El gobierno de China informó este lunes que no detectó niveles anómalos de radiactividad en muestras de agua de mar y vida marina recolectadas cerca de la planta nuclear de Fukushima, en Japón. A pesar de ese resultado, las autoridades indicaron que no levantarán por ahora la prohibición que pesa sobre la importación de productos del mar japoneses.
Los análisis fueron realizados en laboratorios locales a partir de muestras tomadas a fines de febrero, como parte de una segunda ronda de monitoreo independiente. Según la Administración de Energía Atómica de China, los niveles de tritio, cesio-134, cesio-137 y estroncio-90 detectados se encuentran dentro de los parámetros considerados normales. No obstante, Pekín subrayó que un resultado aislado no garantiza la continuidad de valores seguros en futuras evaluaciones.
China impuso un bloqueo total a los productos marinos procedentes de Japón en agosto de 2023, tras el inicio del vertido de agua tratada desde la central de Fukushima al océano. En ese momento, el gobierno chino calificó el líquido como «contaminado con material nuclear», desatando una disputa diplomática con Tokio.
Aunque en septiembre del año pasado ambos países acordaron avanzar hacia una reanudación paulatina de las importaciones, ese proceso quedó supeditado a la participación activa de China en las tareas de vigilancia ambiental que se llevan a cabo bajo el amparo del Organismo Internacional de Energía Atómica. En ese marco, Japón aceptó el monitoreo a largo plazo y el muestreo independiente por parte de las autoridades chinas.
Durante una rueda de prensa, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian, insistió en que la postura de su país no ha cambiado y que seguirán priorizando la seguridad alimentaria. También señaló que continuarán trabajando con el organismo internacional y otros actores para asegurar que el vertido al océano se mantenga bajo supervisión global.
La planta de Fukushima acumula una gran cantidad de agua radiactiva utilizada para enfriar los reactores que colapsaron tras el terremoto y tsunami de 2011. Esa agua es sometida a un proceso de tratamiento que elimina la mayoría de los radionúclidos, salvo el tritio, que se considera de bajo riesgo para los humanos y es diluido antes de su descarga controlada al mar, según los estándares de seguridad vigentes.
Pese a los avales técnicos, el conflicto diplomático sigue abierto.










