En la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que se está llevando a cabo hasta el 12 de mayo, una escultura pequeña, pero profundamente simbólica, captó la atención del público desde su inauguración el 25 de abril. Se trata de la “Estatua de la Paz”, una réplica argentina de la original coreana instalada en 2011 frente a la embajada de Japón en Seúl, y que rinde homenaje a las llamadas “mujeres de consuelo”, víctimas de esclavitud sexual por parte del ejército imperial japonés durante la guerra de avance en Asia entre 1931 y 1945.
Conocidas también como “mujeres de confort”, estas víctimas fueron sometidas a uno de los sistemas de trata de personas más grandes y sistemáticos de la historia contemporánea. Se estima que entre 200.000 y 400.000 mujeres de Corea, China, Filipinas, Tailandia, Malasia, Vietnam, Indonesia, Países Bajos y otras regiones fueron esclavizadas sexualmente en burdeles militares. La mayoría eran adolescentes, secuestradas o engañadas con promesas laborales y luego forzadas a recibir hasta 80 soldados por día en condiciones inhumanas.
La escultura en la Feria representa a una niña coreana, vestida con un hanbok tradicional, de cabello corto y con un pájaro sobre el hombro, símbolo de paz. A su lado, una silla vacía invita al espectador a sentarse junto a ella y acompañar su reclamo de justicia. Esta versión, gestionada por la comunidad coreana en Argentina, había llegado al país en 2022 pero debió esperar dos años embalada hasta que fue posible su instalación en el stand 1705 de la Feria.
La llegada de esta obra a la Argentina es un hito: es la primera vez que una réplica oficial de la “Estatua de la Paz” se exhibe en Hispanoamérica. Su presencia no solo conmemora a las víctimas, sino que también interpela a las sociedades actuales sobre las formas de violencia sistemática que continúan padeciendo las mujeres, especialmente en contextos de guerra. La obra podrá visitarse hasta el cierre de la Feria, el 12 de mayo.
La lucha por el reconocimiento de las “mujeres de consuelo” comenzó públicamente en 1992, cuando algunas sobrevivientes en Corea del Sur rompieron el silencio y comenzaron a manifestarse todos los miércoles frente a la embajada de Japón en Seúl. Desde entonces, cada semana al mediodía, a la hora del almuerzo, un grupo de personas se reúne para mantener vivo el reclamo de justicia. La escultura original fue colocada en conmemoración de la protesta número mil de este movimiento.
Mujeres de consuelo: la esclavitud sexual del ejército japonés
Pero no solo en la Feria del Libro se ha hecho eco de este homenaje. El pasado 9 de abril, el barrio coreano de Flores, en la ciudad de Buenos Aires, amaneció con una instalación impactante: 60 réplicas pequeñas de la misma estatua fueron ubicadas en el pasaje Ruperto Godoy, zona gastronómica y cultural emblemática de la comunidad coreana. Las estatuas, algunas intervenidas artísticamente con sangre falsa, lágrimas o colores brillantes, representaron una conmovedora declaración contra el olvido.
Los comerciantes locales, lejos de removerlas, las colocaron en lugares más visibles. El gesto fue claro: estas mujeres también son sus abuelas, sus halmoni, como se las llama cariñosamente en coreano.
La instalación, sin embargo, no lleva firma ni acreditación oficial. La razón es política: el gobierno japonés ejerce presiones diplomáticas en diversos países para evitar que se instalen estos monumentos. En algunos casos ha logrado que se retiren o que se cancelen proyectos de memoria. No obstante, en la actualidad existen estatuas similares en más de 10 países, incluyendo Estados Unidos, Alemania, Italia e incluso Japón.
Durante su visita a Corea del Sur en 2014, el papa Francisco recibió a víctimas de este sistema en la catedral de Myeongdong. Les dio un lugar en primera fila y las abrazó una por una, en un acto que marcó un reconocimiento moral profundo. Uno de los momentos más significativos en la lucha de estas mujeres.
Diversos especialistas en memoria histórica y derechos humanos han destacado que estas estatuas no son simplemente obras artísticas: son dispositivos de memoria, espacios de resistencia y pedagogía. Nos invitan a reflexionar sobre la violencia sexual en contextos de conflicto, una problemática que sigue vigente.
El sistema de “mujeres de consuelo” fue una política deliberada del ejército imperial japonés. Documentos oficiales y testimonios de soldados y sobrevivientes han demostrado que fue una red de esclavitud sexual organizada, administrada y financiada por el Estado japonés. Las mujeres eran sometidas a controles médicos forzados, abortos, esterilizaciones y violencia física constante. Se calcula que el 90% de ellas no sobrevivió a la guerra.
Tras la guerra, las disculpas oficiales de Japón fueron tardías e incompletas. En 2015, un acuerdo con Corea del Sur incluyó una disculpa formal y un fondo de compensación, pero fue rechazado por muchas sobrevivientes que exigieron un reconocimiento legal, no solo moral.
Hoy, a décadas de los hechos, algunas de estas mujeres siguen vivas y reclamando justicia. Gracias a su coraje, el tema ha llegado a Naciones Unidas, a museos y documentales, y se ha convertido en un caso emblemático de violencia sexual en conflictos armados. La presencia de estas estatuas en Buenos Aires demuestra que la memoria no tiene fronteras.
Colaborador en ReporteAsia













