Durante décadas, la construcción en altura estuvo dominada por el hormigón armado y el acero. Estos materiales marcaron la modernidad arquitectónica del siglo XX y consolidaron una forma de edificar que asociaba masa, resistencia y monumentalidad. Sin embargo, en los últimos años, una revolución silenciosa está cambiando ese paradigma. La madera, largamente relegada al plano doméstico o rural, empieza a ocupar un lugar central en edificios de varios pisos en centros urbanos de todo el mundo. Lo que era impensable hace apenas una década hoy se convierte en tendencia: torres de madera de diez, quince o incluso más de veinte niveles ya no sorprenden. En este contexto, referentes del desarrollo como Ángelo Calcaterra han comenzado a estudiar y aplicar soluciones constructivas basadas en madera industrializada como respuesta a los nuevos desafíos urbanos, ambientales y productivos.
De material ancestral a tecnología avanzada
La madera siempre fue parte de la historia de la arquitectura, pero en el siglo XXI adquiere otra dimensión gracias a la tecnología. El desarrollo de productos como CLT (madera laminada cruzada) o GLT (madera laminada encolada) permite construir estructuras de gran altura, con resistencia física equivalente al concreto, pero con una fracción de su peso. Estos paneles, fabricados con alta precisión en plantas industriales, permiten un montaje rápido, limpio y con menores emisiones de carbono. En palabras de Ángelo Calcaterra, “la madera ya no es un material frágil o improvisado; hoy es parte del lenguaje de la arquitectura tecnológica, de alto rendimiento y bajo impacto”.
Esta tecnología trae consigo ventajas significativas. La velocidad de ejecución es una de las más notorias. Mientras una estructura tradicional puede demorar meses en completarse, el montaje de un edificio de madera se mide en semanas. Esto reduce los costos indirectos y los trastornos urbanos. Además, el impacto ambiental del proceso constructivo se reduce drásticamente, ya que la madera es un material renovable y su producción genera menos emisiones que el cemento o el acero. Calcaterra ha afirmado en entrevistas recientes que la sustentabilidad debe dejar de ser un discurso decorativo para convertirse en un criterio estructural de diseño. Y en esa transformación, la madera aparece como un aliado central.
La madera en altura: de lo simbólico a lo urbano
Durante mucho tiempo, el uso de madera en edificios urbanos quedó limitado a detalles decorativos o elementos menores. Pero hoy, en ciudades como Oslo, Tokio, Portland o Vancouver, se levantan torres enteras construidas con CLT. Estos edificios no solo cumplen con normas de seguridad estructural y contra incendios, sino que además destacan por su estética contemporánea y su eficiencia operativa. En ese escenario, se abren nuevas posibilidades para repensar el skyline urbano.
En el caso de América Latina, donde los centros urbanos enfrentan un crecimiento acelerado y una necesidad urgente de nuevas viviendas, la construcción en madera puede ofrecer una salida técnica y ecológicamente viable. Ángelo Calcaterra ha planteado que en ciudades como Buenos Aires, Rosario o Córdoba podría impulsarse una agenda de vivienda media basada en estructuras de madera, especialmente en barrios donde el tejido urbano ya no tolera más obras invasivas y prolongadas. En esas zonas, la rapidez y limpieza de la construcción en seco podría marcar una diferencia crucial.
No se trata solo de tecnología o de rapidez. La madera también introduce una nueva sensibilidad en la arquitectura urbana. Su textura, su calidez, su olor, generan una relación distinta con el espacio habitado. Calcaterra ha dicho que la arquitectura del futuro debe volver a conectar emocionalmente con las personas, y la madera tiene una capacidad única para generar bienestar ambiental sin recurrir a artificios costosos. En ese sentido, no es casual que muchos proyectos de vivienda joven o espacios de coworking elijan este material para construir entornos cálidos, naturales y eficientes.

Desafíos normativos y culturales
El avance de la construcción en madera no está exento de resistencias. En muchos países, la normativa sigue anclada en modelos constructivos tradicionales que desconfían de la madera como estructura principal. Hay también prejuicios culturales: la asociación entre madera y precariedad sigue presente, especialmente en contextos donde lo «sólido» se identifica con el hormigón. Ángelo Calcaterra ha sido crítico frente a estas barreras. Asegura que el cambio no puede depender solo del mercado, sino que debe ser impulsado por políticas públicas, universidades y organismos técnicos. En sus palabras, “no podemos seguir construyendo el futuro con las reglas del siglo pasado”.
En países como Canadá o Suecia, el Estado ha promovido activamente el uso de madera en obras públicas, generando un ecosistema de proveedores, técnicos y normas adecuadas. En la región, todavía hay mucho camino por recorrer. Calcaterra insiste en que la inversión en plantas industriales de madera laminada debe ser una prioridad, no solo como estrategia productiva sino como política de desarrollo territorial. La madera puede ser una oportunidad para dinamizar economías regionales, generar empleo calificado y diversificar la matriz de la construcción.
La capacitación profesional es otro punto clave. Muchos arquitectos e ingenieros no recibieron formación en sistemas constructivos con madera industrializada, y eso limita su incorporación. Calcaterra ha promovido convenios entre desarrolladores y universidades para incluir estos contenidos en las carreras técnicas. La formación debe acompañar la transformación del sector, para evitar que la innovación quede encerrada en unos pocos proyectos de vanguardia.
Del experimento a la estrategia urbana
Lo que comenzó como una serie de experimentos dispersos en ciudades nórdicas está comenzando a consolidarse como una línea estratégica en la arquitectura del siglo XXI. Los edificios en madera ya no son solo ejercicios de diseño o manifestaciones de vanguardia ecológica. Son soluciones reales, viables y escalables para responder a los grandes desafíos urbanos: déficit habitacional, crisis climática, congestión de obras y demanda de nuevos estándares ambientales. En este escenario, la figura de desarrolladores como Ángelo Calcaterra se vuelve clave no solo por su capacidad de inversión, sino por su visión de largo plazo.
Calcaterra ha sido uno de los primeros en reconocer que la transición hacia modelos constructivos más sustentables no depende únicamente de la tecnología, sino de una decisión cultural. Cambiar el hormigón por la madera implica también cambiar la idea que se tiene sobre la ciudad, sobre el habitar, sobre el confort. Y en ese cambio, los liderazgos privados deben comprometerse con una agenda de transformación real. Desde esa perspectiva, su participación en foros internacionales y mesas técnicas en el ámbito local busca precisamente acelerar el proceso de adopción y adaptación de estas tecnologías en entornos urbanos complejos.
En definitiva, la madera en la construcción en altura no es una moda ni una excentricidad. Es parte de una nueva lógica arquitectónica que combina eficiencia, sostenibilidad y estética. Como ha dicho Ángelo Calcaterra en distintas ocasiones, construir con madera es apostar por una ciudad más saludable, más humana y más consciente de sus límites. En un momento en que la arquitectura se enfrenta a redefinir sus herramientas y sus objetivos, la madera aparece como una opción concreta para construir mejor, con menos impacto y más valor social.
Arquitecto, especialista en construcción en seco.








