Un grupo de hackers norcoreanos vinculados al gobierno de Kim Jong-un ha logrado convertir al menos 300 millones de dólares de su histórico robo de criptomonedas en fondos irrecuperables, según confirmaron analistas de blockchain. La operación, que tuvo lugar hace dos semanas, implicó el desfalco de 1.500 millones de dólares en activos digitales de la plataforma de intercambio ByBit, convirtiéndose en el mayor atraco a criptoactivos registrado hasta la fecha.
El pasado 21 de febrero, hackers norcoreanos del grupo Lazarus, presuntamente operando bajo el mandato del régimen norcoreano, lograron infiltrar uno de los proveedores de ByBit y redirigir 401.000 tokens de Ethereum a sus propias billeteras digitales. La plataforma creyó que estaba transfiriendo los fondos a su dirección interna, pero en realidad estaba enviándolos a los ciberdelincuentes.
Desde entonces, ha sido un juego de gato y ratón entre las autoridades, las empresas de análisis de blockchain y los hackers, quienes trabajan casi las 24 horas del día para blanquear los activos robados. Tom Robinson, cofundador de la firma Elliptic, especializada en investigación de criptomonedas, sostiene que los hackers norcoreanos operan con un alto nivel de sofisticación. “Cada minuto cuenta para ellos, ya que intentan ocultar el rastro del dinero utilizando herramientas automatizadas y su vasta experiencia en este tipo de operaciones”, explica el experto.
El FBI y sus aliados han acusado en reiteradas ocasiones al régimen norcoreano de utilizar ataques informáticos para financiar su programa nuclear y militar. Desde 2017, el país ha perpetrado más de 58 ataques cibernéticos, acumulando más de 3.000 millones de dólares en criptomonedas robadas. En 2022, el grupo Lazarus estuvo detras del ciberataque a Ronin Bridge, donde lograron sustraer 600 millones de dólares, y también se les atribuye la sustracción de 275 millones de dólares de la plataforma KuCoin en 2020.
Los expertos en ciberseguridad advierten que el hermetismo de Corea del Norte les permite operar sin preocuparse por sanciones o el impacto reputacional. “Es un sistema económico cerrado donde han logrado construir una industria de hacking altamente eficiente. No les importa la mala imagen que esto genere”, señala Dorit Dor, de la empresa de seguridad Check Point.
A pesar de la gravedad del ataque, ByBit ha asegurado que los fondos de sus clientes no fueron afectados, ya que la empresa logró reponer los activos robados a través de préstamos de inversores. Sin embargo, su CEO, Ben Zhou, ha declarado una “guerra abierta” contra el grupo Lazarus y ha lanzado el programa Lazarus Bounty para incentivar la identificación y recuperación de los fondos robados.
El sistema de recompensas ya ha repartido más de 4 millones de dólares a 20 personas que ayudaron a rastrear y bloquear 40 millones de dólares de los fondos sustraídos. A pesar de estos esfuerzos, se estima que más del 20% de los activos robados han “desaparecido” en billeteras digitales, lo que dificulta su recuperación.
La ruta del lavado de criptomonedas
Los hackers utilizan diversas técnicas para blanquear los activos y convertirlos en dinero utilizable. Después de sustraer los fondos de ByBit, los ciberdelincuentes recurrieron a exchanges descentralizados y puentes de cadenas cruzadas para convertir parte del Ethereum robado en Bitcoin. Estos mecanismos permiten ocultar el rastro del dinero y hacerlo más difícil de rastrear para los investigadores.
Según TRM Labs, una firma de análisis de blockchain, los delincuentes han movido los fondos a través de múltiples billeteras digitales, dificultando a las autoridades su rastreo. Aunque algunas plataformas de intercambio han colaborado para congelar las transacciones sospechosas, no todas han mostrado la misma disposición. ByBit ha acusado a la plataforma eXch de no detener la conversión de fondos robados, permitiendo que al menos 90 millones de dólares fueran convertidos en dinero real.
Los constantes ataques de hackers norcoreanos han encendido las alarmas en el gobierno de Estados Unidos, que busca fortalecer la seguridad del ecosistema cripto. Actualmente, el FBI trabaja junto a empresas de ciberseguridad para rastrear los fondos robados y prevenir futuros ataques.
Sin embargo, según expertos, la estrategia a largo plazo debería centrarse en mejorar la colaboración entre los reguladores financieros, las plataformas de intercambio y las firmas de análisis de blockchain para detectar transacciones sospechosas antes de que los fondos sean lavados por completo.
Mientras Corea del Norte continúe utilizando sus capacidades cibernéticas para evadir sanciones y financiar su régimen, la seguridad de los criptoactivos seguirá siendo un desafío global. La industria de las criptomonedas debe reforzar sus mecanismos de protección, y los gobiernos deben actuar con rapidez para evitar que estos robos multimillonarios se conviertan en una fuente constante de financiamiento para actividades ilícitas.













