es el 9 de enero cuando la intensidad de esta fe se manifiesta en su máxima expresión.












