Ruta de la Seda Digital: motor de crecimiento económico para los BRICS

BRICS

El panorama geopolítico global está experimentando un cambio profundo. El surgimiento de nuevas potencias, particularmente China y Rusia, está alterando el orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial, dominado por Estados Unidos y sus aliados occidentales. 

En este contexto, el bloque BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se está afirmando como un actor económico y político cada vez más influyente, desafiando la hegemonía occidental. Uno de los proyectos emblemáticos de los BRICS es la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), un vasto programa de inversión en infraestructura destinado a fortalecer los vínculos comerciales y culturales entre China y el resto del mundo. La Ruta de la Seda Digital (DSR) es su extensión al mundo virtual, con el objetivo de tejer una red de infraestructura digital que conecte a los países miembros de BRICS .

Este artículo analiza el potencial geopolítico de la DSR, sus implicaciones en términos de cooperación económica, ciberseguridad y gobernanza digital global. También examina los intereses y desafíos de la Unión Europea ante esta iniciativa BRICS.

El DSR: motor de crecimiento económico y palanca geopolítica para los BRICS

  • Objetivos y ambiciones del DSR  

Lanzado oficialmente por China en 2015, el DSR tiene varios objetivos. Económicamente, su objetivo es estimular el crecimiento de los países BRICS mediante inversiones masivas en infraestructura digital: construcción de cables submarinos, despliegue de 5G, desarrollo del comercio electrónico, etc. Geopolíticamente, el DSR se considera una herramienta para que China expanda su influencia tecnológica e ideológica. sobre sus socios BRICS y más allá. Detrás de la retórica oficial del “destino compartido de la humanidad”, el DSR permitiría a Beijing exportar sus estándares tecnológicos, normas industriales y valores políticos autoritarios.

  • Potencial de desarrollo económico

Al invertir masivamente en la infraestructura digital de los países en desarrollo, el DSR podría generar importantes beneficios económicos, empezando por los propios países BRICS. Para 2025, se espera que el DSR inyecte más de 2 billones de dólares en la economía digital mundial. Más allá de los codiciados mercados de Brasil, Rusia, India y Sudáfrica, el DSR también es una oportunidad para que los gigantes tecnológicos chinos expandan su huella digital a regiones estratégicas como Asia Central, Medio Oriente y África. Al acelerar la transformación digital de estas economías emergentes, el DSR estimulará los flujos comerciales y de inversión en beneficio de los países BRICS.

  • El DSR, una herramienta de poder blando para los BRICS

El DSR es parte de la estrategia de extensión del poder blando de China. Al exportar sus tecnologías y estándares industriales a través del DSR, China busca fortalecer su liderazgo tecnológico e ideológico dentro de los BRICS pero también en el resto del mundo. Por ejemplo, en telecomunicaciones, China está promoviendo activamente la tecnología 5G de Huawei entre sus socios, en detrimento de las tecnologías occidentales. En inteligencia artificial, gigantes chinos como Alibaba o Tencent ya ocupan una posición dominante en muchos países en desarrollo. A largo plazo, el DSR podría permitir a China y a los BRICS institucionalizar un “Consenso de Beijing” basado en valores políticos potencialmente antagónicos al modelo democrático occidental. Detrás de la prometida conectividad digital del DSR, también puede haber un proyecto político expansionista liderado por Beijing.

Ciberseguridad: una cuestión clave para la credibilidad del DSR

  • Mayores riesgos de ciberataques y vigilancia masiva 

Aunque prometedor desde el punto de vista económico, el DSR plantea preocupaciones legítimas sobre la ciberseguridad, la protección de datos personales y el respeto de los derechos humanos. La mayor conectividad de las redes digitales de los BRICS y la adopción generalizada de tecnologías chinas aumentan inherentemente los riesgos de ciberataques, espionaje industrial y vigilancia estatal de los ciudadanos. China, en particular, es criticada periódicamente por sus prácticas ofensivas de ciberespionaje dirigidas tanto a Estados Unidos como a Europa, así como a disidentes políticos y a la minoría musulmana uigur en su propio territorio. En este contexto, es difícil confiar en Beijing y los gigantes tecnológicos chinos para garantizar la ciberseguridad de la infraestructura DSR, tanto dentro de los BRICS como en otros países socios.

  • Cooperación en materia de ciberseguridad: un desafío para los BRICS

Para aliviar estas críticas y fortalecer la credibilidad de su iniciativa, los BRICS deben fortalecer urgentemente la cooperación en ciberseguridad. Esto implica desarrollar estándares comunes, compartir información sobre ciberamenazas y capacitar a expertos calificados en las agencias nacionales de ciberseguridad. También debería considerarse la creación de instituciones inter-BRICS especializadas en la prevención de riesgos cibernéticos, siguiendo el modelo de ENISA en Europa. A largo plazo, el nivel de ciberseguridad proporcionado por los BRICS influirá directamente en la adopción del DSR por parte de otros países codiciados. Sin salvaguardias adecuadas, muchos estados preferirán mantenerse alejados de un proyecto percibido como un caballo de Troya digital pilotado por Beijing a expensas de la seguridad nacional y las libertades individuales.

