La expansión nuclear de Corea del Sur choca con la crisis global de combustible

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La competencia mundial por expandir la energía nuclear y las sanciones occidentales contra Rusia se combinaron para disparar el precio del uranio enriquecido. Mientras países como Estados Unidos, Francia y los miembros de la Unión Europea aseguran suministro hasta la década de 2040, Corea del Sur queda rezagada en la carrera por garantizar combustible nuclear a mediano y largo plazo, pese a que el gobierno impulsa una expansión acelerada de reactores para sostener el clúster de semiconductores de Honam y los centros de datos de inteligencia artificial.

Según Korea Hydro & Nuclear Power (KHNP), el uso doméstico anual de uranio enriquecido pasará de las actuales 460 toneladas a hasta 540 toneladas el año próximo, por la superposición de operaciones de reactores en extensión de vida útil y nuevas unidades. Esa cifra ni siquiera contempla la demanda futura de los reactores previstos para completarse en la década de 2030. Las proyecciones oficiales indican que la tasa de cobertura de uranio enriquecido surcoreana caerá del 100% actual a entre 20% y 40% hacia fines de esa década, en contraste con la UE, que ya aseguró el total de su demanda para 2032.

El mercado global de enriquecimiento está dominado por cuatro actores —Urenco, Orano, Rosatom y la china CNNC—, que concentran el 99% de la capacidad de producción. Estados Unidos bloqueará por completo las importaciones de Rosatom, responsable de más del 40% de la capacidad mundial, a partir de 2028, mientras la UE restringe nuevos contratos con Rusia. Corea del Sur, que depende de Rusia para cerca del 30% de su enriquecimiento, enfrenta así una disyuntiva: sostener una relación diplomáticamente costosa con Moscú o competir por capacidad occidental ya saturada.

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El precio spot del enriquecimiento subió de 34 a 200 dólares por SWU entre 2018 y fines del año pasado, y ya provocó retrasos concretos: TerraPower, la firma de reactores modulares de Bill Gates, postergó su operación comercial de 2028 a 2030 por falta de HALEU. Japón, la República Checa y los Emiratos Árabes Unidos avanzaron con estrategias estatales de aseguramiento de combustible, mientras en Corea del Sur la respuesta recae únicamente en KHNP, sin una autoridad central que coordine a los distintos ministerios involucrados.

Especialistas locales sostienen que la política de construcción de reactores y la de seguridad de combustible deberían integrarse en una sola estrategia de seguridad energética nacional, en lugar de tratarse como asuntos separados. El caso surcoreano expone un riesgo estructural más amplio: la capacidad de enriquecimiento no puede expandirse al ritmo de la demanda, y los países que no aseguraron contratos a tiempo podrían terminar con reactores construidos pero sin combustible para operarlos.

 

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Periodista con sede en Brasil, experto en Relaciones Internacionales.