La arena como recurso estratégico y su impacto en la geopolítica mundial

En junio de 2019, el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (UNEP, por sus siglas en inglés), publicó un documento titulado “Sand and Sustainability: Finding new solutions for environmental governance of global sand resources”. El citado informe contiene una base de datos que registra el valor estratégico de la arena y posibilita medir los diferenciales dinámicos de este recurso natural en el marco de la expectativa de futuros escenarios de conflicto. Teniendo en cuenta que no puede producirse a partir de nuestros entornos terrestres, fluviales y marinos en las cantidades necesarias para satisfacer la demanda global, los responsables de la toma de decisiones en los sectores público y privado deberían desarrollar una política que incluya la planificación, regulación y gestión eficaz del mismo.

Un recurso en demanda

La arena es el recurso natural que más se consume en el planeta, además del agua. Y se utiliza en multitud de procesos industriales, ya sea para construcción e infraestructura como para la fabricación de vidrio y productos de alta tecnología como paneles solares y chips informáticos.

El mundo utiliza cada año unos 50.000 millones de toneladas de «áridos» -el término industrial para la arena y la grava, que suelen encontrarse juntas-, lo cual representa el mayor volumen de material sólido extraído a nivel global. Esta cantidad representa el 85% de toda la explotación minera y permitiría cubrir una superficie igual a todo el Reino Unido, Guinea o Rumania.

El hormigón es el destino predominante de la arena: dos tercios de las construcciones del planeta lo utilizan. China entre 2011 y 2013 consumió alrededor de 6.600 millones de toneladas superando lo que los EE.UU. utilizó en todo el siglo XX.

«La arena es el recurso natural que más se consume en el planeta, además del agua»

La arena además se emplea también para el asfalto de las carreteras y la recuperación de tierras, en lugares como Singapur. Es fuente de minerales estratégicos para la innovación como son el dióxido de silicio, torio, titanio y uranio entre otros; se utiliza además en las industrias de fabricación de papel y fracturación hidráulica, donde forma parte de la mezcla arenosa que se inyecta bajo tierra para fracturar los depósitos de esquisto y liberar gas natural o petróleo. Otro uso estratégico es en la fabricación de vidrio, donde la arena de alta calidad constituye el elemento principal.

La Ruta de la Seda y el Collar de Perlas chino en la región Indo-Pacífico

Se proyecta una inquietante escasez de arena

Sin embargo, la gestión sostenible de este recurso natural es cada vez más crítica. El problema radica en que no todas las arenas son adecuadas para todos los usos, por ejemplo, la arena que se extrae del desierto, en su mayoría no sirve para la construcción, ya que sus granos suelen ser redondeados por la erosión del viento y no se unen bien al hormigón; es el caso paradigmático de Emiratos Árabes Unidos que teniendo un desierto debe importar arena de Australia.

«El hormigón es el destino predominante de la arena: dos tercios de las construcciones del planeta lo utilizan»

Por otro lado, la dragada del fondo marino no es tan buena para el hormigón porque hay que limpiarla de la sal que podría corroer el metal de los refuerzos estructurales de los edificios. La arena extraída de pozos en tierra o la dragada de los lechos de los ríos y lagos es la más adecuada para todos los usos, pero su extracción tiene un impacto devastador para el medio ambiente, ya que pueden alterar radicalmente el caudal de los ríos, deteriorar sus riberas, secar los afluentes y destruir los humedales y la pesca.

A pesar de ser un recurso escaso y de la huella medioambiental que su extracción genera, las evaluaciones de impacto ambiental son insuficientes y no existen tratados internacionales que regulen su extracción, uso o comercio, ni siquiera normas que promuevan prácticas adecuadas.

Diplomacia marítima china: ¿un desafío a la potencia hegemónica?

Algunos datos globales

Alrededor del 60% del uso de arena para utilizarla en el hormigón en todo el mundo corresponde a China. En la India, la cantidad de arena para la construcción utilizada anualmente se ha triplicado desde el año 2000. El principal motor es la creciente urbanización, que es en realidad un problema global.

