Ecuador formalizó el 17 de abril de 2026 la recepción definitiva de Coca Codo Sinclair, la hidroeléctrica más grande del país, una década después de su puesta en marcha. El acto cerró un proceso plagado de disputas técnicas y legales entre la Corporación Eléctrica del Ecuador (Celec) y la constructora china Sinohydro, filial de PowerChina. Pero la firma del acta de recepción no significó el cierre total del expediente: el gobierno del presidente Daniel Noboa anunció de inmediato que retendrá dos garantías por un total de 134 millones de dólares hasta que la central opere correctamente.
La ministra de Ambiente y Energía, Inés Manzano, fue directa en un video difundido el 19 de abril en sus plataformas oficiales: «Ecuador mantiene garantías económicas también. No se libera el pago hasta que la obra funcione correctamente.» Al día siguiente, el viceministro de Electricidad, Xavier Medina, precisó la cifra: se trata de dos garantías, una de retención por 98 millones de dólares y otra vinculada a los distribuidores de agua por 36 millones. Ambas se liberarán, según Medina, únicamente cuando PowerChina asuma formalmente la operación de la central y se suscriba el nuevo contrato con Celec, lo que está previsto para julio de 2026.
Diez años de fallas y un arbitraje que forzó la entrega
Coca Codo Sinclair entró en funcionamiento en noviembre de 2016, pero nunca fue recibida formalmente por el Estado ecuatoriano. La razón era técnica y contundente: los distribuidores de agua de la central —piezas críticas para la operación— presentaban miles de fisuras detectadas desde la propia construcción. Un informe de la Contraloría General del Estado publicado entre 2018 y 2019 recomendó explícitamente no recibir la obra hasta que Sinohydro corrigiera las fallas. Celec inició entonces un arbitraje internacional contra la empresa china que mantuvo el contrato en disputa durante años.
El desenlace llegó el 3 de abril de 2026, cuando la Corte Internacional de Arbitraje emitió un laudo que obligó a ambas partes a cerrar el proceso. Sinohydro envió un oficio el 6 de abril exigiendo que la recepción se concretara a más tardar el 17 de abril, en cumplimiento estricto del laudo. El Estado ecuatoriano se vio así forzado a cerrar el proceso incluso con las fisuras aún presentes: según distintas fuentes, la obra registra entre 17.000 y más de 30.000 fisuras en los distribuidores, dependiendo de la fuente consultada.
Las fuentes oficiales más recientes manejan la cifra de 17.600 fisuras. La ministra Manzano, en tanto, señaló que las fisuras han sido «atendidas de forma constante» y que existen coberturas específicas para esos defectos. El gobierno de Noboa subrayó que la recepción no implica «la cesión de la hidroeléctrica ni una pérdida de control del Estado», y que Ecuador mantiene «la rectoría, supervisión y defensa de sus intereses».
PowerChina operará la central por 25 años
El siguiente paso ya tiene fecha y estructura. En julio, cuando se suscriba el contrato formal, PowerChina asumirá la operación, el mantenimiento y el 100% del riesgo técnico de Coca Codo Sinclair por un período de 25 años. El Estado ecuatoriano pagará a la empresa china alrededor de 46 millones de dólares anuales —aunque otras fuentes mencionan cifras de hasta 60 millones según la modalidad de pago acordada—, una suma que el gobierno presenta como ventajosa frente a los entre 60 y 90 millones que Celec destinaba anualmente a la operación de la central.
Como parte de ese contrato, PowerChina quedará a cargo de reparar las fisuras y los defectos detectados por la Contraloría. Recién cuando ese acuerdo esté firmado y las condiciones técnicas verificadas, se liberarán las dos garantías retenidas por 134 millones de dólares. Desde la empresa, el representante de PowerChina fue cuidadoso en su mensaje durante el acto de firma: «Este no es el final de nuestra cooperación, sino el inicio de una nueva etapa.»
La amenaza del río: erosión a 3,6 kilómetros de la captación
Si la controversia técnica sobre las fisuras es el problema interno de la hidroeléctrica, el externo es aún más inquietante: la erosión regresiva del río Coca avanza hacia las obras de captación de la central con una persistencia que no se ha podido detener del todo.
El fenómeno comenzó en febrero de 2020, cuando la cascada San Rafael —la más alta de Ecuador— colapsó y desapareció en pocas horas. Desde entonces, el río empezó a «comerse» su propio lecho hacia atrás, profundizando el cauce y carcomiendo sus márgenes. En noviembre de 2025, el frente erosivo se ubicaba a solo 3,6 kilómetros de las obras de captación de Coca Codo Sinclair. Ese dato no ha variado en 246 días según el último informe de la Comisión Ejecutora del Río Coca, publicado el 8 de abril de 2026.
Si la erosión llegara a afectar la estructura de captación —una pequeña represa que desvía el agua del río Coca hacia las turbinas—, la central quedaría inhabilitada de forma definitiva. Coca Codo Sinclair genera entre el 25% y el 30% de la electricidad del país, con una capacidad instalada de 1.500 megavatios.
La respuesta del Estado fue la construcción de un dique permeable, inaugurado el 13 de abril de 2026, cuatro días antes de la recepción formal de la hidroeléctrica. La obra, con una inversión de 19 millones de dólares, fue diseñada junto al Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (USACE) y consiste en una pantalla de pilotes de hormigón de 24 metros de profundidad y 220 metros de ancho, reforzada con rocas de más de 1,5 metros, ubicada a 7,8 kilómetros de la captación. El dique es permeable: deja pasar el agua pero impide que el río siga profundizando su lecho, al funcionar como un freno hidráulico que disipa la energía cinética del caudal y fuerza la acumulación de sedimentos.
Los expertos, sin embargo, advierten que un solo dique no alcanza. El USACE estima que se necesitarán al menos cuatro estructuras de ese tipo. La ministra Manzano confirmó que ya se trabaja en el segundo dique, con estudios previstos para mayo de 2026 y obras que podrían iniciarse antes de fin de año, con un plazo de construcción de aproximadamente dos años. También se estudia la construcción de un canal de desvío en la zona de Misahuallí, más cerca de la captación.
Una obra que nació polémica
Coca Codo Sinclair fue construida durante el gobierno del expresidente Rafael Correa con una inversión declarada de 2.000 millones de dólares, financiada en gran parte con crédito chino. Desde su concepción hasta su puesta en marcha estuvo marcada por cuestionamientos sobre la calidad de la obra, los sobreprecios y la falta de controles independientes. La Contraloría detectó las fallas en los distribuidores durante la fase de construcción y recomendó no recibirla. El Estado tardó una década en formalizar esa recepción, y lo hizo forzado por un laudo arbitral.
Lo que queda ahora es un contrato de 25 años con PowerChina para operar una central con fisuras no reparadas, amenazada por un río que avanza, y con 134 millones de dólares retenidos como único instrumento de presión del Estado sobre la empresa constructora.
Colaborador en ReporteAsia













