Japón prepara una última ronda de negociaciones en Washington mientras se acerca la fecha límite arancelaria

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El Gobierno de Japón ha informado a Estados Unidos que su principal negociador, Ryosei Akazawa, tiene previsto viajar a Washington a principios de la próxima semana para mantener una octava ronda de conversaciones a nivel ministerial. La cita llega en un momento decisivo, a pocos días de que venza la moratoria de 90 días sobre los aranceles específicos por país impulsados por la administración de Donald Trump.

Según una fuente cercana al asunto, Japón intentará, en esta instancia crítica, lograr una reducción del arancel del 25 por ciento impuesto por Estados Unidos a los automóviles, una exigencia que Washington ha rechazado sistemáticamente desde que comenzaron las conversaciones en abril. Si no se alcanza un acuerdo antes del miércoles, Japón enfrentará un arancel adicional del 14 por ciento sobre las exportaciones de automóviles, que se sumaría al arancel base del 10 por ciento que ya aplica Estados Unidos a las importaciones desde todos los países.

En medio del estancamiento, Tokio ha planteado la posibilidad de extender el plazo de la suspensión arancelaria para evitar un colapso definitivo de las negociaciones. El primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, se mostró públicamente optimista este jueves, al señalar que las conversaciones bilaterales avanzan de manera constante, aunque reconoció que el abanico de temas es amplio e incluye barreras no arancelarias. “Japón es el mayor inversor en Estados Unidos y el principal generador de empleos extranjeros en ese país. Esperamos que eso se tenga en cuenta”, dijo Ishiba en una entrevista con la cadena pública NHK, en un intento por cambiar el eje del debate hacia la inversión y la cooperación económica.

Las declaraciones se producen luego de que Trump sugiriera, el martes, elevar aún más los aranceles a productos japoneses, barajando tasas de hasta el 30 o 35 por ciento. Desde el Air Force One, el presidente estadounidense expresó escepticismo sobre la posibilidad de alcanzar un acuerdo, calificando a Japón como “muy difícil” y “malacostumbrado”.

El punto más sensible sigue siendo el sector automotor. Según The Wall Street Journal, durante las negociaciones de mayo, funcionarios estadounidenses advirtieron a sus pares japoneses que podrían exigir un límite al número de vehículos que Japón exporta a Estados Unidos, reviviendo la figura de las restricciones voluntarias de exportación, utilizadas en el pasado. La delegación japonesa se habría negado rotundamente a aceptar cualquier propuesta que implique mantener el arancel del 25 por ciento a los automóviles, lo que provocó un nuevo estancamiento.

En paralelo, Washington también ha presionado a Tokio para aumentar la compra de productos agrícolas, automóviles estadounidenses y petróleo, como parte de su objetivo de reducir el déficit comercial. Japón, en respuesta, ha presentado una propuesta que incluye un paquete más amplio: mayor inversión japonesa en Estados Unidos y cooperación en seguridad económica.

A medida que se agota el tiempo, la visita de Akazawa se perfila como una última apuesta diplomática para evitar una escalada comercial que podría afectar de forma significativa a uno de los pilares de la relación económica bilateral. Si no hay avances concretos, Japón enfrentará consecuencias inmediatas en uno de sus sectores más estratégicos: la industria automotriz.

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