En el corazón de Asia, donde se concentra una cuarta parte de la economía mundial, las heridas del pasado siguen abiertas: entre 1937 y 1945, China y Japón estuvieron en guerra total, un conflicto que marcó la culminación de la creciente agresión japonesa hacia China, mientras que cientos de miles de mujeres de Corea y China fueron forzadas a la esclavitud sexual por las fuerzas armadas imperiales japonesas.
Estas tragedias históricas continúan reverberando en las relaciones contemporáneas entre China, Corea del Sur y Japón, creando un complejo entramado de resentimientos, demandas de justicia y aspiraciones de cooperación.
El trauma histórico como identidad nacional
Para China, la experiencia de la Segunda Guerra Mundial fue devastadora, siendo el teatro de guerra más largo de cualquiera de las potencias aliadas, con al menos 20 millones de muertes. La Guerra de Resistencia contra Japón se ha convertido en un elemento central de la identidad nacional china, utilizada por el Partido Comunista para legitimar su liderazgo y movilizar el sentimiento patriótico.
El conflicto comenzó con la invasión japonesa de Manchuria en 1931, conocida en China como el inicio de la «Guerra de Resistencia de Catorce Años». La brutalidad de la ocupación japonesa, ejemplificada en eventos como la Masacre de Nanjing, donde las tropas japonesas iniciaron una masacre de seis semanas que prácticamente destruyó la ciudad china, permanece viva en la memoria colectiva china.
La narrativa oficial china enfatiza el papel del Partido Comunista en la resistencia, aunque los historiadores reconocen que la mayoría del esfuerzo bélico, incluyendo las batallas decisivas, fueron libradas por los nacionalistas chinos. Esta reinterpretación histórica sirve a propósitos políticos contemporáneos, permitiendo al gobierno chino presentarse como el legítimo heredero de la resistencia anti-japonesa.
Corea del Sur: entre la reconciliación pragmática y la justicia histórica
La experiencia coreana bajo el dominio japonés (1910-1945) presenta matices diferentes pero igualmente dolorosos. Entre 1932 y 1945, Japón forzó a mujeres de Corea, China y otros países ocupados a convertirse en esclavas sexuales militares. Estas «mujeres de confort» se convirtieron en un símbolo del sufrimiento coreano bajo la ocupación japonesa.
La mayoría de las mujeres forzadas a la esclavitud sexual provenían de Corea y China, aunque el sistema se extendió a muchos países ocupados por Japón. Se estima que el 90% de las «mujeres de confort» no sobrevivieron a la guerra, y las pocas supervivientes han luchado durante décadas por obtener reconocimiento y reparaciones.
El tema de los trabajadores forzados representa otra herida abierta. Durante la Segunda Guerra Mundial, los coreanos realizaron trabajos forzados para corporaciones japonesas, y el fracaso en abordar estos temas ha llevado la relación bilateral a su punto más delgado en 50 años. Sin embargo, el actual presidente surcoreano Lee Jae-myung ha adoptado un tono más pragmático, refiriéndose a Japón como «un socio indispensable» para el crecimiento económico.
A pesar de las tensiones históricas, las realidades geopolíticas contemporáneas han forzado a los tres países a buscar formas de cooperación. En mayo de 2024, los líderes de Japón, China y Corea del Sur se reunieron en Seúl para la primera cumbre trilateral en cinco años, produciendo una declaración conjunta sobre cooperación mejorada.
La compleja situación geopolítica del nordeste asiático está profundamente arraigada en una larga y compleja historia, especialmente la ocupación japonesa del territorio chino, Corea del Sur y algunos países del sudeste asiático. Esta herencia histórica se manifiesta en disputas territoriales contemporáneas, como el conflicto sobre las islas Dokdo/Takeshima entre Japón y Corea del Sur.
La administración del expresidente surcoreano Yoon Suk-yeol había adoptado un enfoque más confrontacional, persiguiendo una política exterior basada en valores e ideología, adoptando un enfoque de blanco o negro en las relaciones exteriores. Sin embargo, el nuevo presidente Lee Jae-myung ha señalado tempranamente su compromiso con el diálogo regional y ha expresado un claro interés en restaurar los canales económicos y diplomáticos con China.
El factor estadounidense y las alianzas estratégicas
Las relaciones trilaterales se complican por la presencia estadounidense en la región. En la cumbre trilateral histórica de Japón-Estados Unidos-Corea del Sur en Camp David en agosto de 2023, los líderes prometieron «fortalecer la coordinación estratégica» entre las alianzas Estados Unidos-Japón y Estados Unidos-Corea del Sur. Esta es una ruptura dramática con las administraciones surcoreanas anteriores, que se inclinaban hacia Beijing en el abordaje de los temas norcoreanos.
