El presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, alcanzaron este jueves un acuerdo para establecer una tregua comercial de un año con el objetivo de reducir las tensiones que se habían intensificado por las nuevas restricciones de Pekín a las exportaciones de minerales raros, esenciales para la industria tecnológica mundial. La reunión se llevó a cabo en la ciudad surcoreana de Busan, en el marco de la visita de Xi a Corea del Sur para asistir a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico.
Tras el encuentro, Trump aseguró que el asunto de los minerales raros “ha quedado resuelto” y que “no existe ningún obstáculo” por parte de China. Además, anunció que Estados Unidos reducirá del veinte al diez por ciento el arancel impuesto a los productos chinos relacionados con el tráfico de fentanilo, en respuesta al compromiso de Pekín de intensificar los esfuerzos para frenar el envío de precursores químicos del opioide hacia territorio estadounidense. Según el mandatario, la medida tendrá efecto inmediato y reducirá el promedio de los aranceles estadounidenses sobre las importaciones chinas al cuarenta y siete por ciento.
Trump explicó que, como parte del acuerdo, China suspenderá durante un año la aplicación de sus recientes controles más estrictos sobre las exportaciones de minerales raros, elementos críticos y materiales magnéticos. En un mensaje posterior en su red social Truth Social, afirmó que China había aceptado “mantener el flujo abierto y libre de minerales esenciales”. El pacto supone un respiro para las industrias tecnológicas y de defensa, altamente dependientes de estos materiales que China domina a nivel global.
El alivio llega después de meses de fricciones. A comienzos de mes, Pekín había anunciado nuevas medidas para restringir la exportación de minerales estratégicos y ampliar la lista de productos sujetos a licencias a partir del ocho de noviembre. Ambas potencias habían aplicado aranceles recíprocos a principios de año, aunque en mayo acordaron una reducción temporal que ahora se prorroga por un año más, según confirmó el Ministerio de Comercio chino tras la cumbre.
Durante la conversación, que se prolongó por cien minutos y fue la primera entre ambos líderes desde 2019, Trump se mostró optimista y calificó el encuentro de “excelente” y “muy amistoso”. Dijo que había sido “una buena reunión para dos países grandes y poderosos” y destacó la importancia de mantener una relación constructiva. Agregó que China reanudará de inmediato la compra de grandes volúmenes de soja y otros productos agrícolas estadounidenses, interrumpidas desde el inicio de la guerra comercial.
Por su parte, Xi Jinping sostuvo que China y Estados Unidos “deben ser socios y amigos”, y subrayó que es normal que existan fricciones entre las dos principales economías del mundo. Afirmó que el desarrollo chino “va de la mano” con la visión de Trump de “hacer grande a América otra vez”, e insistió en la necesidad de evitar un ciclo de represalias que perjudique a ambos países.
El líder chino propuso mantener canales de comunicación abiertos en todos los niveles para fortalecer la confianza mutua, mientras que Trump lo invitó a realizar una visita oficial a Estados Unidos el próximo año. Según el presidente estadounidense, ambos abordaron también la guerra en Ucrania, aunque el tema de Taiwán no formó parte de la agenda.
El acuerdo en Busan representa un alivio temporal en una relación marcada por la competencia económica y estratégica. Aunque la tregua tiene un horizonte limitado, ofrece un respiro para los mercados internacionales y sienta las bases para una posible estabilización del vínculo entre Washington y Pekín en 2026.