La gobernanza de la RSD: ¿Hacia una fragmentación de Internet?

  • Desafiando la actual gobernanza global de Internet 

Hasta ahora, la gobernanza global de Internet ha estado dominada en gran medida por los países occidentales y unas pocas multinacionales estadounidenses como Google, Amazon o Facebook. Sin embargo, el despliegue del DSR marca el deseo de los BRICS de tener un mayor peso en la dirección y regulación de las redes digitales globales. Detrás de la retórica sobre la “democratización” y la “multilateralización” de Internet se esconde una lucha de influencias entre dos modelos radicalmente diferentes: por un lado, el modelo liberal liderado históricamente por Estados Unidos; por el otro, un modelo autoritario pilotado por China y exportado a través del DSR al resto del mundo. La actual confrontación entre estas dos potencias por el liderazgo tecnológico global sugiere una profunda fragmentación del espacio digital a lo largo de líneas geopolíticas antagónicas.

  • El difícil equilibrio entre los intereses nacionales y los bienes comunes digitales globales

Más allá de esta confrontación chino-estadounidense, el DSR plantea de manera más amplia la cuestión del equilibrio de la lógica nacional con los bienes comunes digitales globales. ¿Cómo conciliar los intereses legítimos de los Estados, particularmente en términos de seguridad nacional, con la necesaria cooperación internacional para regular los espacios virtuales que son inherentemente transnacionales? ¿Hasta qué punto están dispuestos los BRICS a compartir ciertas prerrogativas soberanas en el ciberespacio para lograr una gobernanza multilateral genuina de Internet? Esto parece dudoso cuando vemos que China o Rusia fortalecen considerablemente su control estatal sobre su segmento nacional de Internet, en desprecio de los valores democráticos universalmente compartidos.

¿Qué estrategia para la Unión Europea frente al DSR? 

  • Oportunidades y riesgos para los intereses europeos 

Dado su peso económico y político, la Unión Europea no puede ignorar un proyecto de integración digital de tan gran escala liderado por los BRICS. Por un lado, el DSR representa oportunidades reales de cooperación con estas nuevas potencias emergentes en sectores clave como el 5G, la computación en la nube, la inteligencia artificial o las ciudades inteligentes. Por otro lado, la UE comparte las mismas preocupaciones que Estados Unidos sobre los riesgos que el DSR, bajo influencia china, plantea para los intereses europeos, ya sean económicos (espionaje industrial), geopolíticos (propagación del autoritarismo digital) o de seguridad (ciberataques).

  • La respuesta europea: tecnología, cooperación y poder blando

Ante este riesgo de vasallaje digital, Europa debe responder con firmeza. En primer lugar, invirtiendo masivamente en innovación tecnológica para mantener su liderazgo en campos punteros como el 5G, la computación cuántica o el blockchain. El desafío aquí es evitar una dependencia excesiva de las tecnologías chinas en su propio territorio. Luego, fortaleciendo la cooperación tecnológica y de seguridad dentro de la propia UE y con sus aliados tradicionales, Estados Unidos en primer lugar. Se han lanzado ambiciosos proyectos conjuntos con Washington en materia de computación en la nube e inteligencia artificial. El objetivo: presentar un frente unido frente a los desafíos que plantean los BRICS y China en particular.

Por último, Europa debe dar más peso a su propio modelo digital basado en valores democráticos y el respeto de las libertades individuales. Este “poder blando al estilo europeo” podría atraer a muchos países divididos entre las promesas del DSR y el temor a un “Gran Hermano” hecho en China.

Conclusión

Con su proyecto Ruta de la Seda Digital, China y los BRICS sin duda han ganado puntos tanto económica como geopolíticamente. Pero la falta de transparencia y los riesgos inherentes al DSR en términos de ciberseguridad o vigilancia ciudadana empañan gravemente su imagen de marca. Para tener éxito, los BRICS tendrán que disipar muchas dudas que socavan la confianza de los Estados y de los individuos en esta iniciativa aún mal definida. En cuanto a la Unión Europea, debe reaccionar tecnológicamente con fuerza para mantener su liderazgo digital ante el ascenso de China al poder. Los próximos años determinarán si el DSR es una oportunidad o una amenaza para el equilibrio digital global.

Nota: este es un artículo republicado del medio «Defence, Research and Studies» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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Investigador en relaciones internacionales de Asia con especialización en estudios coreanos, licenciado por la Universidad Nacional de Seúl.

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