Según un informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, la población mundial aumentará en 2000 millones de personas y prevé que el 68% del total vivirá en zonas urbanas para 2050. El aumento de la población urbana especialmente en los países de ingresos medios y bajos, que son los que lideran la tendencia– requerirá una adecuada gestión por parte de los gobiernos locales para satisfacer las necesidades de urbanización de sus ciudadanos.

«La arena es fuente de minerales estratégicos para la innovación como son el dióxido de silicio, torio, titanio y uranio, entre otros»

A modo de ejemplo, en Asia, África y América Latina, las ciudades se están expandiendo a un ritmo mucho mayor que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad.

Un nuevo modelo de desarrollo de China con implicancias globales

El mercado de la arena en Asia

En Singapur, la arena se emplea para la recuperación de tierras. Con el fin de extender su superficie habitable unos 130 km2, en los últimos 40 años, ha importado medio billón de toneladas de arena de otros países como Indonesia, Malasia, Vietnam y Camboya, aumentando su tamaño en un 20%.

En Vietnam la draga de arena está contribuyendo a la desaparición del delta del río Mekong –históricamente reabastecido de sedimentos transportados por el río desde las montañas de Asia Central–, afectando los humedales costeros y los hábitats de los peces y aves costeras. La construcción de cinco grandes represas y la previsión de otras doce sobre el río, en China, Laos y Camboya potencian aún más estos efectos.

Por su parte, los pescadores de Indonesia, Malasia y Camboya han visto reducir sensiblemente sus medios de vida por el dragado ya que destruye las hierbas marinas, crea penachos de sedimentos que pueden desplazarse a lo largo de kilómetros y puede provocar la erosión de la costa. Los agricultores de Myanmar afirman que lo mismo ocurre a lo largo del río Ayeyarwady. También, la extracción de arena provocó el derrumbe de un puente en Taiwán en el año 2000, y otro al año siguiente en Portugal.

Además, la alta demanda y el rápido beneficio que reporta, este recurso ha estimulado el desarrollo de un peligroso mercado ilegal que opera y comercia con ella de forma descontrolada en varios países del mundo donde, para la población local que convive con estas organizaciones, resulta una actividad muy atractiva en comparación con la poca rentabilidad de otros oficios tradicionales como la pesca. Por supuesto, lo hacen sin saber que así contribuyen a la degradación ambiental del entorno en el que viven.

Corredor Árabe-Mediterráneo-India-Europa: una oportunidad estratégica para los productores de alimentos

¿Qué solución se plantea ante este flagelo?

En la actualidad, un número cada vez mayor de académicos piden a Naciones Unidas y al Banco Mundial que desarrollen programas globales que limiten los daños causados por la extracción indiscriminada de arena, y contribuyan a generar un cambio social similar al que se requiere para abordar el cambio climático. En este sentido, varios investigadores y científicos estudian la sustitución de la arena en el hormigón por otros materiales, como las cenizas volantes, el plástico triturado y las cáscaras de palma de aceite, entre otros, así como en el desarrollo de un hormigón que requiera menos arena.

En otras palabras, mientras continúa la erosión natural del lecho de ríos, lagos y mares en todo el mundo, su reposición natural no lo hace. La arena es, de hecho, un recurso renovable, que se genera cuando los ríos se erosionan aguas arriba y depositan sedimentos aguas abajo. Está claro que la extracción de arena continuará, por eso es vital una mejor regulación.

«Alrededor del 60% del uso de arena para utilizarla en el hormigón en todo el mundo corresponde a China»

En una publicación de 2018 de World Wildlife Fund (WWF) denominada “Sand mining on ecosystem structure, process & biodiversity in rivers”, su autor Lois Koehnken expone que «los ríos pueden soportar la extracción de arena». Pero existen límites. La cantidad extraída, dice, debe estar «dentro de la variabilidad natural de la carga de sedimentos del sistema». Eso sugiere una regla sencilla que podría aplicarse en todo el mundo: la extracción de arena en los ríos no debería superar el ritmo de reabastecimiento de arena desde aguas arriba.

Hasta que eso ocurra, el uso indiscriminado de la arena continuará expandiéndose, provocando un impacto masivo en el planeta y, por tanto, en la vida de las personas.

 

 

 

 

 

Acerca del autor

Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Licenciado en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino.