Oriente Rojo, pero también verde: el cambio de rumbo verde de China

En septiembre de 2020, hablando por videoconferencia ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de China Xi Jinping anunció que China se esforzará por lograr un equilibrio entre las emisiones (碳排放 tàn páifàng) y la absorción (碳吸收tàn xīshōu) de dióxido de carbono -la llamada «neutralidad de carbono» (碳中和 tàn zhònghé)- para 2060. A continuación, precisó que el pico de emisiones (碳达峰tàn dáfēng) se alcanzará en esta década, a más tardar en 2030.

El compromiso de China se considera fundamental en la lucha contra el cambio climático (全球变暖quánqiú biànnuǎn): sólo el país es responsable del 28% de las emisiones mundiales. Según Climate Action Tracker, si China reduce sus emisiones a cero para 2060, podría restar entre 0,2 y 0,3 grados centígrados a las proyecciones de calentamiento global para 2100, lo que la convertiría en la mayor contribución de cualquier país del mundo a la lucha contra el cambio climático. Esto supondría reducir el aumento medio estimado de la temperatura global para finales de siglo a unos 2,4-2,5 grados centígrados, acercándose al objetivo fijado por el Acuerdo de París en 2015.

Sin embargo, el objetivo de Pekín es tan ambicioso como complejo: según un reciente informe de Wood Mackenzie, China tendrá que gastar 6,4 billones de dólares para garantizar una capacidad de generación de energía verde suficiente para cumplir su objetivo. El coste se ve agravado por las dificultades para encontrar materias primas como el cobre, el aluminio, el níquel, el cobalto y el litio. Los proyectos de energía solar, eólica y nuclear serán cruciales, ya que tendrán que producir suficiente electricidad no sólo para satisfacer un aumento estimado del 75% de la demanda, sino también para compensar la energía perdida por el recorte de los combustibles fósiles.

En este sentido, un estudio del Centro para la Sostenibilidad Global (Center for Global Sustainability) de la Universidad de Maryland  ha demostrado que, para lograr la neutralidad del carbono en 2060, China tendrá que dejar de construir nuevas centrales eléctricas de carbón y cerrar las ya existentes e ineficientes lo antes posible.

China tendrá que gastar 6,4 billones de dólares para garantizar una capacidad de generación de energía verde suficiente para cumplir su objetivo

Mientras tanto, Pekín ya está estudiando la energía nuclear. Aunque el accidente de Fukushima en 2011 ralentizó el proceso de aprobación de nuevas centrales, el pasado abril se autorizó la construcción de cinco reactores nucleares. Pero el plan no es sólo interno: la tecnología nuclear china también se está desarrollando para la exportación, con el reactor de tercera generación Hualong One, que ya funciona desde el pasado enero en el sureste del país, y que también se exporta a Pakistán y Argentina.

Los bancos también están declarando la guerra al carbón, con nuevas directivas que pretenden reducir las inversiones en proyectos vinculados a los combustibles fósiles o con demasiado impacto medioambiental, y dirigir la nueva financiación hacia el mercado de la energía sostenible. Otras soluciones sobre la mesa para aumentar los fondos dedicados a la transición ecológica son los bonos verdes (绿色债券 lǜsè zhàiquàn), para los que China es el segundo mercado mundial.

La supremacía de China está en las tierras raras, 17 elementos químicos que desempeñan un papel clave no sólo en la producción de dispositivos tecnológicos avanzados, sino también en las actuales tendencias de transformación verde basadas en la electrificación. Sin embargo, los procesos de extracción y refinado no sólo son costosos, sino que también tienen un importante impacto medioambiental. En los últimos años, a raíz de las iniciativas de promoción de la «civilización ecológica», destinadas a revalorizar las zonas rurales y restaurar el entorno natural, Pekín ha intentado remediar la situación con proyectos de recuperación.

Además, China también produce el 30% del total de la electricidad procedente de fuentes renovables (可再生资源 kě zàishēng zīyuán) instalada en el mundo y el año pasado generó el 29,5% del consumo total de electricidad del país a partir de fuentes renovables: el ascenso hacia la transición verde no parte de cero. China también es líder en tecnologías de energía limpia, ya que produce alrededor del 70% de los paneles solares y casi la mitad de las turbinas eólicas del mundo.

China también produce el 30% del total de la electricidad procedente de fuentes renovables  instalada en el mundo

Por último, los dirigentes chinos, tras experimentar con el PIB verde, es decir, la sustracción de los costes medioambientales del producto interior bruto, entre 2004 y 2010, con poco éxito, han puesto en marcha en los últimos años proyectos piloto locales para el uso del Producto Bruto de los Ecosistemas (PEB) (生态系统生产总值 shēngtài xìtǒng shēngchǎn zǒng zhí): un indicador destinado a medir el valor de todos los bienes y servicios producidos por los ecosistemas, incluidos, por ejemplo, los bosques, las praderas, los cursos de agua y los pastos. El objetivo es tener en cuenta el capital natural cuyo valor no se refleja en los cálculos del PIB, pero que es esencial para orientar los procesos de toma de decisiones hacia un enfoque ecológico.

Recomendaciones de lectura:

China’s Sustainability Transitions: Low Carbon and Climate-Resilient Plan for Carbon Neutral 2060 (Cheshmehzangi, Ali, Chen, Hengcai): una visión general de la historia del desarrollo de bajas emisiones de carbono en China y una perspectiva de los futuros esfuerzos de descarbonización

Sviluppo sostenibile e Cina. Le sfide sociali e ambientali nel XXI secolo (Nicoletta Ferro): una colección de ensayos sobre el entrelazamiento del crecimiento chino y el desarrollo sostenible.

Traducción: Mercè Herrerias

 

El artículo se publicó originalmente en idioma italiano en la plataforma China Files y es reproducido en castellano en el marco de un acuerdo de intercambio de información con ReporteAsia. Link a la publicación original: https://www.china-files.com/loriente-e-rosso-ma-anche-verde-la-svolta-green-in-cina/

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Es licenciada en Relaciones e Instituciones de Asia y África, con especialización en China, por la Universidad L'Orientale de Nápoles. Apasionada de las relaciones internacionales y la diplomacia científica, Fabrizia trabaja en proyectos de internacionalización para start-ups y PYMES del sector científico y tecnológico. Le encanta viajar, escribir y experimentar con las "chinoiseries" más extravagantes.