El servicio militar surcoreano en el centro de la polémica por BTS

BTS en su conferencia de prensa en Seúl, tras ganar el premio «Top Social Artist» en los Billboard Music Award el 21 de mayo de 2017 (Crédito: TenAsia - https://www.youtube.com/watch?v=WmgKYPodkAg / Wikimedia Commons).

La mega popular banda surcoreana de música pop, BTS, llegó nuevamente a los medios internacionales en los últimos meses, aunque esta vez, por un motivo diferente que desató la polémica. En poco tiempo más, se agotaría el tiempo para que se enlistaran finalmente al servicio militar, que en Corea es obligatorio para todos los varones entre 18 y 35 años de edad desde 1957.

En una nota anterior, repasamos algunos hechos que en el pasado han provocado controversia en torno a las industrias culturales coreanas y su utilización política. Esta vez, se trata de un debate que trascendió las tradicionales discusiones internas debido a la condición de BTS de superestrellas con extrema exposición internacional y quienes, además, han aportado cuantiosas sumas de dinero a las arcas surcoreanas en los últimos años. Pero para entender mejor el trasfondo, hay que retrotraernos al origen mismo de la controversia: el servicio militar obligatorio en Corea del Sur.

El siglo XX fue un período muy conflictivo en la historia de la península coreana. La caída de la última dinastía (Joseon), precipitada por choques con Occidente y levantamientos internos, fue finalmente sellada en 1910 con un tratado que anexaba el territorio oficialmente al Imperio Japonés, el cual crecía en poder regional a pasos agigantados. Durante la ocupación japonesa, los coreanos intentaron infructuosamente recuperar su independencia mediante varias revueltas que fueron duramente reprimidas. No sería sino hasta el estallido de las dos bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki y la rendición oficial de Japón en la Segunda Guerra Mundial que las tropas japonesas se retirarían del territorio coreano, solo para ser reemplazados por soviéticos (al norte) y norteamericanos (al sur) que plantarían la semilla de división ideológica propia de la Guerra Fría en Corea. Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo de gobierno conjunto, los dos lados proclamarían la fundación de estados distintos, dando pie a la guerra que estallaría en 1950 entre ambos y que durante tres años devastaría al territorio. Sin claro vencedor, se llegaría a un acuerdo de armisticio (alto al fuego) que perdura hasta hoy, no habiéndose logrado un tratado de paz que otorgase un final oficial al conflicto. Es decir, las naciones siguen técnicamente en guerra. Pero eso no es todo: durante las primeras décadas posteriores a la división, el miedo en el sur a una inminente invasión “comunista” era tan grande (y tan, a su vez, incentivado estratégicamente por sus gobiernos autoritarios) que las persecuciones a todo aquél siquiera sospechado de simpatizar con el norte eran brutales. La presencia militar se convirtió algo abrumador al menos hasta 1988, cuando retornó la democracia.

servicio militar
Soldados surcoreanos miran hacia Corea del Norte en Panmunjom, dentro de la Zona Desmilitarizada (Crédito: Henrik Ishihara Globaljuggler / Wikimedia Commons).

Como resabio de casi un siglo entero plagado de luchas y dictaduras, el servicio militar debe ser concretado por cada varón surcoreano, con excepción de aquellos que se vean imposibilitados por temas de salud debidamente justificados. Se trata de un mínimo de entre 18 y 21 meses, y si bien el período para realizarlo parece amplio, lo cierto es que la sociedad coreana en su conjunto espera que los jóvenes se enlisten lo antes posible y no traten de correr hacia adelante la obligación. Si esto sucede, la interpretación es lisa y llanamente que se está queriendo evadir una responsabilidad para con el país en su conjunto.

Aquí entra a colación entonces un aspecto cultural determinante. La dinastía Joseon (sí, la misma que terminó cayendo en 1910) había establecido en sus inicios al neoconfucianismo como filosofía estatal. El confucianismo, filosofía originaria de China, ya se destacaba por poner énfasis en lo colectivo, lo jerárquico y el varón para el correcto ordenamiento de la sociedad, pero con el aporte de otras corrientes como el budismo y el taoísmo, se conformó eventualmente esta nueva tendencia -identificada con el prefijo “neo”- que, en el caso coreano, rigidizó aún más los rituales, las jerarquías y los roles de cada quién en la población. Por ello, el servicio militar en Corea del Sur no es solo una actividad a cumplir entre otras tantas: es una obligación moral ante el grupo (el Estado, la familia, la sociedad) y una suerte de rito de pasaje de los jóvenes.

