¿Cuanto han robado en criptomonedas los hackers de Corea del Norte en 2025?

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Los informes de inteligencia financiera y ciberseguridad de 2025 indican que los hackers asociados a Corea del Norte han sustraído más de 2.000 millones de dólares en criptomonedas. Esta cifra representa un incremento significativo respecto a los años anteriores y evidencia una sofisticación técnica creciente en las operaciones dirigidas contra plataformas de intercambio y protocolos de finanzas descentralizadas.

El aumento en el volumen de los robos coincide con una fase de intensificación en el desarrollo de programas de defensa y armamento por parte del gobierno norcoreano. Analistas del sector sugieren que estas actividades digitales se han consolidado como una fuente de divisas extranjeras esencial para el sostenimiento de la economía del país bajo el actual régimen de sanciones internacionales.

El incremento de las operaciones informáticas en 2025

La actividad delictiva en el entorno digital ha mostrado una tendencia ascendente durante los últimos meses. El volumen total de activos robados en lo que va del año ya supera los registros anuales previos, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de las infraestructuras de custodia de criptoactivos ante ataques coordinados de gran escala.

Los ataques se concentran principalmente en plataformas que gestionan grandes flujos de liquidez. El uso de técnicas avanzadas permite a los perpetradores eludir sistemas de seguridad que en años anteriores resultaban efectivos. Este escenario obliga a las empresas del sector a realizar inversiones constantes en ciberseguridad para mitigar los riesgos de pérdida de activos de sus usuarios.

Metodologías y tácticas de infiltración

Los grupos de piratas informáticos, entre los que destaca el conocido como Lazarus, utilizan una combinación de ingeniería social y explotación de fallos de software. Una de las tácticas más recurrentes consiste en el envío de ofertas de empleo falsas a ingenieros y administradores de plataformas de criptomonedas. A través de estos contactos, logran instalar programas maliciosos que les otorgan acceso a las llaves privadas de las billeteras digitales.

Otra modalidad detectada en 2025 involucra la infiltración de trabajadores de tecnología de la información norcoreanos que operan de forma encubierta. Estos individuos utilizan identidades falsas para ser contratados por empresas occidentales de software. Una vez dentro de la estructura corporativa, facilitan el acceso a los sistemas internos o insertan vulnerabilidades que son aprovechadas posteriormente para realizar las extracciones de fondos.

Las finanzas descentralizadas (DeFi) siguen siendo el objetivo predilecto debido a la transparencia de sus códigos de programación. Los atacantes analizan los contratos inteligentes en busca de errores lógicos que les permitan drenar la liquidez de los protocolos de manera casi instantánea. La rapidez de estas operaciones dificulta la reacción de los equipos de seguridad y la recuperación de los activos.

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El proceso de lavado y conversión de activos

Una vez que los fondos son sustraídos, los grupos operativos inician un complejo proceso de lavado para ocultar el origen de las transacciones. El uso de mezcladores de criptomonedas es una herramienta común en esta etapa. Estos servicios combinan los activos robados con fondos de otros usuarios para dificultar el rastreo por parte de las autoridades financieras y las empresas de análisis de cadena de bloques.

El intercambio de criptomonedas por monedas estables vinculadas al dólar o por dinero en efectivo se realiza frecuentemente en plataformas que no aplican normativas estrictas de identificación de clientes. Esta red de intermediarios permite que los activos digitales se transformen en recursos utilizables para la adquisición de componentes industriales o el financiamiento de importaciones necesarias para el estado norcoreano.

La coordinación internacional ha logrado bloquear algunas de estas cuentas, pero los atacantes han demostrado capacidad para diversificar sus rutas de salida. El empleo de múltiples cadenas de bloques de forma simultánea añade capas de complejidad a los esfuerzos de recuperación de los fondos.

La respuesta de la comunidad internacional

Los gobiernos de diversas potencias han respondido mediante el endurecimiento de las sanciones contra entidades y personas sospechosas de facilitar estas operaciones informáticas. La cooperación entre agencias de inteligencia y empresas privadas de ciberseguridad se ha vuelto una prioridad para identificar los patrones de comportamiento de los grupos de hackeo.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos y organismos similares en Asia y Europa emiten alertas periódicas sobre las billeteras vinculadas a Pionyang. Estas listas negras buscan prevenir que los activos robados ingresen nuevamente al sistema financiero legal. La efectividad de estas medidas depende de la adopción global de estándares de supervisión que aún presentan disparidades entre distintas jurisdicciones.

Las empresas de criptomonedas están implementando sistemas de monitoreo en tiempo real que permiten detectar transferencias sospechosas antes de que los fondos sean retirados. La integración de inteligencia artificial en la vigilancia de las redes es una de las respuestas técnicas más extendidas para contrarrestar la velocidad de los ciberataques.

Implicaciones para la seguridad global y regional

La capacidad de Corea del Norte para generar ingresos a través del ciberespacio altera el impacto de las sanciones económicas tradicionales. El acceso a estos recursos permite la continuidad de proyectos estratégicos que de otro modo estarían limitados por el aislamiento comercial. Este factor introduce una variable adicional en las negociaciones diplomáticas y en la estabilidad de la península coreana.

La interconexión de los mercados digitales significa que una brecha en una plataforma específica puede tener repercusiones en la confianza de todo el sector. La recurrencia de estos incidentes subraya la necesidad de establecer marcos regulatorios que exijan niveles mínimos de protección técnica para los proveedores de servicios de activos virtuales.

El panorama de la ciberseguridad en 2025 se define por un enfrentamiento constante entre la innovación tecnológica y la explotación de debilidades sistémicas. El seguimiento de los flujos financieros digitales se mantiene como una herramienta fundamental para entender y limitar el alcance de las actividades informáticas patrocinadas por estados.

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Colaborador en ReporteAsia.