Hamano Ryuho sensei: «El Shodo enfatiza sobre aquello que no se ve de las palabras»

Shodo
Hamano sensei, referente de la caligrafía japonesa, o Shodo.

En una nueva visita a la Argentina, país que ya lo ha recibido en varias ocasiones, Hamano Ryuho sensei, uno de los referentes más destacados de la caligrafía japonesa, o Shodo, recibió a ReporteAsia en el Centro Cultural e Informativo de la Embajada de Japón, apenas a horas de haber arribado desde Lima, Perú, donde estuvo dictando talleres del arte que difunde. Con ese mismo objetivo también está en Argentina en esta ocasión, con una agenda que lo llevó a la provincia de Mendoza, donde ofreció una clase abierta sobre caligrafía, haciendo énfasis en sus conceptos básicos, sobre los que trabaja con mucha atención. También impartió talleres privados en Buenos Aires, ciudad en la que inclusive, en 2016, realizó la exposición Tesoro, o «Takara» celebrada en el mítico Palais de Glace.

Sobre el entrevistado, cabe destacar que es discípulo del gran Fukuse Gaki, y que se especializó en grabado de sellos «Tenkoku» durante su viajes de estudio a China. Hamano reside en Japón, donde lleva a cabo una vasta actividad en el campo de la caligrafía. Por su trabajo, realizó numerosas conferencias, demostraciones y exposiciones -similares a instalaciones, en las que cubre toda la superficie de las paredes e incluso partes del piso- en Estados Unidos, Alemania, España e Italia, además de América Latina.

Por todo esto, tener la posibilidad de dialogar con un artista de la talla de Hamano sensei, (gracias a la gentil intervención del argentino Claudio Bochatay, quien ofició de traductor) representa una oportunidad única de conocer más sobre el Shodo, 書道, o «Camino de la Escritura», arte que tal vez en Occidente no está tan difundido como otros. Sin embargo, la expansión global de la cultura popular japonesa, a través del animé, el manga, o de las artes marciales, ha tenido efecto también en la difusión de la caligrafía. Aunque esto no significa, de hecho, que por ello el Shodo se entienda mejor.

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Hamano sensei durante la entrevista con ReporteAsia.

Al respecto, Hamano sensei explica que el mundo del Shodo es un mundo en blanco y negro, -la tinta es negra y el papel es blanco-, mientras que el animé se refleja en una gama de colores. Por otra parte, el animé es algo nuevo y representa movimiento. En contraposición, el Shodo es una forma de arte antiguo, que refleja quietud, es algo que está detenido, tranquilo. «Desde esta perspectiva, el Shodo no llama tanto la atención, no está a flor de piel, por eso, la gente joven no corre a zambullirse en él. En el caso del animé, que es maravilloso, su desarrollo resulta más fácil de entender. Pero en el Shodo, encuentras algo escrito en color negro sobre un fondo blanco y no mucho más, es algo que se contempla, que se piensa, que no es tan fácil de percibir. En el Shodo, hay una parte que no se ve del ideograma que se escribe, hay profundidad».

Sobre la relación del Shodo con el Budo, el arte marcial japonés, este maestro, nacido en Fukui, Japón, encuentra ciertas similitudes que vale la pena remarcar: «Igual que en el Kendo, por ejemplo, en el Shodo el pincel se mueve sin fuerza, y en especial, uno al ejecutar el movimiento no tiene que pensar en nada. Además, en el Budo, como en la caligrafía, hay técnicas específicas para cada movimiento, un espacio donde moverse, donde ejecutar. Y también hay un intercambio con el otro: como en las artes marciales, uno tiene una consideración por el otro, no se trata solo de ganar».

Es interesante escuchar estas explicaciones, ya que como occidentales podemos generarnos falsas ideas sobre el Shodo, siendo que los ideogramas japoneses han salido de Japón y pueden encontrarse hoy aplicados en marcas, logos, avisos publicitarios y otros tipos de iconografías. Por supuesto, en Asia, son muchos los países que cuentan con grandes escuelas de Shodo. En nuestra charla, Hamano sensei rescata el nivel de lugares como China, Taiwán, Singapur o Hong Kong. Con respecto a China, «allí a la caligrafía se la suele llamar Shoho (o «Shufa» en pronunciación china), y hace especial hincapié en cómo se escribe una palabra. En Japón, en cambio, no se trata tanto de la corrección, sino que se hace caligrafía para estudiar acerca de la vida, de lo que se ha vivido, más que aprender el método adecuado para escribir».

Por otra parte, que el Shodo sea una expresión tan única de la cultura japonesa no implica que no pueda ser aprendida por extranjeros, inclusive por aquellos que no dominan el idioma japonés. Por supuesto, enseñarle a aquellos que no cuentan con el bagaje cultural de Japón representa ciertos desafíos a la hora de impartirlo.

ReporteAsia junto a Hamano sensei, exhibiendo el ideograma de «Sueño» o «Yume», que gentilmente escribió para nosotros en la ocasión.

Al respecto, Hamano sensei explicó que se encuentra con muchos aspectos curiosos cuando enseña en Lima o en Buenos Aires, ciudades que, por otra parte, «cuentan con un buen nivel de Shodo», según manifestó. «Por ejemplo, puede suceder que personas zurdas busquen escribir caligrafìa con la mano izquierda o que, en general, al principio los alumnos tomen el pincel de una manera que no es familiar a la técnica del Shodo. Es decir, su manera de hacer las cosas difiere de la forma en la que la harían los japoneses, y yo tampoco podría prever que esas cosas puedan suceder. En esos momentos, me doy cuenta lo importante que es siempre volver a lo básico, a las enseñanzas más simples. Por eso, comienzo mostrando las técnicas básicas para luego pasar a revisar las estructuras de los ideogramas, siempre pensando que, a través del Shodo, las personas se van a acercar al arte y entre sí. Esta manera de ver esta disciplina es característica de la visión japonesa del Shodo».

