Tras cinco años de inactividad y en el contexto de la guerra comercial y los aranceles impuestos por Donald Trump, el pasado 30 de marzo Corea del Sur, Japón y China llevaron a cabo la 13ª reunión trilateral económica en Seúl.
En el encuentro participaron el ministro de Industria surcoreano, Ahn Duk-geun; el ministro de Comercio chino, Wang Wentao; y el ministro de Comercio japonés, Yoji Muto. Fue la primera reunión de este tipo desde diciembre de 2019 y la primera celebrada en Seúl en diez años.
Durante la cumbre se acordó acelerar las negociaciones para un acuerdo de libre comercio (TLC) entre los tres países, que no han podido producir resultados tangibles desde que comenzaron las negociaciones en 2012. Los ministros también discutieron medidas para estabilizar las cadenas de suministro, crear un entorno empresarial predecible y abordar el proteccionismo mundial.
“El encuentro de los ministros de Comercio, celebrado por primera vez en seis años, tiene una gran repercusión no solo para las tres naciones, sino también para la comunidad internacional”, afirmó Ahn, el ministro coreano, en su discurso inaugural, donde llamó a la cooperación frente a los desafíos del mercado global.
La reunión tuvo lugar pocos días después del anuncio de un arancel del 25% por parte de Trump a la gran mayoria de países de Asia, entre ellos, Corea. En respuesta, el presidente interino Han Duck-soo advirtió que Corea del Sur no formará una coalición con China y Japón para enfrentar estas medidas, y que buscará resolver la situación mediante negociaciones bilaterales con Washington.
Aun así, no puede pasarse por alto la relevancia de esta reunión trilateral y su potencial impacto, especialmente de cara a las elecciones presidenciales surcoreanas del próximo 3 de junio, en las que se anticipa un posible triunfo del partido opositor.
El futuro de Corea del Sur está en Asia
En este escenario marcado por tensiones geopolíticas y presiones económicas, Corea del Sur enfrenta una disyuntiva estratégica. La alianza con Estados Unidos, históricamente central para su seguridad con Corea del Norte y su desarrollo económico, comienza a mostrar signos de desgaste. La imposición de aranceles evidencia un giro proteccionista que impacta directamente en la economía nacional y expone los límites de una relación cada vez más asimétrica.
Más que una medida comercial puntual, la decisión de EE.UU. profundiza la percepción de que Corea del Sur está siendo utilizada como pieza clave en la disputa geopolítica entre Washington y Pekín. Su posición estratégica lo convierte en un actor central dentro del esquema de contención que Estados Unidos despliega en Asia.
En este contexto, la reciente cumbre trilateral en Seúl con China y Japón aparece como un punto de inflexión. Más allá de los compromisos económicos alcanzados, la reunión proyecta un mensaje político: Asia ofrece una alternativa concreta frente a la creciente imprevisibilidad del vínculo con Estados Unidos.
Las relaciones con China y Japón —aunque complejas y cargadas de historia— representan una oportunidad para profundizar la integración regional asiática. Corea del Sur comparte con sus vecinos no solo una ubicación geográfica y una historia milenaria, sino también una estructura económica interdependiente y desafíos comunes ante el avance del proteccionismo global.
Orientarse hacia Asia no implica una ruptura automática con Washington, sino la posibilidad de diversificar alianzas, y diseñar una política exterior menos reactiva y más coherente con los intereses nacionales y regionales. Mientras EE.UU. impone condiciones, Asia plantea esquemas de cooperación. Y en un mundo cada vez más multipolar, esa diferencia puede definir el lugar que Corea del Sur y Asia ocuparán en las próximas décadas.
Japón, China y Corea del Sur concentran el 20% de la población mundial y el 23,4% del PIB global. El fortalecimiento de una alianza entre estos tres Estados no sólo impulsará una mayor integración económica en Asia y consolidará el auge del continente, sino que también representaría un nuevo desafío para las maniobras económicas de Estados Unidos contra China y la región en su conjunto.
Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, con experiencia en investigación, redacción y diplomacia. Se especializa en analizar y comunicar dinámicas geopolíticas de Asia Oriental, con un fuerte interés en los derechos humanos en Corea del Norte y las relaciones intercoreanas.
Ha trabajado en la Embajada de Malasia, en la Cámara de Comercio Argentina para Asia y el Pacífico, y en el CESIUB (Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Belgrano), donde desarrolló ensayos y análisis profundos sobre Asia Oriental.
Habla inglés y japonés, lo que le permite abordar temas internacionales desde una perspectiva global.














