Este viernes, el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo ruso, Vladímir Putin, mantendrán su primera cumbre en cuatro años en la base conjunta Elmendorf-Richardson, cerca de Anchorage, Alaska. El lugar, cargado de simbolismo por su papel como puesto de vigilancia durante la Guerra Fría, acogerá un encuentro que busca explorar un posible camino hacia la paz en Ucrania, más de tres años y medio después de la invasión rusa.
Será la primera visita de Putin a territorio estadounidense desde 2015. La elección de Alaska como sede ha generado comentarios en Rusia por su historia: colonizada por el imperio zarista en el siglo XVIII, fue vendida a Estados Unidos en 1867, un hecho que aún provoca nostalgia y debates en el país. Analistas como Sam Greene han señalado que la ubicación envía un mensaje ambiguo sobre fronteras y soberanía en un contexto en que Ucrania sigue bajo ataque.
Aunque en un inicio se especuló con la participación del presidente ucraniano Volodímir Zelenski, la reunión será exclusivamente entre Trump y Putin. El Kremlin mantiene su rechazo a un cara a cara con Zelenski antes de que se acuerde y esté listo para firmarse un pacto de paz. Desde Berlín, el líder ucraniano ha mantenido conversaciones virtuales con Trump y dirigentes europeos para evitar que su país quede fuera de las negociaciones.
Las demandas de Moscú para un alto el fuego incluyen que Kyiv ceda Crimea y las cuatro regiones anexionadas en 2022, renuncie a entrar en la OTAN, reduzca sus fuerzas armadas y reconozca el ruso como idioma oficial. Zelenski ha reiterado que no entregará territorio y que cualquier acuerdo debe incluir garantías de seguridad sólidas para prevenir nuevas agresiones.
Trump, por su parte, ha insinuado la posibilidad de intercambios territoriales, algo que genera preocupación en Ucrania y entre sus aliados europeos. El presidente francés, Emmanuel Macron, afirmó que Trump fue claro al señalar que las cuestiones de territorio solo serán negociadas por el mandatario ucraniano. Sin embargo, en Kyiv temen que una negociación bilateral entre Washington y Moscú pueda derivar en presiones para aceptar concesiones inaceptables.
Putin llega al encuentro tras reforzar contactos con líderes de China, India, Brasil y Corea del Norte, además de varias exrepúblicas soviéticas, lo que para algunos analistas podría indicar un intento de coordinar posiciones antes de una posible propuesta de arreglo. Para Rusia, la cumbre representa una oportunidad de consolidar sus avances militares, mantener a Ucrania fuera de la órbita militar occidental y presentarse como un actor clave en la resolución de conflictos globales.
Trump ha advertido que habrá “consecuencias muy severas” si Putin no acepta detener la guerra. La OTAN y la Unión Europea insisten en que cualquier paz duradera debe respetar la integridad territorial ucraniana. El desenlace del encuentro en Alaska podría definir si se abre un proceso de negociación más amplio con la participación de Kyiv y de los aliados europeos, o si se refuerzan las preocupaciones de que un acuerdo sin Ucrania equivaldría a premiar la agresión.







