India y Corea del Sur acercan sus lazos

Corea del Sur India

La relación entre Corea del Sur e India, establecida oficialmente en 1973, ha evolucionado a lo largo de las décadas hasta convertirse en una asociación estratégica de creciente importancia dentro del panorama geopolítico y económico de Asia en el siglo XXI. En este año 2025, mientras el mundo navega las turbulentas aguas de un orden internacional cambiante, estas dos naciones emergen como actores clave en la región del Indo-Pacífico, un escenario cada vez más marcado por la competencia entre potencias establecidas y emergentes. Su cooperación, arraigada en convergencias históricas y ambiciones económicas complementarias, se ha expandido con el tiempo para abarcar dimensiones económicas, estratégicas y culturales, al tiempo que enfrenta desafíos estructurales y coyunturales que exigen atención sostenida. Descrita a menudo como “especial” desde su elevación en 2015 bajo el liderazgo del primer ministro indio Narendra Modi y la presidenta surcoreana Park Geun-hye, esta asociación refleja un deseo mutuo de trascender los simples intercambios comerciales y alinearse con una visión más amplia de estabilidad regional y prosperidad compartida.

Los fundamentos históricos de esta relación se remontan a interacciones ancestrales, especialmente a través de las rutas comerciales budistas que conectaban el subcontinente indio con la península coreana desde el siglo IV. Sin embargo, es en la era contemporánea—marcada por el ascenso de India como potencia económica y la consolidación de Corea del Sur como un gigante tecnológico e industrial—cuando su asociación ha adquirido un impulso significativo. En 2025, estas dinámicas se ven amplificadas por factores como la reestructuración de las cadenas de suministro globales, las tensiones entre China y Estados Unidos y la búsqueda de una mayor autonomía estratégica en el Indo-Pacífico. Como señala Jagannath Panda en su análisis India-Korea Relations in the Emerging Dynamics of the Indo-Pacific (2023), “las convergencias entre Seúl y Nueva Delhi se basan en el reconocimiento mutuo de sus respectivos roles como potencias intermedias capaces de influir en los equilibrios regionales”. Esta observación subraya la importancia de una asociación que, aunque infrautilizada en el pasado, ahora se encuentra en un punto de inflexión donde las oportunidades económicas y estratégicas podrían redefinir sus posiciones en el tablero de ajedrez asiático.

No obstante, estos lazos no están exentos de tensiones o limitaciones. Los desequilibrios comerciales, las divergencias geopolíticas en la gestión de las relaciones con China y los obstáculos burocráticos a la inversión mutua siguen representando desafíos persistentes. Rajiv Kumar, en Economic Convergence and Strategic Divergence: India-South Korea Relations (2022), ilustra esta dualidad: “Si bien India y Corea del Sur comparten una visión económica ambiciosa, sus prioridades estratégicas, moldeadas por alianzas y amenazas distintas, a veces dificultan una cooperación más profunda”. En 2025, estas cuestiones se cristalizan en un contexto en el que Corea del Sur busca ampliar su presencia en el Indo-Pacífico a través de su estrategia lanzada en 2022, mientras India fortalece su política de “Act East” para contrarrestar la influencia china y consolidar lazos con otras potencias asiáticas. A esto se suma una dimensión cultural—frecuentemente pasada por alto pero fundamental—impulsada por un creciente intercambio entre personas en ámbitos como el turismo, la educación y el poder blando, que podría convertirse en un catalizador inesperado para una relación más sólida.

Este artículo explora la relación entre Corea del Sur e India en 2025 a través de un análisis prospectivo de los principales temas que moldearán su futuro compartido. Examina las dinámicas económicas, evaluando la evolución del comercio bilateral, las negociaciones en curso sobre el Comprehensive Economic Partnership Agreement (CEPA) y las oportunidades de inversión en sectores estratégicos como semiconductores y tecnologías verdes. También aborda los desafíos estratégicos y de seguridad, centrándose en la cooperación marítima en el Indo-Pacífico, las colaboraciones en defensa y las tensiones geopolíticas derivadas de sus respectivas posturas frente a China y Estados Unidos. Finalmente, explora las conexiones culturales y humanas—frecuentemente relegadas a un segundo plano pero cada vez más vitales—como una herramienta de diplomacia en un mundo donde el poder blando es un recurso indispensable. Basándose en datos recientes, proyecciones informadas y los trabajos de académicos como Panda y Kumar, este estudio busca ofrecer una visión matizada y prospectiva de los desafíos y oportunidades que esperan a estas dos naciones en 2025, resaltando su papel en la construcción de un Indo-Pacífico más equilibrado y cooperativo.

