Rusia y Corea del Norte reanudaron este domingo los vuelos directos entre sus capitales por primera vez desde mediados de la década de 1990, en una nueva señal del fortalecimiento de sus lazos bilaterales tras la invasión rusa a Ucrania en 2022. Los vuelos, operados por la aerolínea rusa Nordwind Airlines, están programados con una frecuencia mensual.
El primer vuelo despegó del aeropuerto Sheremetyevo de Moscú rumbo a Pyongyang el domingo 27 de julio, y el vuelo de regreso está previsto para el martes. Según medios rusos, la aeronave utilizada es un Boeing 777-200ER con capacidad para 440 pasajeros, y los boletos se pusieron a la venta el 18 de julio, con precios que parten desde los 44.700 rublos, equivalentes a unos 565 dólares.
Gran parte de los pasajeros registrados en este vuelo inaugural serían ciudadanos norcoreanos, aunque no se han revelado cifras oficiales. Hasta ahora, la única conexión aérea regular entre ambos países era ofrecida por la aerolínea estatal norcoreana Air Koryo, que opera tres vuelos semanales entre Pyongyang y Vladivostok, en el extremo oriental de Rusia.
La reactivación de esta ruta directa entre Moscú y Pyongyang ocurre en un contexto de creciente cooperación estratégica entre ambos regímenes. En junio del año pasado, los líderes de Rusia y Corea del Norte firmaron un tratado de asociación integral que marcó un punto de inflexión en la relación bilateral. Desde entonces, Corea del Norte ha ofrecido apoyo explícito a las operaciones militares rusas en Ucrania, incluyendo, según reportes, el envío de tropas.
Los vuelos mensuales representan más que una simple conexión aérea: son parte de una consolidación diplomática y logística entre dos países que comparten una visión abiertamente contraria al orden internacional liderado por Occidente. Para Moscú, el vínculo con Pyongyang representa una vía de respaldo político y, potencialmente, militar, en medio del aislamiento creciente que enfrenta en la escena internacional. Para Corea del Norte, se trata de una oportunidad para proyectarse como un aliado útil y ganar influencia estratégica.
Con esta nueva conexión aérea, ambos gobiernos parecen decididos a consolidar un eje de cooperación que desafía directamente las sanciones internacionales y marca una nueva etapa en la relación entre Moscú y Pyongyang. Aunque se trata de una operación limitada en términos de frecuencia, su simbolismo es significativo y podría ser el inicio de una mayor apertura entre dos regímenes que han intensificado su sintonía en plena reconfiguración del mapa geopolítico global.










