Estados Unidos en riesgo de perder su estatus de eliminación del sarampión

Estados Unidos enfrenta en 2025 un retroceso sanitario: el país podría perder su estatus de eliminación del sarampión, logrado en el año 2000, tras un aumento sostenido de casos desde 2024. Autoridades sanitarias advierten que el descenso en la tasa de vacunación por debajo del 95% ha debilitado la inmunidad colectiva necesaria para contener el virus.

Qué significa perder el estatus de eliminación del sarampión

El estatus de eliminación del sarampión se otorga a los países que han interrumpido la transmisión interna del virus durante al menos 12 meses consecutivos. Estados Unidos alcanzó ese reconocimiento en el año 2000, después de décadas de campañas de vacunación a gran escala impulsadas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Mantenerlo no implica que no existan casos, sino que los brotes son limitados, controlables y no muestran una transmisión sostenida. Pero esa estabilidad se encuentra en riesgo, ya que los brotes registrados desde enero de 2025 mantienen una transmisión activa en varios estados.

Por qué aumentan los casos y qué papel juega la vacunación

El repunte de casos en Estados Unidos ha sido acelerado. En 2024, el país reportó 285 infecciones confirmadas, según el CDC. Un año más tarde, la cifra se incrementó a 2,280. Y para febrero de 2026, ya se habían registrado 910 casos adicionales. Las autoridades sanitarias atribuyen esta tendencia a un factor principal: la caída de las tasas de vacunación infantil y adolescente.

De acuerdo con un estudio realizado entre 2023 y 2024 a más de 20,000 padres, solo el 64% de los niños en edad escolar contaban con el esquema completo de la vacuna triple viral (MMR), muy por debajo del 95% necesario para una inmunidad colectiva sólida. Investigadores de la Universidad Johns Hopkins han advertido que una cobertura inferior al 90% favorece la propagación del virus incluso ante pequeños brotes, situación que ya se observa en estados como Texas, Florida y Nueva York.

La Organización Panamericana de la Salud emitió en febrero de 2026 una alerta epidemiológica [enlace externo] instando a fortalecer la vigilancia y acelerar las campañas de vacunación en todo el continente americano, ante la reaparición del sarampión en regiones donde se consideraba erradicado.

¿Qué riesgos implica la pérdida del estatus para la salud pública?

Perder el estatus de eliminación del sarampión tendría implicaciones más allá de una cuestión técnica. Según Aaron Glatt, jefe de enfermedades infecciosas del Hospital Mount Sinai South Nassau, sería “un testimonio preocupante de la actitud actual hacia la salud pública”. Glatt recordó que el sarampión es una enfermedad altamente contagiosa: un solo caso puede causar entre 12 y 18 contagios secundarios en poblaciones no inmunizadas.

El virus puede provocar complicaciones graves, incluidas neumonía, encefalitis y, en casos severos, la muerte. En los países con coberturas vacunales elevadas, la mortalidad es baja, pero los costos asociados a la respuesta ante brotes —hospitalizaciones, seguimiento de contactos y campañas de refuerzo— pueden ascender a millones de dólares.

Además, un descenso en la confianza pública hacia las vacunas puede extenderse a otras inmunizaciones esenciales, como las de poliomielitis o difteria, generando un efecto en cadena sobre la salud colectiva.

Cómo se mantiene la eliminación del sarampión

Para conservar la eliminación, un país debe sostener niveles de vacunación superiores al 95% con las dos dosis del esquema MMR. Esta inmunidad colectiva protege no solo a quienes están vacunados, sino también a personas con sistemas inmunológicos debilitados y a bebés menores de 12 meses, que aún no pueden recibir la primera dosis.

Los expertos explican que el concepto de inmunidad de grupo o “herd immunity” funciona como una barrera poblacional: al tener a la mayoría inmunizada, el virus no logra propagarse. Si esa proporción desciende, el virus halla nuevamente rutas de transmisión. El equipo del Instituto Johns Hopkins considera que mantener la cobertura por encima del 95% resulta crítico, pues entre 90% y 94% ya se observan vulnerabilidades que facilitan brotes prolongados.

El CDC y las agencias estatales de salud pública continúan monitoreando la circulación del virus mediante un sistema de vigilancia molecular, que permite rastrear los linajes genéticos y determinar si los casos son importados o representan transmisión comunitaria. Si esta última se mantiene más de doce meses, el país perderá oficialmente su estatus de eliminación.

¿Por qué se redujeron las tasas de vacunación?

