Una investigación reciente sobre vitamina D y dolor, realizada en Egipto entre 2024 y 2025, sugiere que las mujeres con deficiencia de esta vitamina enfrentan una recuperación más dolorosa tras la cirugía de cáncer de mama, además de requerir dosis más altas de analgésicos opioides.
Déficit silencioso, impacto amplio
La relación entre vitamina D y dolor posquirúrgico se ha convertido en un tema de creciente atención científica. El hallazgo más reciente proviene de un equipo del Hospital Universitario de Fayoum, en Egipto, que examinó cómo los niveles de esta vitamina influyen en la recuperación de mujeres sometidas a mastectomía radical. Entre septiembre de 2024 y abril de 2025, el grupo evaluó a 184 pacientes con cáncer de mama, dividiéndolas según sus niveles séricos de vitamina D: inferiores o superiores a 30 nmol/L. Los resultados, publicados en Regional Anesthesia & Pain Medicine, mostraron diferencias notables en el dolor postoperatorio y el consumo de analgésicos.
¿Qué halló exactamente el estudio?
Las pacientes con déficit de vitamina D experimentaron, en promedio, tres veces más episodios de dolor moderado a severo durante las primeras 24 horas tras la cirugía. Aunque ninguna reportó niveles de dolor superiores a 7 en la escala de 0 a 10, la tendencia hacia el rango intermedio (4 a 6) fue significativa. Este grupo también requirió más fentanilo durante la intervención (8 μg adicionales en promedio) y, sobre todo, más tramadol en el periodo de recuperación: 112 mg más que las pacientes con niveles adecuados.
El protocolo postoperatorio en ambos grupos fue idéntico: paracetamol intravenoso cada ocho horas y acceso a dosis autoadministradas de tramadol, limitadas a 50 mg por hora. La diferencia en el consumo, por tanto, no se debió a factores externos, sino aparentemente a la respuesta fisiológica al dolor. También se observó mayor incidencia de náuseas y vómitos entre las mujeres con deficiencia, aunque estas diferencias no alcanzaron significación estadística.
¿Por qué podría existir una conexión entre la vitamina D y el dolor?
La vitamina D es conocida principalmente por su papel en la salud ósea y en la regulación del calcio. Sin embargo, en las últimas dos décadas, investigaciones han revelado su influencia en múltiples procesos neuromusculares e inmunológicos. Su efecto sobre el dolor podría estar mediado por mecanismos antiinflamatorios y su modulación del sistema inmune, elementos determinantes en la percepción nociceptiva.
Científicos del Instituto Karolinska de Suecia ya habían señalado en 2018 que personas con deficiencia crónica de vitamina D presentaban una mayor sensibilidad al dolor y requerían más analgésicos tras cirugías ortopédicas. Otros trabajos, como los publicados por la Universidad de Pensilvania en 2021, confirmaron un patrón similar en pacientes quirúrgicos de mediana edad. Lo novedoso ahora es que esta conexión se confirma también en el contexto del cáncer de mama, una enfermedad en la que la deficiencia de vitamina D es particularmente frecuente.
La vitamina D en pacientes oncológicos
Distintos estudios epidemiológicos estiman que hasta el 70% de las mujeres con cáncer de mama presentan insuficiencia de vitamina D en el momento del diagnóstico. Factores como la quimioterapia, la edad, la obesidad y la menor exposición solar contribuyen a esta carencia. En países con altas tasas de radiación ultravioleta —como Egipto o Brasil— el fenómeno persiste, señalando que el problema no depende solo de la latitud sino también del estilo de vida.
Entre los posibles efectos clínicos, se incluyen una respuesta más lenta a la cirugía y a los tratamientos complementarios, así como una mayor fatiga. No obstante, la investigación sobre vitamina D y dolor añade una nueva dimensión: la posibilidad de modular el dolor postoperatorio mediante ajustes nutricionales previos a la cirugía.
Limitaciones metodológicas y precauciones
El estudio egipcio fue de tipo observacional y realizado en un único centro médico, lo que impide establecer causalidad. Los investigadores reconocen que no se analizaron otros factores que podrían influir en la percepción del dolor, como el estadio del cáncer, la presencia de depresión o el uso previo de opioides. Tampoco se midieron marcadores inflamatorios, que serían clave para confirmar la hipótesis fisiológica. Por lo tanto, los resultados deben interpretarse con prudencia, aunque contribuyen a un cuerpo de evidencia que sigue creciendo.
Expertos consultados por revistas especializadas coinciden en que la suplementación preventiva de vitamina D podría ser incorporada en protocolos preoperatorios, pero solo tras evaluaciones individuales. Aumentar indiscriminadamente las dosis podría generar hipervitaminosis, con consecuencias como hipercalcemia o disfunción renal.
