Poliaminas y cáncer: el dilema entre longevidad y proliferación celular

Un nuevo estudio de la Universidad de Ciencia de Tokio revela que las poliaminas, compuestos conocidos por su potencial efecto antienvejecimiento, pueden también actuar como combustibles para el desarrollo tumoral. La investigación, publicada en el *Journal of Biological Chemistry*, explica cómo una molécula presente en todas las células vivas puede contribuir tanto a la salud celular como a la proliferación de cáncer.

Un compuesto en el centro de dos procesos opuestos

Durante décadas, la ciencia ha estudiado las poliaminas como parte esencial de los procesos biológicos básicos. Son moléculas producidas de forma natural por todas las células vivas, involucradas en la regulación del crecimiento, la diferenciación y la supervivencia celular. Entre ellas, la espermidina ha ganado especial atención por su relación con la longevidad, gracias a su capacidad de estimular la autofagia, un mecanismo de limpieza celular vinculado con el envejecimiento saludable.

Sin embargo, en diversos tipos de cáncer también se han detectado concentraciones elevadas de poliaminas. Este hallazgo, que en principio parecía contradictorio, ha sido objeto de investigación desde hace casi medio siglo. La pregunta es directa: ¿cómo puede una sustancia que promueve la salud celular estar igualmente asociada con la multiplicación descontrolada de células malignas?

¿Qué relación existe entre poliaminas y metabolismo del cáncer?

La investigación reciente encabezada por el profesor asociado Kyohei Higashi, de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Ciencia de Tokio, ofrece nuevas respuestas. El equipo examinó cómo las poliaminas afectan la producción de proteínas y el metabolismo dentro de líneas celulares humanas de cáncer. Los resultados, obtenidos mediante técnicas de proteómica de alta resolución, mostraron que estos compuestos inducen un aumento pronunciado de la glucólisis aerobia, un tipo de metabolismo característico de las células cancerosas.

A diferencia de las células sanas, que generan energía principalmente a través de la respiración mitocondrial, las células tumorales dependen de la glucólisis incluso cuando hay oxígeno disponible, un fenómeno conocido como efecto Warburg. Las poliaminas parecen potenciar este proceso, reforzando la maquinaria metabólica necesaria para la rápida proliferación de tumores.

La dualidad de las proteínas eIF5A1 y eIF5A2

El estudio profundiza además en una dupla de proteínas claves: eIF5A1 y eIF5A2. Ambas están relacionadas con la traducción de proteínas y comparten más del 80 % de su secuencia de aminoácidos. No obstante, su comportamiento difiere radicalmente. En células normales, eIF5A1 actúa como mediadora de los efectos benéficos de las poliaminas, promoviendo la activación mitocondrial y la autofagia. En cambio, eIF5A2, cuya síntesis aumenta en presencia de altas concentraciones de poliaminas, está estrechamente ligada a la proliferación de células cancerosas.

De acuerdo con Higashi, “en tejidos normales, las poliaminas activan eIF5A1, lo que promueve la función mitocondrial. En células tumorales, en cambio, incrementan la producción de eIF5A2, que controla la expresión genética a nivel de traducción y estimula la división celular masiva”.

Un hallazgo molecular clave: el papel del microARN miR-6514-5p

El equipo japonés también descubrió un componente regulador en esta cascada molecular. En condiciones fisiológicas, la producción de eIF5A2 es controlada por un pequeño ARN regulador, miR-6514-5p, que actúa como freno natural. Las poliaminas interfieren en este mecanismo, reduciendo la acción de ese microARN y permitiendo una sobreexpresión de eIF5A2. Este desbalance conduce a un perfil proteico diferente dentro de la célula tumoral, reforzando circuitos de crecimiento descontrolado.

Mediante el análisis de más de 6.700 proteínas, el estudio detectó que las poliaminas aumentan los niveles de cinco proteínas ribosomales –entre ellas RPS27A, RPL36AL y RPL22L1– asociadas a la agresividad de distintos tipos de cáncer, como colorrectal, hepático y pancreático.

¿Cómo se descubrieron las poliaminas y su vínculo con el envejecimiento?

Las poliaminas fueron identificadas por primera vez en el siglo XVII, cuando el microscopista Anton van Leeuwenhoek observó cristales en muestras biológicas humanas. Aunque no podía saberlo, estaba frente a un grupo de moléculas que siglos después serían consideradas esenciales para la vida celular. En la década de 1970, los bioquímicos reconocieron su papel en el metabolismo y replicación del ADN.

