Durante mucho tiempo, la arquitectura moderna se enfocó en encerrar el clima exterior y sustituirlo con tecnología. A medida que las ciudades crecieron y los sistemas de climatización se volvieron masivos, la eficiencia térmica quedó relegada a un segundo plano. Hoy, ante una crisis climática que no admite demoras y un sistema energético en tensión constante, las tecnologías pasivas resurgen como una estrategia vital para la vivienda urbana. Estas soluciones, que aprovechan recursos naturales como el sol, el viento o la inercia térmica, permiten reducir de forma drástica el consumo sin resignar confort. Para especialistas como Ángelo Calcaterra, se trata de un cambio de paradigma que está transformando tanto la manera de proyectar como la de habitar.
Rediseñar con el clima: el retorno a la arquitectura inteligente
A diferencia de los sistemas activos –aires acondicionados, calefactores, extractores–, las tecnologías pasivas trabajan sin depender de la energía convencional. Orientación solar adecuada, ventilación cruzada, sombreados, muros trombe, materiales con inercia térmica, aislación eficiente, techos ventilados: todas son decisiones de diseño que disminuyen la necesidad de intervención mecánica. Ángelo Calcaterra ha sido una de las voces del sector privado que más ha insistido en su incorporación desde la etapa de proyecto, no como accesorio, sino como parte del corazón arquitectónico.
«La arquitectura pasiva no es volver al pasado. Es traer inteligencia climática al presente», afirma Ángelo Calcaterra. Desde su rol como promotor de desarrollos urbanos, ha impulsado proyectos donde se aplican principios pasivos adaptados a contextos urbanos densos, demostrando que no se trata solo de una estrategia rural o marginal. La clave está en estudiar el comportamiento térmico del edificio desde el inicio y optimizar cada metro cuadrado para que funcione con el clima en lugar de pelear contra él.
Confort sin consumo: un nuevo estándar para las viviendas urbanas
En el contexto actual, donde la eficiencia energética ya no es una opción sino una obligación, las tecnologías pasivas están redefiniendo el concepto de confort. No se trata solo de bajar la factura eléctrica, sino de construir espacios que sean naturalmente habitables, que respiren, que mantengan su temperatura sin sobresaltos y que reduzcan el impacto ambiental. Calcaterra sostiene que «una vivienda eficiente no necesita esconder su funcionamiento: se vuelve parte del diseño y del estilo de vida».
El ejemplo más claro es la orientación solar. En la mayoría de las ciudades del hemisferio sur, orientar las principales aberturas al norte permite aprovechar al máximo la radiación solar en invierno y protegerse con aleros o vegetación en verano. Sin embargo, muchas veces se privilegia la vista o la disposición del lote sin considerar el clima. Calcaterra ha señalado que estas decisiones aparentemente menores pueden representar hasta un 40% de diferencia en el rendimiento térmico de una vivienda. Por eso, insiste en integrar a los especialistas en energía desde la primera etapa del proyecto.
Otro aspecto clave es el uso de materiales con buena inercia térmica, capaces de acumular calor durante el día y liberarlo por la noche. Esto reduce la necesidad de calefacción en invierno y estabiliza la temperatura en verano. En este sentido, Ángelo Calcaterraha apostado por soluciones mixtas que combinan tecnologías modernas con saberes tradicionales, como el uso de ladrillo macizo, muros dobles ventilados y techos verdes. «La innovación no siempre está en lo nuevo, a veces está en saber usar mejor lo que ya tenemos», suele decir.
Desafíos urbanos: cómo aplicar tecnologías pasivas en contextos densos
Uno de los prejuicios más comunes es que las tecnologías pasivas solo funcionan en viviendas unifamiliares, con terrenos amplios y buena ventilación. Pero en ciudades densas, donde el espacio escasea y los edificios se apilan unos sobre otros, también hay estrategias posibles. Calcaterra ha trabajado con equipos técnicos para adaptar soluciones pasivas a desarrollos verticales, utilizando patios internos, ventilación cruzada forzada, doble piel de fachada, protecciones solares exteriores y terrazas ajardinadas.
«La densidad no es enemiga de la eficiencia», sostiene Calcaterra. La clave está en entender cada edificio como un sistema y no como una serie de unidades aisladas. En proyectos recientes se ha logrado reducir hasta un 60% el consumo energético incorporando estrategias pasivas simples, como filtros solares automáticos, aberturas ubicadas estratégicamente o circulación vertical de aire caliente por efecto chimenea. Lo importante es que la tecnología no reemplace al clima, sino que lo aproveche.
A nivel normativo, cada vez más municipios incorporan exigencias de eficiencia en los nuevos proyectos. Sin embargo, muchos de estos códigos siguen enfocados en la energía consumida, y no en la que se evita consumir. Ángelo Calcaterrapropone que las tecnologías pasivas deberían ser premiadas con incentivos reales, como mayor aprovechamiento del suelo o reducción de tasas, ya que su impacto ambiental positivo es directo y comprobable.

Arquitectura pasiva como política pública: una agenda pendiente
Si bien el sector privado ha empezado a adoptar estrategias pasivas por razones económicas y de diferenciación, su adopción masiva solo será posible si se convierte en política pública. Para Ángelo Calcaterra, esto implica incluir estos criterios en los planes de vivienda social, en las licitaciones de edificios escolares y hospitalarios, y en todo el parque habitacional que se construya a partir de ahora. «La eficiencia no debe ser un lujo. Tiene que ser un derecho», afirma.
Una vivienda bien orientada, con buena aislación y ventilación natural, puede representar un ahorro de miles de pesos anuales en energía. Para sectores de bajos ingresos, esto no es un detalle menor: puede significar la diferencia entre acceder a un confort mínimo o vivir en condiciones de precariedad térmica. Calcaterra ha trabajado con organizaciones que promueven la construcción sustentable en barrios populares, apostando a un modelo replicable, de bajo costo y alta eficiencia.
En el mediano plazo, incorporar tecnologías pasivas a escala urbana también permite reducir la demanda sobre el sistema eléctrico en los momentos de mayor consumo. Esto es clave para prevenir apagones, reducir subsidios y mejorar la resiliencia de las ciudades frente al cambio climático. Calcaterra advierte que si no se toman medidas estructurales hoy, las ciudades del futuro podrían volverse inhabitables por exceso de calor, humedad o dependencia energética.
Arquitecto, especialista en construcción en seco.