¿Cómo se mide la deficiencia de vitamina D?
La concentración sérica de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D] es el principal marcador clínico. Los organismos de salud suelen considerar niveles por debajo de 30 nmol/L como déficit, aunque las guías pueden variar. En gran parte de América Latina, la media poblacional ronda los 45 nmol/L, con diferencias significativas según la región. Se estima que cerca del 40% de los adultos presenta niveles insuficientes, una cifra que aumenta en los meses de invierno.
Las causas de esta deficiencia son multifactoriales: menor exposición solar, dietas pobres en pescado azul o lácteos fortificados y ciertas enfermedades renales o hepáticas que afectan el metabolismo de la vitamina. En pacientes oncológicos, la situación se agrava por los tratamientos que alteran la absorción intestinal y reducen la producción cutánea.
Evidencia histórica: de los huesos al sistema inmune
La relación entre la vitamina D y la salud humana ha evolucionado notablemente desde principios del siglo XX. En los años 1920, se identificó su rol esencial en la prevención del raquitismo infantil. Luego, hacia finales del siglo XX, el interés científico se amplió hacia su influencia en procesos autoinmunes, cardiovasculares y neurológicos. Actualmente, se la considera una hormona esteroidea con efectos sistémicos.
Un metaanálisis de 2023 del British Medical Journal evaluó 81 estudios y concluyó que niveles adecuados de vitamina D se asocian con menor riesgo de hospitalizaciones y complicaciones postoperatorias. Aunque los resultados son heterogéneos, marcan una tendencia hacia su relevancia clínica más allá de los huesos.
¿Qué implican estos hallazgos para la práctica médica?
La relación observada entre vitamina D y dolor abre la puerta a estrategias más personalizadas de manejo postoperatorio. En oncología quirúrgica, donde los protocolos son altamente estandarizados, introducir mediciones preoperatorias de vitamina D podría ofrecer una herramienta sencilla para optimizar la analgesia. Algunos hospitales de países nórdicos ya incluyen esta prueba en la evaluación prequirúrgica.
Además, reducir el consumo de opioides es una meta prioritaria en salud pública. En Estados Unidos, el 21% de los pacientes oncológicos tratados con opioides desarrolla algún grado de dependencia. Si corregir la deficiencia de vitamina D permite disminuir la necesidad de estos medicamentos, el beneficio trasciende al bienestar individual y se extiende a un impacto sanitario más amplio.
El papel de la nutrición y la política sanitaria
La Organización Mundial de la Salud ha destacado la deficiencia de vitamina D como un problema global, especialmente entre mujeres adultas y ancianas. Más de mil millones de personas presentarían niveles inferiores a los recomendados. Sin embargo, las políticas públicas relativas a su fortificación alimentaria siguen siendo desiguales. En América Latina, solo Chile y Costa Rica aplican programas nacionales de fortificación de lácteos y aceites comestibles.
Integrar esta perspectiva con las evidencias sobre el dolor postoperatorio podría impulsar nuevas guías clínicas. Una eventual recomendación de suplementación prequirúrgica debería acompañarse de protocolos de monitoreo y de educación al personal de salud.
Una línea de investigación con proyección
El equipo egipcio planea ampliar su trabajo mediante un ensayo clínico aleatorizado que incluirá a más de 400 mujeres. Su objetivo será determinar si la suplementación previa a la cirugía reduce de manera consistente los niveles de dolor y la necesidad de opioides. Si los resultados confirman esta hipótesis, la evaluación del perfil vitamínico podría convertirse en un estándar previo a procedimientos quirúrgicos oncológicos.
En paralelo, centros de investigación europeos y latinoamericanos —como el Instituto Nacional de Cáncer de Brasil y el Hospital Clínic de Barcelona— han anunciado estudios similares que buscarán adaptar los hallazgos a diferentes contextos socioeconómicos y dietéticos.
Hacia un nuevo enfoque del manejo del dolor
La investigación sobre vitamina D y dolor aporta una visión más integradora del manejo clínico. Entender que el dolor no solo depende de intervenciones farmacológicas sino también del estado nutricional y metabólico del paciente redefine las estrategias anestésicas y rehabilitadoras. En un contexto donde el exceso de opioides plantea riesgos sociomédicos, explorar alternativas preventivas se vuelve una prioridad global.
Este avance científico sugiere que un análisis tan simple como una medición de vitamina D podría tener repercusiones sustanciales en el bienestar postoperatorio. Más allá de confirmar una correlación, la evidencia apunta a un principio más amplio: el equilibrio nutricional como parte fundamental de la medicina de precisión contemporánea.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.