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Esta organización que permaneció casi intocable durante décadas, sin embargo, ha empezado a manifestar signos de resquebrajamiento. El regreso a la democracia a fines de los años ’80, la apertura a inversiones e intercambios en los años ’90, el crecimiento económico, la apuesta a la infraestructura en tecnología de la información y la consecuente generación de nuevos contenidos culturales transformaron a la Corea del Sur de imagen “bélica” en una Corea fresca y vanguardista, a tono con las tendencias de moda, la modernidad y el estilo de vida apreciados en Occidente. Las telenovelas y el cine sentaron las bases de la llamada “ola coreana” (hallyu, la expansión de las industrias culturales de aquel país), para luego dar paso a la música pop o K-pop que hoy es el caballo de batalla de sus productos culturales. Y dentro de la música, el surgimiento de BTS en 2013 fue determinante para un crecimiento sostenido.

«La presencia militar se convirtió algo abrumador al menos hasta 1988, cuando retornó la democracia»

Previo a esta explosión global de cultura coreana, no había necesidad de debates sobre la obligatoriedad del servicio militar. Sin embargo, poco a poco algunas excepciones comenzaron a plantearse para artistas o deportistas que hubiesen contribuido a la promoción o a dejar en alto la imagen de Corea en el mundo. Tal fue el caso del futbolista del Tottenham inglés, Son Heung-min, que cumplió todos los requisitos formales para lograr una exención al ganar la final de los Juegos Asiáticos de 2018 contra Japón. Este privilegio, si bien no fue total, representó una importante reducción (de los 21 meses de servicio originales a tres semanas), permitiéndole así continuar con su carrera. Otros casos fueron más controvertidos: en 2002, el cantante pop Yoo Seung-jun se naturalizó norteamericano justo antes de ser reclutado, hecho por el que fue considerado un desertor, viéndose imposibilitado de regresar a Corea desde entonces.

 

El caso de BTS en las últimas semanas ha llevado a la cúspide las discusiones sobre el servicio militar. El grupo habría cumplido los requisitos con creces, no solo por la exposición global de Corea gracias a ellos, sino también por el valor económico total que generaron en las industrias relacionadas que, en 2018, el Hyundai Research Institute calculó en 3,6 mil millones de dólares anuales. Entonces, ¿por qué luego de varios debates, el gobierno no ha concedido exenciones aún? ¿Será quizás por tratarse de cultura popular? (lo que significaría que la contraposición entre lo considerado “alta cultura” y “baja cultura” sigue vigente). Esta situación, al menos, abre una nueva arista en el planteo: ¿cuál es la vara a tener en cuenta para la lograr la exención?

A pesar de las idas y vueltas del gobierno, de las súplicas de los fans alrededor del mundo y del propio lobby de Big Hit (la agencia de talentos creadora de la banda), los miembros de BTS decidieron apartarse de la polémica y hacer lo que indica el mandato social: ya han anunciado que se enlistarán, comenzando por Jin, el miembro mayor de la banda. Es justamente éste último quien, coincidiendo con su inminente partida al servicio, reforzó además su costado solista acompañando uno de los masivos conciertos de Coldplay en Argentina. “Necesito una canción para despedirme de todos por un rato, que les diga que los amo”, dijo Chris Martin, líder de Coldplay, citando al propio Jin justo antes de que apareciera en el escenario.

Y así, el 28 de octubre Buenos Aires vibró al ritmo de “The Astronaut”, el tema de Jin cuya primera frase ya anticipa la despedida: “Tú y yo, una historia que nunca terminará”.

 

 

Acerca del autor

Licenciada en Estudios Orientales (Universidad del Salvador). Especialista en Relaciones Públicas. Cuenta con una diplomatura superior en Educación, Imágenes y Medios (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Tiene una Maestría en Industrias Culturales, Política y Gestión (Universidad Nacional de Quilmes). Es profesora de la clase sobre Japón en la materia Procesos Interculturales, de la Maestría de Diversidad Cultural (Universidad Nacional de Tres de Febrero). Imparte cursos de capacitación sobre historia, cultura y protocolo de China, Corea y Japón (Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco).