A más de cuatro décadas de su asesinato, Indira Gandhi continúa siendo una figura controversial para la sociedad india. Mientras sus partidarios destacan las realizaciones económicas y el fortalecimiento internacional del país durante su gestión, sus detractores recuerdan el Estado de Emergencia y las restricciones a las libertades civiles.
Indira Gandhi (1917-1984) gobernó por quince años el Estado surasiático. Todo el espectro político y académico coincide en su capacidad para transformar a la India.
Su vida despertó por ello el interés de estudiosos globales desde la década de 1960´: la francesa Anne Cublier, la estadounidense Katherine Frank, el mumbaití Zareer Masani y un reciente libro a cargo de la española Mercedes Castro.

La cinematografía índica tampoco esquivó su magnetismo, al punto de aparecer tanto en biopics dedicados a su gestión -caso de Emergency (2025)-, como en el trasfondo de otras producciones. Esto último se constató en Laal Singh Chaddha (2022), versión de Forrest Gump que equipara su muerte con el impacto de la Guerra de Vietnam en EEUU, o en Manjhi: The Mountain Man (2015), cuando Indira aparece vinculada a un malogrado programa de asistencia social.
Retórica y pugna política en la actualidad
La memoria de la señora Gandhi es un campo de batalla público en India. El opositor Partido del Congreso Nacional Indio (INC) ha inaugurado recientemente estatuas para homenajearla en distritos meridionales. Los militantes celebraron su histórica defensa de las minorías religiosas, del género femenino, del sur dravídico y de los desfavorecidos.
Por el contrario, el primer ministro Narendra Modi suele lanzarle duros cuestionamientos en el Parlamento, en especial al apuntar con frecuencia hacia el nepotismo y el rígido sistema de planificación estatal imperante en las décadas de los ‘60 y ‘70.

De la élite a las cárceles británicas
Indira Priyadarshini Nehru nació y creció en una exclusiva minoría de la sociedad india. Hija del líder de casta brahmánica Jawaharlal Nehru, comenzó su educación en una escuela católica de su ciudad, para luego formarse con el poeta Rabindranath Tagore y completar su formación en internados de Suiza. Finalmente, estudiaría la carrera de historia en la Universidad de Oxford.
Sin embargo, cuando regresó al Indostán su destino estuvo marcado por la lucha anticolonial bajo la guía del Mahatma Gandhi; y ya durante la Segunda Guerra Mundial, su participación en el movimiento de independencia le costó la cárcel. Mientras tanto, desafiaba otras normas sociales al casarse con Feroze Gandhi, un compañero de militancia no hinduista de origen humilde.
Cómo una primera dama se convierte en primera ministra
La tumultuosa independencia de India en 1947 la encontró ya madre de dos pequeños (Rajiv y Sanjay), realizando tareas sociales en barrios de mayoría islámica atacados por los refugiados que huían de Pakistán. En ese momento, Nehru fue elegido jefe de gobierno del nuevo país, cargo que ejercería hasta su muerte en 1964. Su condición de viudo colocó a la hija en el lugar de primera dama; desde allí, ella sumó al rol protocolar, el papel de activista en campañas políticas o confidente en encrucijadas como la invasión en el enclave portugés de Goa.
Paralelamente, Indira ocuparía cargos menores en el INC, hasta que en 1959 alcanzó la presidencia del partido, ante la reprobación de Nehru.

Una vez fallecido este último, e incluso tempranamente su marido Feroze, ella accedería a un escaño en el Senado, luego a la cartera de radiodifusión e información, hasta ser designada en 1966 premier. No obstante, detrás de esas promociones se hallaban los barones del INC, quiénes sólo deseaban utilizar electoralmente a una mujer “manejable” por ser la hija de.
No obstante, esa estrategia fracasó. Indira demostró una astucia política feroz, ganó tres elecciones nacionales y fundó su propia fuerza política, mientras sus medidas generaban un cambio sin precedentes en el Sur de Asia.
Ejemplos de dichas políticas fueron: la revolución verde capaz de logar la autosuficiencia agraria; la nacionalización de la banca; la creación de provincias en base a idiomas regionales; la construcción de satélites o centrales nucleares; la despenalización del aborto; y la creación de reservas naturales para los tigres de Bengala.
Luces internacionales y sombras democráticas
En el frente externo cosechó grandes éxitos. Tejió una alianza con Moscú, propició la creación de Bangladesh tras derrotar a Pakistán, y lideró el Movimiento de Países No Alineados. Al mismo tiempo, negociaba con la Fundación Ford, hasta acordó veladamente con el Estado de Israel.
Su gestión igualmente conoció la oscuridad. El Estado de Emergencia a mediados de los setenta marcó el período más crítico de la democracia india, debido al recorte de libertades civiles, los abusos policiales y las campañas de esterilización forzosa. Aún más, la orden de atacar el Templo de Oro sij en 1984 fue muy cuestionado, y fue lo que condujo a su trágico asesinato a manos de sus guardaespaldas de esa religión.
Indira Gandhi continúa hoy ocupando un lugar singular en la historia de India. Para algunos, fue la dirigente que consolidó la autonomía económica y el peso internacional del país; para otros, simboliza los riesgos de la concentración del poder. La persistencia de ese debate demuestra que su legado sigue siendo uno de los más complejos de la política asiática contemporánea.
Es Profesor de Enseñanza Media y Superior en Historia (UBA), Especialista en Gestión para la Defensa (UNTREF-EDENA) y en Periodismo y Comunicación Digital (ETER), con Diplomatura en Estudios Coreanos (USAL). Enseña Historia de Asia en los profesorados Joaquín V. González y Alicia Moreau de Justo, e Historia en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Fue profesor invitado en la Jamia Millia Islamia de Nueva Delhi y ha publicado artículos académicos sobre la historia del Sur de Asia.













