Ángelo Calcaterra: «el nuevo paradigma urbano se basa en el bienestar y la tecnología»

Ángelo Calcaterra

Para el arquitecto y empresario Ángelo Calcaterra, “la arquitectura del futuro no puede prescindir de su responsabilidad social y ambiental. Ya no se trata solo de diseñar edificios bellos, sino de crear estructuras que dialoguen con el planeta y con quienes las habitan”. El año 2025 encuentra a la arquitectura y la construcción en una transformación profunda.

En un contexto global marcado por la urbanización acelerada, el cambio climático y la digitalización, la industria se enfrenta al desafío de reinventarse para ser más eficiente, resiliente y humana. Las nuevas tendencias apuntan hacia un modelo de desarrollo centrado en la sostenibilidad, la innovación tecnológica, el bienestar de las personas y la adaptación al entorno.

Los edificios de consumo neto cero (net-zero), que producen al menos la misma cantidad de energía que consumen, ya no son una excepción. Son una tendencia en auge. Ejemplos como el Bullitt Center en Seattle o el Powerhouse Brattørkaia en Noruega marcan el camino que cada vez más ciudades están adoptando. En palabras de Ángelo Calcaterra, “construir sin pensar en la eficiencia energética es ignorar la realidad. Hoy, cada decisión en un proyecto debe considerar su impacto ambiental”.

Los materiales ecológicos también ocupan un lugar central. La madera laminada cruzada (CLT) y los ladrillos de plástico reciclado, por ejemplo, representan alternativas sostenibles al hormigón y al acero tradicionales. Además, tecnologías emergentes como el hormigón con captura de carbono están demostrando que es posible construir y al mismo tiempo mitigar el cambio climático. Para Ángelo Calcaterra, “el futuro pertenece a quienes apuesten por la economía circular, reutilizando materiales y prolongando la vida útil de los edificios. Esa será la clave de la competitividad”.

Tecnología: revolución desde los cimientos

La digitalización está reconfigurando los procesos de diseño y construcción. El modelado de información de construcción (BIM), ahora integrado con sensores del Internet de las Cosas (IoT), permite monitorear en tiempo real el avance de las obras, anticipar problemas y tomar decisiones basadas en datos. Asimismo, la inteligencia artificial optimiza los diseños desde el punto de vista térmico, lumínico y estructural, reduciendo errores y costos.

La impresión 3D también ha llegado al sector. Empresas como ICON construyen viviendas en pocas horas, con mínimos residuos y costos significativamente menores. Ángelo Calcaterra señala: “La automatización no es una amenaza, sino una oportunidad para aumentar la productividad y resolver el cuello de botella que representa la falta de mano de obra especializada”.

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Por su parte, tecnologías inmersivas como la realidad aumentada y la realidad virtual ya son parte del día a día en grandes desarrollos inmobiliarios, permitiendo a los clientes recorrer espacios antes de que existan físicamente.

En paralelo al avance tecnológico, el diseño arquitectónico en 2025 se vuelve más humano. Conceptos como el diseño biófilico —que integra vegetación, luz natural y agua— cobran protagonismo en la planificación urbana. El Bosco Verticale de Milán es uno de los ejemplos más inspiradores, demostrando que es posible incorporar naturaleza al corazón de las metrópolis.

“Diseñar pensando en el bienestar de las personas ya no es una opción, es un deber ético”, destaca Ángelo Calcaterra. “Las ciudades deben sanar, no enfermar”. Así, los espacios flexibles —capaces de adaptarse a diferentes usos— se imponen como respuesta a una vida urbana dinámica, híbrida y, en muchos casos, atravesada por el trabajo remoto.

Las ciudades inteligentes también ganan terreno. Desde la gestión del tráfico hasta el uso eficiente de energía, sensores distribuidos permiten tomar decisiones en tiempo real. Ejemplos como Songdo en Corea del Sur o Masdar City en los Emiratos Árabes Unidos son referencias ineludibles para los urbanistas del presente.

El cambio climático obliga a pensar más allá del diseño convencional. En 2025, los edificios deben ser resilientes. Desde estructuras antisísmicas en Japón hasta complejos flotantes en los Países Bajos, la arquitectura responde a un nuevo paradigma donde lo imprevisible es parte del escenario habitual.

“Ya no alcanza con que un edificio sea eficiente; tiene que ser resistente. Diseñar para un mundo en crisis es una responsabilidad del arquitecto moderno”, opina Ángelo Calcaterra.

La reutilización adaptativa también está en auge: fábricas abandonadas convertidas en viviendas, estaciones de tren transformadas en centros culturales. Se trata de preservar, resignificar y revitalizar lo existente.

Las estrategias pasivas, como la ventilación cruzada, las orientaciones solares o el uso de materiales térmicamente inerciales, cobran nuevo valor frente a los aumentos en el costo de la energía y los eventos climáticos extremos.

Ángelo Calcaterra

¿Y el costo?

Uno de los principales desafíos es el acceso a estas innovaciones en regiones de bajos ingresos. Tecnologías como la automatización, los materiales ecológicos o la infraestructura inteligente suelen ser costosas. Sin embargo, los expertos coinciden en que sus beneficios superan la inversión inicial.

Para Ángelo Calcaterra, “el verdadero costo está en no innovar. Si no invertimos en sostenibilidad hoy, mañana pagaremos con infraestructura obsoleta, contaminación y baja calidad de vida”.

En regiones como América Latina, donde muchas ciudades aún carecen de planificación eficiente, existe una oportunidad de saltar etapas y adoptar soluciones modernas desde el inicio. Pero para que eso ocurra, es indispensable contar con políticas públicas que promuevan el acceso equitativo a estas herramientas y con marcos regulatorios claros.

Las proyecciones para los próximos años son ambiciosas. Se espera que al menos la mitad de los nuevos edificios construidos hacia 2030 sean sostenibles. El mercado de materiales verdes podría superar los 500 mil millones de dólares, y las ciudades inteligentes prometen gestionar el consumo energético hasta un 30% más eficientemente.

“La arquitectura siempre fue un espejo de su tiempo”, concluye Ángelo Calcaterra. “Hoy, nuestro tiempo exige soluciones integrales. Debemos construir ciudades que no solo funcionen, sino que inspiren, que cuiden y que resistan”.

En definitiva, la arquitectura de 2025 ya no se limita a levantar paredes. Construye comunidades, previene catástrofes, mejora la salud, conecta personas y cuida el planeta. El rol del arquitecto, más que nunca, está llamado a liderar una transformación cultural, donde la belleza va de la mano de la conciencia, y la técnica se pone al servicio de la vida.

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Arquitecto, especialista en construcción en seco.