La capital de la India está de nuevo en campaña de «embellecimiento». Esta vez, para mostrar al mundo que «la Tierra es una sola familia».
Delhi está llena de vallas y pantallas electrónicas preparándose para la cumbre del G20. Bajo la hipervisibilidad del mensaje de «Vasudhaiva Kutumbakam» o «el mundo es una familia», en toda la ciudad se ocultan las angustias cotidianas de los más vulnerables de la ciudad, cuyas casas están siendo demolidas por la vía rápida.
En medio del ruido del G20, se ha silenciado la voz de los más desfavorecidos y marginados, que parecen no tener cabida en su credo de «una tierra, una familia y un futuro». Desde que India asumió la presidencia del G20 y empezó a planear la organización de la cumbre, se ha producido una guerra constante contra los pobres.
Miles de casas han sido demolidas en zonas como Kasturba Nagar, Tughlaqabad, Pragati Maidan, las llanuras de inundación del Yamuna y Dhaula Kuan como parte de la campaña de embellecimiento de la ciudad llevada a cabo por el Departamento de Obras Públicas de Delhi (PWD) y la Autoridad de Desarrollo de Delhi (DDA).
Sin techo
Los medios de comunicación y los portales de noticias ya han embotado tanto nuestros sentidos que nada nos conmueve. Esperamos a que ocurra alguna noticia extraordinaria para alimentar nuestra corta capacidad de atención. Las demoliciones parecen haberse convertido en una actividad rutinaria y cotidiana de la que no merece la pena informar y que no llama la atención de nadie. En esos reportajes, las personas se convierten en números, y sus hogares en datos que convierten las vidas singulares en juegos numéricos.
Una de esas historias es la de Gurudyal Singh, de 90 años, a quien se vio sollozando sobre los restos de su casa derruida, sosteniendo un ladrillo del montón. Los ladrillos de su casa rota eran su esperanza, que sujetaba con firmeza, pero que se le escapaba de las manos. Singh espera volver a encontrar una casa nueva, la segunda vez desde la independencia.
Tras ser desarraigado del Punjab pakistaní durante la Partición, Singh pasó a formar parte del submundo de los pobres urbanos de Delhi. Tres generaciones de su familia han vivido en Kasturba Nagar, en Delhi. Sin ninguna riqueza familiar, en la década de 1950 se esforzó por construir una casa en el barrio como medio de superar las disparidades estructurales y romper una barrera sistémica.
Entre esos dos acontecimientos, sobrevivió a una inundación en la que extravió sus viejos papeles, y a un pogromo antisij en 1984. Siguió residiendo con su familia en la casa de tres plantas, y nadie expresó nunca una queja al respecto hasta hace unos días. El DDA, el mayor terrateniente de la ciudad, avisó a los residentes con tres días de antelación para que se marcharan y así poder arrasar el edificio.
Singh y su familia se han quedado solos, sin ningún tipo de rehabilitación ni asentamiento alternativo. Los medios de comunicación apenas mencionan a personas como Singh y sus historias. La objetividad de tales noticias oculta todas las subjetividades que subyacen. Apenas se habla de la violencia estructural contra ellos.
Incluso en los tribunales, los asuntos de demolición son un ejercicio mundano que a nadie parece importarle. Los argumentos de los tribunales y sus sentencias están repletos de términos como «chabolistas de primera», «invasores» e «ilegales» para identificar la presunta culpabilidad de los residentes antes de que comience la vista.
Las salas de los tribunales se convierten en un escenario de violencia verbal. Mientras las autoridades deshumanizan una y otra vez a los habitantes de las chabolas y perpetúan la violencia con las excavadoras, los argumentos de los tribunales parecen hacer lo mismo con sus palabras. La cuestión se ve como una usurpación de terrenos públicos y no desde una perspectiva constitucional y basada en los derechos.
Demoliciones urgentes, rehabilitación lenta
Si nos fijamos en los informes de los medios de comunicación, puede parecer que la mayoría de los terrenos de Delhi están ocupados por estos «usurpadores». Pero las cifras del Censo de 2011 nos cuentan una historia diferente. Sugieren que solo alrededor del 0,5% de la superficie total de Delhi está ocupada por barrios marginales que albergan a cerca del 11% de los residentes de la ciudad.
Es un fracaso de la DDA, a la que se encomendó la tarea de construir al menos cuatro lakh de viviendas para los pobres urbanos utilizando los enfoques de los barrios marginales y las colonias JJ. La ejecución del proyecto Pradhan Mantri Awas Yojna (PMAY) sigue una trayectoria similar. Hasta ahora, sólo se han aprobado y construido unas 30.000 unidades residenciales en Delhi, lo que lo convierte en uno de los estados más lentos en la ejecución del plan.
