Pilar en los próximos cinco años: lo que el mercado ya está mostrando y pocos están leyendo

Los mercados inmobiliarios no cambian de golpe. Cambian despacio, con señales que aparecen antes de que los precios las reflejen, antes de que los portales las registren y antes de que los análisis de mercado las nombren. Pilar lleva dos décadas enviando ese tipo de señales. Los que las leyeron a tiempo compraron tierra en Manzanares cuando era campo, apostaron a los condominios de baja densidad antes de que el modelo se masificara y entendieron que el teletrabajo iba a transformar la demanda residencial antes de que la pandemia lo convirtiera en un hecho irrefutable.

Hoy el mercado está enviando nuevas señales. Y leerlas bien es la diferencia entre llegar primero o llegar cuando la oportunidad ya tiene precio de oportunidad perdida.

La densificación del km 43 empuja la demanda hacia el km 60

La primera señal es geográfica. El tramo del km 38 al km 50 de la Panamericana alcanzó en los últimos años un nivel de densificación que en algunos puntos ya empieza a tensionar su propio atractivo. Las colectoras saturadas en horario pico, la presión sobre la infraestructura de servicios y la pérdida progresiva del entorno verde que justificó la migración original al corredor son síntomas de un mercado que maduró y que en su madurez produce una nueva demanda: la de quienes buscan lo que el km 43 ya no puede ofrecer.

Esa demanda existe y está creciendo. Y el destino natural hacia el que se dirige es el tramo del km 55 al 65, donde todavía hay tierra disponible, lotes de escala generosa, entorno campestre genuino y precios que no alcanzaron todavía el nivel de corrección que el km 43 ya procesó. En los próximos cinco años, ese desplazamiento de demanda va a ser el motor principal del crecimiento de valor en las subzonas más alejadas del corredor.

La infraestructura que viene

La segunda señal es de infraestructura. Pilar tiene proyectadas para los próximos años una serie de obras viales y de servicios que van a reducir los tiempos de acceso a las subzonas más alejadas y a mejorar la conectividad interna del partido. Cada minuto que se reduce en el tiempo de viaje entre el km 60 y el acceso a la Panamericana es un minuto de distancia psicológica que desaparece entre Manzanares y la ciudad.

La historia del corredor norte muestra con consistencia que la infraestructura vial precede a la valorización. El km 43 despegó cuando la Panamericana mejoró su acceso. Nordelta se consolidó cuando el corredor de Benavidez se desarrolló. Los Cardales crecieron cuando la autopista se extendió. El patrón se repite porque la lógica es siempre la misma: la conectividad reduce la percepción de distancia y la percepción de distancia es uno de los factores que más incide en la decisión de compra en el corredor norte.

Manzanares: el submercado inmobiliario de Pilar que tiene identidad propia

El polo de servicios que todavía falta

La tercera señal es comercial. Pilar entre el km 55 y el km 65 tiene hoy una oferta de servicios cotidianos que creció en los últimos años pero que todavía no alcanzó la densidad y la calidad que el km 43 consolidó hace una década. Esa brecha —entre la población residente permanente que ya existe en la zona y los servicios que esa población todavía tiene que buscar en otros puntos del corredor— es exactamente el tipo de oportunidad que en los próximos cinco años va a generar inversión comercial, nuevos emprendimientos de proximidad y una dinámica de crecimiento del tejido urbano que retroalimenta el valor residencial.

Los mercados que están en esa etapa —con residentes pero sin servicios suficientes— tienen una trayectoria conocida en el corredor norte: primero llegan los comercios de primera necesidad, después la gastronomía, después los servicios profesionales y de salud, y finalmente la infraestructura de ocio y entretenimiento. Ese proceso tardó quince años en completarse en el km 43. En Manzanares y el km 60, con una base de residentes permanentes más sólida desde el inicio y una demanda de calidad de vida más exigente, puede tardar menos.

El perfil de comprador que está llegando

La cuarta señal es demográfica. El perfil del comprador que está llegando hoy a las subzonas más alejadas del corredor norte es distinto al que llegó hace diez años. Es más joven, tiene mayor tolerancia a la distancia gracias al teletrabajo, tiene menos prejuicios sobre el km 60 porque creció viendo cómo el km 43 se transformó y tiene una expectativa de calidad de vida que el km 43 ya no puede satisfacer al precio que ese comprador puede o quiere pagar.

Ese comprador es el que va a definir la demanda del corredor norte en los próximos cinco años. Y sus preferencias —lotes más grandes, menos densidad, entorno natural genuino, comunidades pequeñas con expensas razonables— apuntan directamente a las subzonas que todavía tienen esas características disponibles. Pilar, Manzanares, Villa Rosa, Zelaya y el corredor del km 55 al 65 son los territorios que ese comprador va a descubrir en los próximos años con la misma intensidad con que la generación anterior descubrió el km 43.

Lo que el mercado ya está mostrando

El corredor norte en 2031 va a ser muy distinto al de hoy. Más denso en algunas zonas, más desarrollado en otras y con submercados que hoy son emergentes convertidos en referencias consolidadas. Ese proceso no es una predicción. Es la extrapolación de tendencias que ya están visibles para quien sabe dónde mirar.

Los que lean esas tendencias antes de que los precios las reflejen van a tener la misma ventaja que tuvieron los que llegaron primero a Manzanares, a Nordelta o a cualquier otro submercado del corredor norte antes de que el mercado generalista lo descubriera. No porque sean más inteligentes. Sino porque están mirando al territorio con la atención que el territorio merece, y con la paciencia de quien entiende que en el negocio inmobiliario el tiempo siempre termina dando la razón a quien tomó la decisión correcta antes de que fuera obvia.

Álvaro Castro Burgueño
 |  + posts

Álvaro Castro Burgueño tiene más de 20 años de experiencia como consultor inmobiliario.

Director de Banco de Tierras y Bank of Assets. Ha cursado las carreras de Abogado en la USAL, Administración de Real Estate y DPM en Dirección de Empresas en IAE y UA.