Y como un único y gran consejo para aquellos que está pensando en acercarse a la caligrafía japonesa, Hamano sensei sugiere que una vez que se inicien, no dejen de practicarla en forma constante, aclarando además que: «No hay nada difícil en el Shodo. Por eso, como objetivo principal, me gustaría que quienes quieran aprenderla, disfruten el mero hecho de escribir».

Sensei, recién hablábamos de la aplicación de los ideogramas japoneses a piezas de diseño o publicidad. En su perspectiva, ¿la caligrafía en Occidente es vista como un arte plástico como la pintura?

En la actualidad, en Occidente hay mucho interés por los caracteres, pero también se los toma como si fueran un dibujo. Y esos intereses muchas veces están amarrados a lo que se ve en la superficie, pero hay cosas que no se ven en la superficie. El Shodo enfatiza sobre aquello que no se ve de las palabras. Lo que no ves de las palabras, es lo que sentís. Por eso no hay que manosear o alterar demasiado esa parte que sí se ve de los ideogramas.  

Hay algunas de mis obras que parece que fueran una pintura, pero por el contrario, esos son trabajos que están basados en los aspectos clásicos de la caligrafía, que difieren completamente de un mero elemento de diseño.

Siguiendo la historia de los ideogramas, su finalidad primera es transmitir un significado, y para ello, en principio, tienen que estar bien escritos. En Japón utilizamos caracteres que fueron creados hace mucho tiempo, cuyo significado fue definido hace mil o dos mil años atrás, y nosotros heredamos esos caracteres. Lo que me gustaría que se evite es pensar “Qué bien que se ve cierto ideograma, que interesantes que es, que bellos que es”, y que por ello, pase a ser una pieza de diseño. 

¿Cuál es la situación del Shodo dentro de Japón? ¿Tiene un recibimiento positivo por parte de las nuevas generaciones?

Es una lástima, pero el Shodo se practica cada vez menos. Hay muchas causas para esto. Primero, la causa económica, después la población que se está reduciendo, y por ello hay menos niños. Y como les contaba recién, hoy todo es demasiado conveniente. Todo se ha vuelto demasiado conveniente. Estos son tiempos en los que no es necesario escribir letras, ya no se escribe, se hace “tap” sobre la pantalla del celular, y esto pasa en todo el mundo. 

En cada uno de los trazos de una palabra que uno escribe, se ve el corazón de quien lo hace. Entonces, escribir es una oportunidad para verse a uno mismo, pensarse a uno mismo. Es un proceso para redescubrirse, y gracias a ello, uno empieza a tratarse con importancia. Y una vez que uno empieza a hacer eso, empieza también a tratar a los demás con importancia, con cuidado. Para mi el Shodo es acerca de eso. 

Entonces, ¿cree la caligrafía, siendo un arte de origen milenario, puede convivir con el mundo digital en el que vivimos en estos momentos?

Para escribir Shodo, lo primero que necesitas es papel. Y para eso te va a hacer falta también una piedra para raspar la tinta y también vas a requerir tinta, y vas a necesitar un pincel. Entonces, también va a ser necesario un artesano que fabrique el pincel, y también un artesano que fabrique la tinta, y también la gente que prepara el papel. Entonces, se necesitan un montón de personas para hacer caligrafìa: el corazón de un montón de personas está puesto en ello. Pero cuando escribimos en una pantalla, ahí no hay nada.

El Shodo se mantiene gracias a todas esas personas, por ejemplo, los artesanos del papel que pasan por un proceso en el que se transpiran enteros, por ser un proceso muy caluroso, o el artesano que prepara la tinta, cuyo rostro se pone todo negro de tanto trabajar, o el pincelero, que pierde la vista de tanto concentrarse en la fabricación de los pinceles. Si esas personas continúan transmitiendo esto a las nuevas generaciones, yo creo que el Shodo estará bien, sobrevivirá. Pero bueno, esto es algo que se ha vuelto un poco difícil. 

Sensei, por último: ¿cómo definiría su propio estilo de caligrafía?

Leyendo la historia uno encuentra que el Shodo empezó en China, hace muchos años. Allí han surgido grandes exponentes. Eso después se transmitió a Japón, donde también hay exponentes maravillosos, muy habilidosos. Los japoneses que trajeron este arte desde China, literalmente «se lo comieron» y lo hicieron propio; luego de digerirlo lo transformaron en algo local, algo único de Japón. Como resultado de eso, aparecen los caracteres «Kana». Y como yo soy japonés, mi estilo es diferente al de los chinos.

Diciéndolo de maner fácil, quien conoce la ceremonia de té, sabe que existe un espacio especial para llevarla a cabo, llamado Chashitsu. Para ingresar al mismo, no se puede pasar erguido, hay que agacharse. Uno recién adentro puedo levantar la cabeza, y entonces se encuentra allí dentro con un mundo mucho más amplio. Pero en realidad, no deja de ser ese pequeño espacio. Ahí en ese lugar hay una ventana, que permite la entrada de luz, y que el lugar se vea más amplio. En dicho lugar se sirve el té y hay muchas reglas que son muy estrictas. Este lugar existe pare recibir a los invitados, que son muy importantes. Allí dentro tiene lugar un vasto universo. Por eso, aunque Japón como país en sí es bastante chico, cuenta con grandes espacios internos. Esto es algo que yo últimamente he estado sintiendo. Y me gustaría que mi caligrafía también responda a eso.

Acerca del autor

Co-fundador de ReporteAsia.