Guerra en el sudeste asiático: cómo el conflicto Camboya-Tailandia quebró el derecho internacional

El pasado 24 de julio, Tailandia y Camboya intercambiaron ataques armados en zonas fronterizas disputadas desde hace décadas. Con disparos, bombardeos y cohetes, estos dos países del sudeste asiático elevaron la tensión regional de inmediato.

Según las autoridades tailandesas, los combates han dejado al menos 12 personas muertas de ese lado de la frontera y al menos 14 heridos. A su vez, alrededor de 40.000 civiles que viven en 86 aldeas de Tailandia han sido evacuados. Los informes también dicen que las personas están huyendo de otras ciudades cercanas a la frontera, ya que las infraestructuras civiles están siendo atacadas.

Aunque el conflicto ha salido a la luz a nivel internacional en la última semana, Camboya y Tailandia mantienen una disputa fronteriza histórica que se remonta a la época colonial. Ambos países reclaman la soberanía de varios tramos sin demarcar a lo largo de los 817 kilómetros que componen su frontera terrestre. En el centro de la disputa se encuentran antiguos templos hindúes, como Ta Moan Thom y, especialmente, Preah Vihear, una construcción del siglo XI cargada de valor simbólico y estratégico.

El Templo Preah Vihear está compuesto por una serie de edificios que comprenden una extensión de casi 800 metros, atravesando Camboya y Tailandia. Preah Vihear no es solo un templo antiguo enclavado en la cima de una montaña: es un símbolo profundamente cargado de significado para ambos países. Para Camboya, encarna el orgullo nacional y la herencia de la civilización jemer. Para Tailandia, forma parte de una historia compartida y de una zona de alto valor estratégico.

La historia detrás del conflicto
Debido a que Camboya era un territorio vulnerable y con poco poder, aceptó convertirse en protectorado de Francia en 1863. Siam, actual Tailandia, históricamente intentó invadir los territorios de Camboya. No fue hasta que el territorio se convirtió en protectorado francés que se pactó el tratado franco-siamés de 1904 para delimitar territorialmente la frontera.

Este tratado estipuló que la frontera seguiría los Montes Dangrek como línea divisoria natural entre Tailandia y Camboya. El mapa del acuerdo mostraba al Templo Preah Vihear dentro de la línea fronteriza de Camboya.

Durante la segunda guerra mundial, Siam invadió estos templos con el apoyo de Japón, pero serían devueltos en el año 1949. Aun así, en el año 1954, con la independencia de Camboya y la retirada de la colonia francesa, Tailandia volvería a invadir la zona fronteriza de los Templos.

Templo de Preah Vihear.

En 1960, se iniciaría un litigio en la Corte Internacional de la Haya para resolver la disputa, donde se mantiene la postura a favor de Camboya, debido a la demarcación del imperio francés sobre los templos, hecho en 1904 y aceptado por Tailandia en su momento. Aún así, Tailandia declaró que nunca había aceptado este acuerdo territorial, por lo que no era vinculante. La corte decidió posicionarse a favor de Tailandia, quitando la validez del mapa como prueba obligatoria en el caso. No obstante, Camboya indicó que Tailandia recibió el mapa de la frontera en 1907 y no lo cuestionó hasta 1954, por lo cual debe
entenderse su aceptación implícita.

El 15 de junio de 1962 la Corte emitió su sentencia sobre el caso, y por 9 votos contra 3 determinó que el templo de Preah Vihear era territorio de Camboya.

De acuerdo a los documentos que se presentaron a lo largo del caso y con las alegaciones presentadas, la Corte Internacional de Justicia declaró que se anexara el territorio de forma legal a Camboya y de acuerdo a la frontera que se acordó. En 1962, se determinó que la solución de la controversia se basa en tres partes: que el Templo Preah Vihear está establecido en territorio de Camboya; llevando a Tailandia a retirar obligatoriamente cualquier tipo de presencia militar, policial o de guardia en el área del Templo o sus áreas cercanas; y que Tailandia debe de regresar a Camboya cualquier objeto que haya sido removido por las autoridades tailandesas a partir del año de 1954.

Después de varios años, la resolución de la Corte de acuerdo a Preah Vihear no mostró signo alguno de paz en la frontera de ambos países. Los conflictos que se creaban hacían más difícil la convivencia entre ambos países, al igual que la convivencia diplomática y política.

En el 2011, a pesar de las resoluciones que se llevaron a cabo en la CIJ, los dos países no consiguieron delimitar la frontera, por lo que se reabrió el conflicto armado, llegando a un punto de inflexión el pasado 24 de julio de 2025.

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El derecho internacional queda, de nuevo, observante desde afuera
El caso de Preah Vihear expone con crudeza los límites del derecho internacional público cuando se enfrenta a disputas cargadas de nacionalismo, intereses estratégicos y zonasmilitarizadas.

A pesar de la sentencia emitida por la CIJ en 1962 -y su reafirmación décadas más tarde-, los enfrentamientos no cesaron y las obligaciones dictadas siguen siendo desobedecidas por ambos Estados. Normas fundamentales como el artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza, o el artículo 94, que exige el cumplimiento de las decisiones de la CIJ por parte de los Estados, se ven debilitadas en contextos donde no existen mecanismos reales de ejecución ni de sanciones automáticas.

Sin mecanismos de cumplimiento efectivos ni sanciones reales, las decisiones de la CIJ funcionan más como declaraciones simbólicas que como herramientas vinculantes.

Lo ocurrido en Preah Vihear no es un caso aislado: también en Ucrania, Palestina o el Sahara Occidental, los principios del derecho internacional han sido ignorados, cuestionando la eficacia de un sistema jurídico global que, en muchos casos, termina funcionando más como declaración de buenas intenciones que como herramienta concreta para prevenir o resolver disputas.

Así, Preah Vihear sigue siendo escenario de provocaciones, despliegues militares y enfrentamientos intermitentes, mientras el derecho internacional observa, impotente, desde los márgenes.

 

 

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Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, con experiencia en investigación, redacción y diplomacia. Se especializa en analizar y comunicar dinámicas geopolíticas de Asia Oriental, con un fuerte interés en los derechos humanos en Corea del Norte y las relaciones intercoreanas. 

Ha trabajado en la Embajada de Malasia, en la Cámara de Comercio Argentina para Asia y el Pacífico, y en el CESIUB (Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Belgrano), donde desarrolló ensayos y análisis profundos sobre Asia Oriental. 

Habla inglés y japonés, lo que le permite abordar temas internacionales desde una perspectiva global.