Acuerdo entre Estados Unidos y Japón: aranceles reducidos, inversión millonaria

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En un movimiento que culmina meses de intensas negociaciones y evade la fecha límite del 1 de agosto, Estados Unidos y Japón han llegado a un acuerdo comercial trascendental respecto de los aranceles en el comercio bilateral. El pacto, anunciado simultáneamente por el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, rebajará los aranceles automotrices y los aranceles «recíprocos» previamente amenazados del 25% al 15%. Este desenlace no solo representa una victoria significativa para la administración Trump en su agresiva agenda comercial, sino que también establece un nuevo precedente para las futuras negociaciones con otros socios comerciales de Washington.

El presidente Trump, fiel a su estilo, celebró el acuerdo en Truth Social el martes por la noche, declarándolo «un acuerdo masivo con Japón, quizás el acuerdo más grande jamás realizado». Por su parte, el primer ministro Ishiba, dirigiéndose a la prensa en Tokio el miércoles, calificó el resultado como un «logro significativo», destacando que la tasa de arancel del 15% aplicada a automóviles y autopartes japoneses estaba «por delante del resto del mundo» y no tenía restricciones de cantidad. Subrayó que la tasa arancelaria recíproca del 15% para Japón era la más baja aplicada a cualquier país con superávit comercial con EE. UU., un testimonio de las «negociaciones de todo tipo y al límite» que se llevaron a cabo desde febrero.

Uno de los puntos más llamativos del acuerdo es el compromiso de Japón de invertir $550 mil millones en Estados Unidos. Trump afirmó que esta inversión, a realizarse «bajo mi dirección», generará «cientos de miles de empleos» y que la parte estadounidense recibirá el «90% de las ganancias», aunque los detalles específicos de este esquema de participación en los beneficios no se han clarificado por completo.

Además de la inversión, Trump enfatizó que «quizás lo más importante, Japón abrirá su país al comercio, incluyendo automóviles y camiones, arroz y ciertos otros productos agrícolas, y otras cosas». Esto representa una victoria clave para Washington, que ha presionado constantemente por un mayor acceso al mercado japonés para sus productos.

El Primer Ministro Ishiba complementó la visión de la inversión, afirmando que las empresas japonesas invertirán hasta $550 mil millones en EE. UU. para «construir una cadena de suministro resiliente en áreas clave de seguridad económica», como semiconductores, productos farmacéuticos, acero, construcción naval, minerales críticos, aviación, energía, automóviles, IA y tecnología cuántica. Tokio utilizará instituciones respaldadas por el estado, como el Banco Japonés de Cooperación Internacional (JBIC), para facilitar estas inversiones o garantizar préstamos.

El acuerdo anunciado el martes reduce en 10 puntos porcentuales el arancel que Trump había impuesto unilateralmente del 25%. Aunque este 15% es superior al 10% que estuvo en vigor mientras se negociaba, representa una reducción significativa de la amenaza original. Según un funcionario del gobierno japonés, los aranceles sectoriales del 25% sobre automóviles, basados en la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, se reducirán al 12.5%. Combinados con los aranceles automotrices originales de EE. UU. del 2.5%, los automóviles importados se gravarán con un total del 15%. De manera similar, los aranceles recíprocos no se impondrán además de los aranceles existentes sobre los productos; en cambio, el límite superior de los aranceles sobre los productos japoneses será del 15%.

Ryosei Akazawa, el principal negociador comercial de Japón, quien se reunió con Trump durante 70 minutos en la Casa Blanca para sellar el acuerdo, destacó que Japón no reducirá los aranceles sobre los productos agrícolas, defendiendo los intereses de su sector nacional. En cuanto al arroz, Akazawa señaló que Japón mantendrá las 770,000 toneladas métricas de importaciones con cuota libre de aranceles, pero aumentará la proporción de arroz estadounidense dentro de ese rango. Ishiba afirmó que esto no «sacrificará la agricultura» japonesa, en un claro intento de calmar las preocupaciones internas tras la reciente pérdida de la mayoría de su coalición en la cámara alta japonesa. Sin embargo, el acero y el aluminio, actualmente sujetos a aranceles del 50%, no están incluidos en este acuerdo.

Las proyecciones económicas sugieren que el arancel del 15% reducirá el PIB de Japón en un 0.55% en total, una cifra menor al 0.85% que resultaría de un arancel recíproco del 25%. Matthew Goodman, director del Centro Greenberg de Estudios Geoeconómicos del Consejo de Relaciones Exteriores, había predicho que el acuerdo comercial con Japón estaba al alcance, calificándolo de un «fruto fácil» para Trump, dadas las claras metas de ambas partes: para EE. UU., más compras de exportaciones, relajación de estándares automotrices y agrícolas, y más inversión japonesa; para Japón, la reducción o eliminación de los aranceles amenazados.

La presión aumenta para Corea del Sur

Mientras Japón celebra su acuerdo, la presión se intensifica sobre Corea del Sur, otro rival clave en las exportaciones asiáticas de Washington, a medida que se acerca la fecha límite del 1 de agosto. Expertos en Seúl anticipan que el acuerdo entre EE. UU. y Japón incrementará la urgencia para que Corea del Sur negocie un pacto similar que evite aranceles del 25% sobre sus exportaciones.

Austin Chang, presidente del Instituto para el Comercio Internacional de la Asociación Coreana de Comercio Internacional, señaló que «Japón parece haber alcanzado un acuerdo mejor de lo esperado con EE. UU… lo que puede aumentar la presión para el gobierno coreano, ya que Japón es el país más directamente comparable a Corea». La apertura parcial de Japón en artículos sensibles como el arroz y la carne de res podría obligar a Seúl a presentar «cartas de negociación adicionales».

Corea del Sur está explorando concesiones en el sector digital si desea proteger sus mercados de arroz y carne de res, al tiempo que utiliza activamente asociaciones de fabricación bilateral y oportunidades de inversión como moneda de cambio. El ministro de Industria coreano, Kim Jung-kwan, ya se encuentra en Washington para reunirse con funcionarios estadounidenses, y el ministro de Finanzas, Koo Yun-cheol, y el ministro de Comercio, Yeo Han-koo, tienen programadas conversaciones comerciales de alto nivel «2+2» con el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, y el Representante Comercial de EE. UU., Jamieson Greer.

Entre las demandas de Washington a Seúl se encuentran la flexibilización de las medidas no arancelarias, incluyendo la prohibición de importación de carne de res estadounidense de ganado mayor de 30 meses, las regulaciones propuestas para plataformas en línea, las restricciones a la exportación de datos de mapas de alta precisión y las regulaciones de emisiones para automóviles importados, además de la solicitud de aumentar las importaciones de arroz estadounidense.

Un punto crucial de discusión será la posible participación de Corea del Sur en el proyecto de gas natural licuado (GNL) de Alaska, valuado en $44 mil millones. Trump ha instado abiertamente a Seúl y Tokio a participar, y si bien Japón ha acordado formar una empresa conjunta para el proyecto, Corea del Sur ha mantenido una postura cautelosa. Sin embargo, las señales indican que la compra de gas estadounidense sería vista «favorablemente» en las negociaciones arancelarias de Seúl con EE. UU., lo que podría convertirse en un elemento clave para un acuerdo exitoso.

Este nuevo panorama comercial subraya la determinación de la administración Trump de redefinir las relaciones comerciales globales y la creciente presión sobre los aliados para que se adapten a sus demandas de reequilibrio comercial y seguridad económica.

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Colaboradora en ReporteAsia.