El interés médico por la espermidina y otras poliaminas resurgió en el siglo XXI, cuando diversos estudios en modelos animales mostraron que incrementar su consumo en la dieta podía prolongar la vida útil y mejorar la función cardiovascular, neurológica y hepática. En 2018, un ensayo llevado a cabo por el Instituto Max Planck de Biología del Envejecimiento informó que la suplementación con espermidina prolongó la longevidad de ratones hasta un 10 % en condiciones de laboratorio.

A partir de ahí, el mercado nutracéutico incorporó el término “compuestos geroprotectores”, presentándolos como posibles aliados contra el envejecimiento celular. Sin embargo, la reciente evidencia científica sugiere que el contexto biológico es determinante: los mismos compuestos que benefician a las células sanas pueden representar un riesgo en presencia de tejidos predispuestos al cáncer.

¿Por qué la misma molécula puede fomentar la salud y el cáncer?

Los investigadores señalan que el efecto depende del entorno y de las rutas metabólicas activadas. En células saludables, las poliaminas apoyan la reparación mitocondrial, facilitando la eliminación de desechos moleculares mediante la autofagia. Esta función es fundamental para prevenir la acumulación de daños asociados a la edad. En tejidos malignos, las poliaminas se reorientan para impulsar vías que favorecen la división rápida y el escape de los controles celulares.

El contraste refleja un principio recurrente en biología: la misma herramienta molecular puede actuar de manera opuesta según el contexto. En este caso, eIF5A1 y eIF5A2 son las llaves que determinan hacia qué dirección se inclina el equilibrio: mantenimiento celular o proliferación patológica.

Implicaciones para terapias oncológicas y suplementos antienvejecimiento

La identificación de eIF5A2 como mediador prioritario en la proliferación tumoral abre una puerta para el desarrollo de terapias específicas. Bloquear su interacción con los ribosomas podría frenar el crecimiento de los tumores sin alterar la función de eIF5A1, preservando potencialmente los beneficios antienvejecimiento asociados.

La investigación plantea también la necesidad de reevaluar los suplementos que contienen poliaminas, disponibles en varios países como productos de consumo. Aunque los ensayos en humanos aún son limitados, los expertos advierten que su uso sin supervisión médica podría resultar contraproducente en personas con factores de riesgo oncológico.

En declaraciones recogidas por medios científicos japoneses, Higashi destacó: “Nuestro trabajo demuestra que las poliaminas son moduladores de doble filo. Por tanto, los efectos dependen del tipo de tejido y de las rutas de señalización activadas”.

Tendencias globales y el futuro de la investigación

El estudio japonés se integra en una tendencia global de análisis sobre metabolismo tumoral y envejecimiento. En la última década, universidades y centros de investigación en Europa, China y Estados Unidos han impulsado más de 200 publicaciones científicas relacionadas con las poliaminas y su papel en el cáncer. Parte de esas investigaciones está enfocada en identificar marcadores moleculares que permitan diferenciar cuándo su presencia es protectora y cuándo es potencialmente dañina.

La tecnología de proteómica y secuenciación de próxima generación promete ampliar este campo, generando mapas moleculares de alta precisión sobre cómo las poliaminas interactúan con distintos tipos de tejidos. Estos avances podrían dar lugar a terapias dirigidas que modulen su acción en función del estado fisiológico o patológico de cada paciente.

Dentro del ámbito clínico, las compañías farmacéuticas han comenzado a explorar inhibidores específicos para la ruta eIF5A2-ribosoma. Si se logra desarrollar una molécula capaz de limitar selectivamente este proceso, se abriría una nueva vía para el tratamiento de tumores dependientes de poliaminas, especialmente aquellos de crecimiento rápido.

Un árbol genealógico molecular con múltiples ramas

Más allá del cáncer, las poliaminas desempeñan funciones en la regulación inmune, la proliferación de fibroblastos y la formación sináptica en el cerebro. En estudios con moscas de la fruta y nematodos, su manipulación ha alterado significativamente la esperanza de vida, lo que confirma su papel central en la biología del envejecimiento. Sin embargo, trasladar estos resultados al ser humano es un desafío complejo.

Los expertos coinciden en que será necesario establecer umbrales de seguridad y protocolos de seguimiento antes de continuar promoviendo suplementos o terapias basadas en poliaminas. Hoy, varias agencias regulatorias, incluidas la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), monitorean la literatura científica para evaluar su posible impacto sanitario.

Una frontera entre salud y riesgo

El hallazgo de Higashi y su equipo marca un punto de inflexión en la comprensión de uno de los compuestos biológicos más antiguos y fascinantes del organismo. Las poliaminas, otrora promesas del envejecimiento saludable, emergen también como piezas clave en el rompecabezas del cáncer. En este delicado equilibrio, el futuro de la investigación biológica deberá centrarse en diseñar estrategias que permitan conservar sus propiedades beneficiosas sin estimular los mecanismos que favorecen la enfermedad.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.