Dinámicas económicas: una asociación en busca de equilibrio

En 2025, la relación económica entre Corea del Sur e India se encuentra en una coyuntura crítica, caracterizada tanto por avances notables como por desafíos persistentes que requieren soluciones innovadoras. El volumen de comercio bilateral, que alcanzó aproximadamente 27,52 mil millones de dólares en el año fiscal 2023-24, refleja una trayectoria ascendente sostenida impulsada por fortalezas complementarias: India exporta productos derivados del petróleo, productos químicos y textiles, mientras que Corea del Sur domina en sectores como la electrónica, la maquinaria y el acero. Sin embargo, tras este crecimiento subyace un persistente desequilibrio comercial que sigue favoreciendo a Seúl, una preocupación que ha persistido desde la implementación del Comprehensive Economic Partnership Agreement (CEPA) en 2010. Jagannath Panda, en su detallado estudio India-Korea Relations in the Emerging Dynamics of the Indo-Pacific (2023), señala que “el CEPA, aunque un hito importante, no ha logrado abordar las asimetrías estructurales, dejando a India con un déficit perenne exacerbado por el acceso limitado de sus productos al mercado surcoreano”. Esta observación sigue vigente en 2025, mientras India busca renegociar el acuerdo para incluir nuevos sectores como el comercio digital y las pequeñas y medianas empresas (PYMEs), con el objetivo de corregir disparidades y desbloquear potencial sin explotar.

Las negociaciones en curso del CEPA, cuya décima ronda tuvo lugar en enero de 2024 en Nueva Delhi, están destinadas a alcanzar un punto crucial en 2025. Los responsables políticos indios ven esto como una oportunidad para modernizar el acuerdo, alineándolo con las realidades de una economía digital donde el comercio electrónico y los servicios tecnológicos son cada vez más vitales. Corea del Sur, por su parte, busca mantener su ventaja competitiva en industrias de alto valor mientras accede de manera más eficiente al vasto mercado de consumo de India. Las apuestas son altas: el ambicioso objetivo de 50 mil millones de dólares en comercio bilateral para 2030, establecido durante la India-Korea Business Summit de 2018, aún parece lejano, con solo un 48% logrado para 2021. Datos del informe Exploring India-Korea Trade and Economic Relations (2024) de la India Brand Equity Foundation sugieren que una actualización exitosa del CEPA podría aumentar el comercio en 10-15 mil millones de dólares adicionales en cinco años, siempre que se aborden barreras como los aranceles y las ineficiencias logísticas. Por ejemplo, las exportaciones indias de zinc y aleaciones de zinc contribuyeron a un déficit de 149,89 millones de dólares entre abril y noviembre de 2021-22, una microcosmos de los desequilibrios más amplios que el acuerdo revisado debe abordar.

Los flujos de inversión ofrecen una imagen más prometedora, aunque aún insuficiente. La inversión extranjera directa (IED) acumulada de Corea del Sur en India alcanzó los 6,35 mil millones de dólares entre abril de 2000 y septiembre de 2024, concentrada en sectores como metalurgia, automoción, electrónica y salud. Empresas como Hyundai y Samsung se han convertido en nombres familiares en India, pero el total de IED representa solo el 0,87% de los flujos totales de India, una cifra que Rajiv Kumar critica en Economic Convergence and Strategic Divergence: India-South Korea Relations (2022) como “decepcionante dado el potencial de sinergias económicas”. De manera similar, las inversiones indias en Corea del Sur, que totalizaron 0,91 mil millones de dólares entre 2009 y 2019, siguen siendo modestas, obstaculizadas por altos costos de transacción y diferencias culturales. Sin embargo, en 2025, las oportunidades emergentes en industrias de alta tecnología—particularmente semiconductores y tecnologías verdes—podrían cambiar esta narrativa. La estrategia del Indo-Pacífico de Corea del Sur, lanzada en diciembre de 2022, enfatiza la seguridad económica y la estabilidad regional, alineándose con el impulso de India para convertirse en un centro global de fabricación de semiconductores. Las empresas de ambos países podrían duplicar sus inversiones en estos sectores para finales de la década, siempre que se superen obstáculos regulatorios y deficiencias en infraestructura en India.

Los desafíos no son menores. Las empresas surcoreanas citan con frecuencia la débil base industrial, la infraestructura inadecuada y un sistema legal complejo en India como factores que desalientan una mayor participación. Mientras tanto, las empresas indias enfrentan dificultades en el competitivo mercado surcoreano. Sin embargo, las recompensas potenciales son significativas. Como argumenta Panda, “la asociación económica entre Seúl y Nueva Delhi podría convertirse en un pilar clave para la resiliencia de la cadena de suministro en Asia, especialmente en medio de las disrupciones globales” (India-Korea Relations in the Emerging Dynamics of the Indo-Pacific, 2023). En 2025, el éxito de este eje económico dependerá de la capacidad de ambas naciones para cerrar sus asimetrías, a través de un CEPA revitalizado, inversiones dirigidas y un compromiso compartido con la innovación, estableciendo las bases para una asociación que trascienda sus limitaciones actuales y cumpla con su potencial largamente prometido.

Conexiones culturales y humanas

En 2025, las conexiones culturales y humanas entre Corea del Sur e India se han convertido en un pilar vibrante y cada vez más fundamental de su relación bilateral, tejiendo una red de entendimiento mutuo que va mucho más allá de las transacciones económicas o los alineamientos estratégicos. Esta dimensión, a menudo eclipsada por métricas más tangibles como los balances comerciales y los acuerdos de defensa, está redefiniendo silenciosamente la forma en que ambas naciones se perciben y se relacionan, ofreciendo una base de buena voluntad que podría resultar transformadora en una era en la que la diplomacia depende tanto de las emociones y percepciones como de los tratados y documentos de política exterior. Estos lazos, arraigados en siglos de intercambios a lo largo de las rutas comerciales budistas y revitalizados por fenómenos modernos como el K-pop y Bollywood, representan una forma de poder blando que ambas naciones están empezando a aprovechar con mayor intención. Como señala Jagannath Panda en India-Korea Relations in the Emerging Dynamics of the Indo-Pacific (2023), “los intercambios culturales actúan como un habilitador silencioso, amplificando la narrativa estratégica a través de experiencias humanas compartidas que resuenan más allá de las fronteras”. En este año crucial, estas experiencias no son solo complementarias, sino que se están convirtiendo en una piedra angular de cómo Corea del Sur e India se involucran mutuamente, fomentando un vínculo que promete perdurar más allá de las fluctuaciones geopolíticas.

El turismo, quizás la manifestación más visible de esta creciente cercanía, se ha transformado en un poderoso canal de intercambio cultural en 2025. Los surcoreanos, fascinados durante mucho tiempo por la riqueza histórica y espiritual de la India—desde la majestuosidad del Taj Mahal hasta los monasterios serenos de Bodh Gaya y Sarnath—han incrementado su presencia en territorio indio. A su vez, los viajeros indios, atraídos por la modernidad de Seúl, la belleza tranquila de la isla de Jeju y los icónicos lugares de rodaje de los dramas coreanos, están visitando Corea del Sur en números sin precedentes. Las proyecciones oficiales para 2025 sugieren que el número total de turistas entre ambos países podría superar el medio millón, un salto significativo respecto a las cifras anteriores a la pandemia, impulsado por procesos de visado más ágiles, campañas de marketing conjuntas y un auge de los viajes tras el COVID-19.

La educación también está forjando vínculos duraderos, conectando a una nueva generación de jóvenes con un creciente interés en la cooperación bilateral. Las universidades surcoreanas, reconocidas globalmente por su excelencia en tecnología e ingeniería, se han convertido en destinos atractivos para los estudiantes indios que buscan conocimientos avanzados en inteligencia artificial, robótica y energías renovables. Para 2025, más de 12,000 estudiantes indios estarán matriculados en instituciones surcoreanas, una cifra reportada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de la India en 2024 y que se espera que siga creciendo gracias a programas de becas ampliados, como los ofrecidos por la Korea Foundation.

Por otro lado, los estudiantes surcoreanos también están mostrando un creciente interés en la educación india, especialmente en instituciones como el Indian Institute of Technology (IIT) y el Indian Institute of Management (IIM), así como en estudios de humanidades y sánscrito. Iniciativas como el programa Study in India del gobierno indio y la Global Korea Scholarship han facilitado este flujo bidireccional, creando un ecosistema académico dinámico. Las colaboraciones en investigación conjunta en áreas como el cambio climático y la lingüística histórica han proliferado, con universidades como Seoul National University y Jawaharlal Nehru University liderando el camino. Como argumenta Rajiv Kumar en Economic Convergence and Strategic Divergence: India-South Korea Relations (2022), “este nexo educativo está plantando las semillas para un futuro donde la colaboración trascienda las fronteras, impulsada por profesionales que comprenden las fortalezas de ambas naciones”.

Las industrias culturales—incluyendo música, cine y televisión—se han convertido en el corazón de esta creciente afinidad, cautivando audiencias y despertando imaginaciones de maneras que desafían la distancia geográfica. La ola Hallyu ha impactado fuertemente en la India, con grupos de K-pop como BTS, BLACKPINK y EXO acumulando legiones de fanáticos desde Mumbai hasta Manipur. Al mismo tiempo, el cine de Bollywood ha encontrado su propio nicho en Corea del Sur, con películas como 3 Idiots y RRR conquistando a la audiencia y generando debates en redes sociales.

A pesar de estos avances, existen obstáculos que aún deben superarse. Las barreras lingüísticas siguen siendo un desafío importante—pocos surcoreanos hablan hindi, y pocos indios dominan el coreano más allá de frases básicas aprendidas a través de dramas. La conectividad aérea, aunque en mejora, sigue rezagada respecto a la demanda, con solo unas pocas rutas directas que obligan a los viajeros a hacer escalas en Singapur o Dubái. También persisten estereotipos culturales limitantes: muchos surcoreanos asocian a la India únicamente con el yoga y el curry, mientras que los indios reducen a Corea del Sur a K-pop y tecnología. Como advierte la Vivekananda International Foundation en su informe 50 Years of Diplomatic Ties: Convergence and Challenges in India-South Korea Relations (2023), “sin una estrategia deliberada para elevar los lazos culturales al nivel del compromiso económico y estratégico, su potencial seguirá sin aprovecharse completamente”.

Conclusión

A medida que 2025 marca un punto de inflexión en la relación entre Corea del Sur e India, su asociación emerge como un esfuerzo multifacético que combina ambiciones económicas, necesidades estratégicas y una riqueza cultural compartida en un entramado que encierra tanto promesas como complejidades. Esta relación, posicionada en la intersección de un Indo-Pacífico en transformación, ya no es un pie de página en la geopolítica asiática, sino una fuerza en desarrollo con el potencial de influir en la estabilidad regional.

Las conexiones económicas, impulsadas por un comercio bilateral en ascenso y un proceso de renegociación del CEPA, subrayan un compromiso mutuo por superar las asimetrías estructurales y aprovechar las oportunidades en sectores emergentes como la inteligencia artificial y las energías renovables. Estratégicamente, la cooperación en el Indo-Pacífico—desde ejercicios navales hasta acuerdos de defensa—refleja la evolución de ambos países como potencias medianas que buscan una mayor autonomía en un mundo multipolar. Pero son las conexiones humanas y culturales—impulsadas por el turismo, la educación y la influencia del entretenimiento—las que podrían proporcionar la base más duradera para esta relación, trascendiendo los ciclos políticos y los cambios económicos.

Sin embargo, no todo está garantizado. Como señala Jagannath Panda en India-Korea Relations in the Emerging Dynamics of the Indo-Pacific (2023), “Seúl y Nueva Delhi están en una encrucijada donde la convergencia es evidente, pero la profundidad de su asociación dependerá de su capacidad para cerrar las brechas estratégicas y estructurales”.

Si Corea del Sur e India logran reforzar sus bases económicas con un CEPA actualizado, institucionalizar el diálogo en defensa y aumentar la conectividad cultural, pueden desbloquear un potencial que hasta ahora ha permanecido subexplotado. Esta relación no solo impactará sus propios intereses nacionales, sino que también contribuirá a la configuración de un Indo-Pacífico más estable, resiliente y colaborativo.

En última instancia, el futuro de esta asociación dependerá de la voluntad de ambas naciones de invertir en un compromiso a largo plazo. Como sugiere Panda, “una asociación arraigada en el pueblo tiene el poder de perdurar, trascendiendo lo transaccional para convertirse en verdaderamente transformadora”.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «Defence, Research and Studies» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

William Favre
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Investigador en relaciones internacionales de Asia con especialización en estudios coreanos, licenciado por la Universidad Nacional de Seúl.