El Plan Maestro para el año 2021 estimaba un déficit de 24 lakh en viviendas. La incapacidad de autoridades como la DDA para proporcionar viviendas a los desfavorecidos es una razón importante de la proliferación de chabolas en Delhi. Debido a la desconsideración del Estado, los residentes se ven obligados a construir sus chabolas por su cuenta.
Una reciente demolición en Tughlaqabad, en Delhi, hizo que 10.000 personas se quedaran sin techo propio en esta ciudad. Todas ellas han sido abandonadas a su suerte sin que se haya previsto ningún tipo de rehabilitación o asentamiento alternativo. En uno de los casos que representé ante el Tribunal Superior de Delhi, más de 1.000 viviendas se vieron afectadas por una demolición que comenzó sin previo aviso a primera hora de la mañana.
Se trataba del mayor derribo en Delhi, donde el Archaeological Survey of India había reclamado sus terrenos en el fuerte de Tughlaqabad. Los residentes han tenido que vivir sobre los escombros mientras esperan la ayuda del gobierno. Su caso de rehabilitación sigue pendiente en los tribunales. Mientras los tribunales y las agencias actúan con la máxima urgencia para derribar y desalojar a los habitantes, no muestran ninguna urgencia cuando se trata del derecho más básico de los residentes a un refugio y a una rehabilitación respetable.
Cuando se trata de rehabilitación, el tribunal utiliza una definición hipertécnica para descartar la elegibilidad de los residentes para obtener cualquier rehabilitación. En un caso reciente relativo a la rehabilitación de cientos de habitantes de chabolas que habitan en las llanuras aluviales de Yamuna, en Delhi, el Tribunal Superior de Delhi se basó en una interpretación restrictiva de la Ley de 2010 de la Junta de Mejora de los Albergues Urbanos de Delhi (DUSIB, por sus siglas en inglés), según la cual, dado que los grupos de residentes de chabolas no habían recibido notificación del gobierno, no podían optar a la rehabilitación, olvidando que estas políticas están diseñadas para ayudar a las personas más vulnerables a ejercer su derecho a la vivienda, protegido por el artículo 21 de la Constitución.
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La actual oleada de demoliciones ha aumentado debido a la inclusión de criterios poco razonables y poco prácticos en los planes de rehabilitación. Esto hace que sea imposible para cualquier persona reclamar el derecho al reasentamiento. Es hora de que los tribunales dejen de permitir definiciones restrictivas en los planes de rehabilitación que les impiden dar órdenes para realizar estudios y rehabilitar a los habitantes de los barrios marginales.
La incapacidad de autoridades como la DDA para proporcionar viviendas a los desfavorecidos es una razón importante de la proliferación de chabolas en Delhi
Rehabilitación
Contrariamente a la opinión generalizada, en Delhi hay importantes extensiones de terreno que están bajo el control de organizaciones propietarias de terrenos como el DUSIB y el DDA.
La superficie de terreno de que disponen la DDA y la DUSIB es de 36.91.594 m2 y 18.71.659 m2 respectivamente, lo que suma más de 13.755 acres. Se trata de terrenos que no son necesarios para ningún tipo de uso público. Esta superficie es tan grande que más de 1,25 lakh de viviendas de chabolas podrían caber en ella según los requisitos de densidad actuales.
Además, 52.584 pisos destinados al reasentamiento de chabolistas están vacíos, mientras ambos organismos se debaten entre convertirlos en complejos de viviendas de alquiler asequible o emplearlos para la rehabilitación. Hasta ahora sólo se han ocupado unos 4.800 pisos. A pesar de que hay terrenos desocupados accesibles para viviendas, el gobierno no ha mostrado ningún interés en la rehabilitación de las personas afectadas.
Contrariamente a la opinión generalizada, en Delhi hay importantes extensiones de terreno que están bajo el control de organizaciones propietarias de terrenos como el DUSIB y el DDA.
La destrucción de una vivienda es signo de una sociedad rota, como dice Walter Benjamin. Es una ventana que nos permite ver un sistema de maldad que amenaza los cimientos fundamentales del Estado. No se trata sólo de una horrible rutina llevada a cabo por un Estado que sólo se preocupa de sus propios intereses, sino también de una ilegalidad justificada por mecanismos legales. Para comprender la esencia de nuestra sociedad, hay que considerar lo que queda cuando se derriba una casa. Y lo que es más importante, hay que considerar lo que les ocurre a las familias de las personas que, como Singh, vivieron una vez en esa casa. Es una imagen intolerable.
Artículo republicado de The Wire en el marco de un acuerdo entre ambas partes para compartir contenido. Link al artículo original:https://thewire.in/rights/as-india-prepares-to-host-g20-meet-delhis-most-vulnerable-have-been-rendered-homeless
Abogada de Human Rights Law Network, Delhi. Representa a los chabolistas en sus casos ante los tribunales.