Los especialistas apuntan a una combinación de factores: la fatiga pandémica, la desinformación en redes sociales y el debilitamiento de los programas de salud pública local. Durante los años de la pandemia de COVID-19, el acceso a servicios pediátricos regulares disminuyó y muchas familias pospusieron las vacunas infantiles. A esto se añaden las campañas antivacunas difundidas en plataformas digitales, que han promovido temores infundados sobre los efectos adversos de la MMR.

Una encuesta publicada por la Fundación Kaiser Family Foundation en 2025 detectó que uno de cada cinco padres estadounidenses cree que las vacunas infantiles son “poco seguras”. Este descenso en la confianza dificulta la recuperación de las tasas de inmunización previas.

En algunos condados rurales y zonas urbanas de bajos ingresos, la falta de centros de vacunación también ha limitado el acceso. La OPS recomienda reforzar los programas comunitarios, con vacunación gratuita y campañas informativas coordinadas entre estados y municipios.

¿Necesitan los adultos una dosis de refuerzo contra el sarampión?

Según la Fundación Nacional para Enfermedades Infecciosas, la mayoría de los adultos vacunados mantiene una inmunidad estable y no requiere una dosis de refuerzo. Sin embargo, existen excepciones: quienes nacieron entre 1963 y 1968 podrían haber recibido una versión menos eficaz del biológico inicial, y quienes se vacunaron antes de 1989 quizá solo recibieron una dosis. En ambos casos, los médicos sugieren consultar los registros de vacunación o realizar una prueba serológica que confirme la presencia de anticuerpos protectores.

Scott Roberts, especialista en prevención de infecciones de Yale New Haven Health, enfatiza que quienes cuenten con dos dosis de MMR no corren riesgo significativo. No obstante, advierte que los adultos parcialmente inmunizados podrían desarrollar cuadros leves y transmitir el virus a personas vulnerables. “Es un compromiso colectivo; incluso si no enfermamos gravemente, podemos poner en peligro a otros”, señaló.

El acceso a la vacunación para adultos está cubierto por los seguros privados, Medicare y Medicaid. Quienes carezcan de cobertura pueden recibirla gratuitamente a través de los departamentos de salud locales o participar en programas especiales de alcance comunitario [enlace interno].

Antecedentes históricos del sarampión en Estados Unidos

Antes de la introducción de la vacuna en 1963, el sarampión causaba entre 400 y 500 muertes anuales y más de 48,000 hospitalizaciones. En la década de 1980, brotes recurrentes llevaron a reforzar las campañas hasta alcanzar coberturas de 95% en los años noventa, lo que permitió declarar la eliminación en 2000.

Sin embargo, los rebrotes de 2014 y 2019 ya habían puesto en evidencia el impacto de la desinformación. El brote vinculado a Disneyland en 2014, con más de 140 casos, sirvió de punto de inflexión para revisar las políticas de exención por motivos religiosos o personales en varios estados. La tendencia actual, según epidemiólogos, refleja un patrón similar pero a mayor escala, alimentado por dinámicas sociales y el auge de la desconfianza científica.

Qué ocurriría si se confirma la pérdida del estatus

La posible pérdida del estatus de eliminación del sarampión no implica automáticamente una emergencia sanitaria nacional, pero sí un revés simbólico y operativo. Estados Unidos debería presentar ante la OMS un plan de acción que describa cómo restaurará la interrupción de la transmisión, así como un informe técnico anual con cifras actualizadas. Además, podría enfrentarse a una reducción en la cooperación internacional y a cuestionamientos sobre la efectividad de sus políticas de vacunación.

Los expertos coinciden en que recuperar el estatus podría requerir varios años, dependiendo de la rapidez con la que se restablezca la cobertura vacunal. Revertir la tendencia actual implica no solo aumentar las dosis aplicadas sino también reconstruir la confianza pública mediante información clara, transparente y sostenida.

Perspectivas para 2026: desafíos y estrategias posibles

El CDC y los departamentos de salud estatales han iniciado campañas intensivas de refuerzo en escuelas y universidades, junto con estrategias de comunicación basadas en evidencia científica. En paralelo, las asociaciones médicas trabajan en la capacitación de profesionales para detectar casos tempranos y evitar contagios secundarios.

A nivel continental, la OPS impulsa un acuerdo entre países para fortalecer las cadenas de suministro de vacunas y mejorar la vigilancia regional. Estas acciones buscan impedir que el virus se reinstale de manera permanente en América, una región que logró la eliminación en su conjunto en 2016.

En última instancia, el futuro del estatus de eliminación del sarampión en Estados Unidos dependerá del compromiso colectivo. La protección contra enfermedades prevenibles no se logra únicamente con decisiones individuales sino con políticas públicas sostenidas, acceso equitativo y confianza en la ciencia. Si esos pilares se refuerzan, el país aún podría conservar la condición que alguna vez marcó su liderazgo en salud pública.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.