Solo nueve meses después de que el presidente Biden se reuniera con los líderes de Japón y Corea del Sur en Camp David para forjar una «nueva era de asociación», Japón y Corea del Sur han pivotado para reanudar una asociación trilateral separada con China. Esta aparente contradicción refleja la compleja navegación diplomática que deben realizar los países de la región.
Las tensiones históricas se manifiestan continuamente en disputas sobre la memoria y la educación. En 1982, surgió una gran controversia entre Japón y China cuando el ministerio de educación japonés propuso que los libros de texto leyeran que Japón «avanzó hacia China» durante la década de 1930, en lugar del más históricamente preciso «invadió».
El periódico Japan Times anunció que reemplazaría el término «trabajo forzado» con «trabajadores en tiempo de guerra» para describir a coreanos, chinos, prisioneros de guerra estadounidenses o cualquier otro que fuera reclutado para trabajar en minas y fábricas japonesas de 1910 a 1945. Esta revisión lingüística refleja los intentos japoneses de suavizar la narrativa histórica, lo que provoca reacciones adversas en China y Corea del Sur.
Las encuestas de opinión pública revelan la persistencia de actitudes negativas. Una encuesta de 2017 de la BBC mostró un panorama sombrío, con solo el 25% de los chinos teniendo una visión favorable de Corea del Sur, mientras que el 71% expresó opiniones desfavorables. Estas cifras reflejan no solo las tensiones históricas sino también disputas contemporáneas, como el despliegue del sistema antimisiles THAAD.
Desde el develamiento de la primera estatua en diciembre de 2011 directamente frente a la embajada japonesa en Seúl, estas estatuas han sido el punto de encuentro para las supervivientes surcoreanas y otros. Las estatuas de las mujeres de confort se han convertido en símbolos poderosos de la memoria histórica y la demanda de justicia, existiendo más de 40 estatuas similares en todo el mundo.
A pesar de las tensiones históricas, las realidades económicas empujan hacia la cooperación. Los tres países representan dos tercios del comercio total, el 40% de la población total y tres cuartas partes del PIB de Asia. La complementariedad económica, especialmente en las cadenas de suministro globales y la innovación tecnológica, crea incentivos poderosos para la colaboración.
Para la República de Corea, el modelo de complementariedad económica en el que los países en desarrollo alinean su mano de obra de bajo costo y materias primas hacia las exportaciones a Estados Unidos ya no es sostenible. Las relaciones mejoradas con China y la cooperación económica trilateral en Asia Oriental acercarían a Corea a los vastos mercados del Sur Global.
El camino hacia adelante
Las recientes iniciativas diplomáticas sugieren una posible evolución en las relaciones trilaterales. La próxima cumbre de líderes trilaterales, esperada para finales de 2025 o principios de 2026, podría servir como plataforma para lanzar iniciativas concretas, yendo más allá de los discursos positivos.
Sin embargo, los desafíos permanecen formidables. Una reconciliación no es algo impuesto por las víctimas; más bien, se logra basándose en la confianza mutua construida a largo plazo. La resolución de las disputas históricas requiere no solo gestos diplomáticos sino un compromiso sostenido con el diálogo, la educación y el reconocimiento mutuo del sufrimiento.
Más allá de las preocupaciones de seguridad, la guerra comercial de Trump también ha sacudido ambas economías, creando incentivos adicionales para la cooperación regional. La incertidumbre en las relaciones con Estados Unidos bajo diferentes administraciones estadounidenses ha llevado tanto a Japón como a Corea del Sur a diversificar sus opciones diplomáticas.
Las sensaciones políticas y sociales en China y Corea del Sur hacia Japón permanecen profundamente influenciadas por el legado de las invasiones y guerras del siglo XX. Mientras que el trauma histórico continúa moldeando las percepciones públicas y las políticas nacionales, las realidades geopolíticas contemporáneas —incluyendo el ascenso de China, las amenazas de Corea del Norte y la competencia estratégica entre Estados Unidos y China— están forzando una reconsideración pragmática de estas relaciones.
El desafío para los líderes regionales radica en equilibrar la necesidad de honrar la memoria histórica y las demandas de justicia con los imperativos de cooperación económica y estabilidad regional. Se necesita un poco más de empatía, en ambos lados, como observan los analistas, para superar décadas de desconfianza y construir una base sólida para la cooperación futura.
La evolución de estas relaciones trilaterales no solo determinará el futuro de la estabilidad en el nordeste asiático, sino que también influirá en el equilibrio de poder global en una era de creciente competencia geopolítica. El peso del pasado seguirá presente, pero su influencia en el futuro dependerá de la sabiduría y voluntad política de los líderes actuales para transcender las divisiones históricas sin olvidar las lecciones que estas tragedias nos han enseñado.
Colaborador en ReporteAsia













