Un equipo de investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) identificó y logró eliminar las llamadas células zombis del hígado de ratones, revirtiendo el daño causado por una dieta alta en grasas y colesterol. El hallazgo, publicado en Nature Aging en 2026, marca un avance en la comprensión de cómo el envejecimiento celular y la inflamación crónica interactúan en enfermedades metabólicas y hepáticas.
La senescencia celular y el origen del problema
El término células zombis se refiere a aquellas células senescentes que, tras sufrir estrés o daño, dejan de dividirse pero no mueren. En cambio, permanecen activas liberando señales inflamatorias que perjudican a su entorno. Este proceso, conocido como senescencia celular, ha sido objeto de estudio durante más de dos décadas, especialmente por su papel en el envejecimiento y en enfermedades degenerativas. Según los autores del estudio de UCLA, una pequeña cantidad de estas células puede alterar gravemente la función de un órgano, al igual que un coche averiado en una autopista genera un gran atasco a pesar de ser solo uno entre miles.
Hasta hace poco, la comunidad científica no había podido establecer con certeza si las células inmunes conocidas como macrófagos podían volverse senescentes. Estas células, responsables de eliminar restos biológicos y defender al organismo, ya presentan de por sí rasgos moleculares similares a la senescencia, lo que dificultaba su identificación. El equipo liderado por Anthony Covarrubias encontró una firma molecular compuesta por dos proteínas —p21 y TREM2— que distingue con precisión a los macrófagos disfuncionales que contribuyen a la inflamación hepática.
En ratones jóvenes, solo un 5% de los macrófagos hepáticos presentaban ese marcador doble, pero en ejemplares mayores la cifra ascendía hasta un 80%, correlacionándose con el aumento sostenido de la inflamación crónica. Este incremento no solo se debe al paso del tiempo, sino también a factores metabólicos y dietarios identificados por los investigadores.
¿Cómo el colesterol activa a las células zombis del hígado?
El estudio reveló que niveles elevados de colesterol LDL pueden inducir la transformación de los macrófagos saludables en células senescentes. En laboratorio, la exposición de estas células a concentraciones altas de colesterol bloqueó su capacidad de división y estimuló la producción de proteínas inflamatorias. «En condiciones normales los macrófagos metabolizan el colesterol sin problemas, pero cuando la exposición es crónica, el sistema se colapsa», explicó Iván Salladay-Pérez, primer autor del trabajo. Este mecanismo explica por qué la enfermedad del hígado graso asociada a dietas hiperlipídicas se convierte en un terreno fértil para la acumulación de células zombis.
La implicación de este hallazgo es amplia. Sugiere que otras patologías vinculadas al exceso de colesterol —como la aterosclerosis, el Alzheimer o la inflamación del tejido adiposo— podrían compartir un origen común: la senescencia de los macrófagos. Esto respalda la hipótesis geroscientífica que plantea que un conjunto limitado de procesos biológicos, al deteriorarse, desencadena múltiples enfermedades crónicas.
Eliminación de las células zombis: un experimento con efectos visibles
Para comprobar si la eliminación selectiva de las células zombis podría revertir el daño, los científicos trataron a ratones con ABT-263, una molécula senolítica diseñada para destruir células senescentes. Los resultados fueron claros: los animales alimentados con una dieta rica en grasa y colesterol experimentaron una reducción del tamaño hepático del 7% a aproximadamente el 4,5% de su peso corporal, y una caída del 25% en el peso total. Además, sus hígados recuperaron un color rojo saludable, en contraste con el tono amarillento de los especímenes no tratados.
Lo más llamativo es que los efectos ocurrieron sin modificar la dieta de los ratones, lo que demuestra que la eliminación de las células disfuncionales bastó para restaurar parcialmente la función hepática. Aunque el ABT-263 no es apto para uso humano debido a su toxicidad, el estudio abre la puerta a una nueva clase de fármacos que apunten a la senescencia celular de manera más segura y específica.
¿Qué impacto tiene este hallazgo en la enfermedad hepática humana?
Los investigadores analizaron bases de datos genómicas de biopsias en humanos y hallaron que los mismos marcadores de senescencia (p21 y TREM2) estaban significativamente más presentes en los pacientes con hígado graso y fibrosis que en aquellos con tejido sano. Este paralelismo sugiere que la acumulación de macrófagos senescentes podría tener un papel causal también en la enfermedad hepática humana.
En Los Ángeles, se estima que entre el 30% y el 40% de la población adulta padece algún grado de enfermedad del hígado graso no alcohólico. En comunidades latinas, los índices son todavía más altos, impulsados por cambios dietarios, estrés metabólico y falta de acceso a prevención. Los tratamientos actuales se limitan a dietas, control metabólico y vigilancia médica, sin una terapia que detenga o revierta el deterioro tisular. Este descubrimiento ofrece una posible vía para cambiar ese paradigma.
Desde una perspectiva epidemiológica, el aumento de la obesidad y la resistencia a la insulina en las últimas décadas ha convertido a la enfermedad del hígado graso en una de las principales causas de trasplante hepático en el hemisferio occidental. Según datos del Global Burden of Disease Study, en 2025 se registraron más de 830.000 muertes atribuidas a enfermedades hepáticas crónicas, muchas de ellas asociadas al síndrome metabólico. En este contexto, desentrañar el papel de las células zombis adquiere relevancia de salud pública global.
¿Por qué la senescencia se asocia al envejecimiento y las enfermedades degenerativas?
A medida que los organismos envejecen, los mecanismos de reparación celular se vuelven menos eficientes. Las células que sufren daños en su ADN o estrés oxidativo optan por la senescencia como forma de evitar la proliferación descontrolada que podría derivar en cáncer. Sin embargo, su permanencia dentro de los tejidos genera una inflamación de bajo grado conocida como «inflammaging». Este estado favorece la aparición de enfermedades crónicas como la artritis, el Alzheimer y la fibrosis hepática.
Los estudios sobre senolíticos —fármacos capaces de eliminar estas células— han cobrado impulso en los últimos años. Laboratorios en Estados Unidos, Europa y Asia exploran compuestos derivados de flavonoides naturales, como la quercetina, o de medicamentos ya existentes, con el fin de reducir la toxicidad observada en moléculas como ABT-263. Paralelamente, empresas de biotecnología investigan terapias génicas o inmunológicas que permitan al propio sistema inmune reconocer y destruir células envejecidas sin afectar tejidos sanos.
Nuevas direcciones: más allá del hígado
El equipo de UCLA planea extender su investigación a otros tejidos. En el cerebro, las microglías —macrófagos residentes del sistema nervioso central— también parecen desarrollar características senescentes en enfermedades neurodegenerativas. Comprender si los mismos mecanismos observados en el hígado se repiten en el cerebro podría ofrecer puntos de convergencia en patologías como el Alzheimer, donde la inflamación y la disfunción inmune son protagonistas. «Si entendemos qué provoca la senescencia de los macrófagos, podríamos abordar múltiples enfermedades desde una raíz común», señala Covarrubias.
El concepto de una medicina basada en procesos compartidos del envejecimiento está ganando impulso. Instituciones como el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos y la Glenn Foundation for Medical Research han aumentado sus inversiones en gerociencia, buscando terapias que no traten enfermedades de manera aislada, sino los mecanismos biológicos que las generan.
Retos de traducción clínica y consideraciones éticas
A pesar de los avances, la aplicación en humanos enfrenta obstáculos. Los senolíticos presentan riesgos de toxicidad y efectos secundarios desconocidos a largo plazo. Además, no todas las células senescentes son dañinas: algunas cumplen funciones beneficiosas en la cicatrización y la regeneración. Por ello, los científicos abogan por un enfoque específico que elimine solo las células verdaderamente patológicas.
Por otra parte, la posibilidad de tratamientos rejuvenecedores plantea dilemas éticos y de equidad. El acceso desigual a terapias antienvejecimiento podría profundizar brechas sanitarias entre poblaciones. Los especialistas insisten en la necesidad de políticas de regulación y distribución justa antes de que estas estrategias alcancen el mercado.
Una mirada al futuro: restaurar tejidos mediante control de la senescencia
El descubrimiento de las células zombis en el hígado y su eliminación exitosa en modelos animales representa un paso decisivo hacia la medicina regenerativa del siglo XXI. Si los investigadores logran desarrollar compuestos seguros para uso humano, podrían surgir tratamientos que no solo detengan el daño hepático sino que también restauren la función de órganos envejecidos o afectados por enfermedades crónicas.
El trabajo de UCLA demuestra que revertir los efectos del tiempo sobre los tejidos no pertenece al terreno de la ficción, sino al de la biología experimental. En los próximos años, el desafío consistirá en desarrollar terapias selectivas capaces de distinguir, con la precisión de un bisturí molecular, entre el envejecimiento natural y el patológico. La comprensión de cómo y por qué surgen las células zombis podría marcar una nueva frontera para la medicina preventiva y regenerativa.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.

