En los campos del Noroeste Argentino, Paramerica SA está llevando adelante un cambio silencioso pero profundo. La empresa, conocida por su trayectoria en el sector agroindustrial, decidió hace algunos años revisar su forma de producir carne y avanzar hacia un modelo que no sólo mantenga los rendimientos, sino que también regenere los suelos, proteja la biodiversidad y mejore el entorno productivo.
Ese camino la llevó a incorporar prácticas de ganadería regenerativa, una forma de manejo que se apoya en el conocimiento del ecosistema y busca que la producción no degrade, sino que mejore lo que toca.
Un manejo distinto
En las fincas que Paramerica tiene en Tucumán y otras zonas del NOA, el trabajo diario en los campos ya no sigue las mismas rutinas que hace una década. Las rotaciones de animales se planifican con precisión, se respetan los tiempos de descanso del pasto, se evita el uso de fertilizantes sintéticos y se pone especial atención en cómo se comporta el suelo.
Uno de los puntos clave de este sistema es el pastoreo rotativo, una técnica que consiste en dividir los potreros en parcelas más pequeñas y mover el ganado con frecuencia. Esto permite que el pasto se recupere naturalmente, sin agotarse, y que el estiércol funcione como fertilizante. Con el tiempo, el campo gana en cobertura vegetal y los suelos, antes compactados o erosionados, vuelven a respirar.
“No es sólo mover animales, es leer el campo”, explica uno de los técnicos de la empresa. “Hay que mirar el estado del suelo, la altura del forraje, la humedad. Cada decisión cambia el resultado.”
Suelos vivos, mejores resultados
Uno de los efectos más visibles del cambio fue la recuperación del suelo. Donde antes había parches de tierra pelada o pasto de mala calidad, hoy crecen especies forrajeras más variadas y resistentes. Esto no solo mejora la alimentación del ganado, sino que también ayuda a retener agua, reducir la erosión y fijar carbono.

En paralelo, la empresa comenzó a medir indicadores biológicos del suelo. A través de análisis periódicos, se hace un seguimiento de la actividad microbiana, la materia orgánica y la infiltración de agua. La mejora ha sido constante, y los resultados ya empiezan a verse en los números: mejor índice de conversión, menos gastos en insumos y una producción más estable.
La decisión de dejar atrás los agroquímicos también trajo beneficios. “Nos enfocamos en fortalecer el sistema natural del campo. Cuando hay equilibrio, los problemas se reducen solos. Hay menos enfermedades, menos necesidad de intervenir”, señalan desde el equipo técnico.
Producción y cuidado, al mismo tiempo
Lejos de tratarse de un modelo idealista o marginal, lo que Paramerica está desarrollando en sus campos es un sistema productivo rentable, que además mejora la tierra. Se produce carne, pero también se recuperan suelos, se conserva el agua y se fomenta la diversidad vegetal y animal.
El modelo exige planificación, observación y trabajo constante. No hay recetas fijas. Cada campo es distinto, cada año trae desafíos nuevos. Por eso la empresa apuesta a la formación continua de su equipo y a la incorporación de jóvenes profesionales rurales que traen nuevas miradas al manejo del campo.
Gente en el campo
Uno de los efectos positivos menos comentados de esta forma de producir es su impacto social. La ganadería regenerativa requiere más seguimiento, más conocimiento, más personas tomando decisiones en el terreno. Eso implica más empleo local, más oportunidades para jóvenes y más arraigo en zonas rurales donde muchas veces las opciones laborales escasean.

Paramerica está trabajando en ese sentido: forma a su personal, capacita a productores asociados y colabora con universidades de la región para impulsar un modelo de campo con futuro. “Queremos que nuestros técnicos no solo entiendan el modelo, sino que también lo transmitan. Que se conviertan en referentes en sus zonas”, dicen desde la empresa.
Un modelo con futuro
En un país con más de 150 millones de hectáreas de pastizales, el potencial de este enfoque es enorme. Pero el cambio no es inmediato. Requiere tiempo, convicción y una mirada que vaya más allá de la próxima campaña.
Paramerica SA está convencida de que ese es el camino. La transición ya está en marcha, los resultados comienzan a sostener las decisiones, y el modelo se consolida, parcela a parcela, potrero a potrero. No se trata de discursos ni de tendencias: se trata de trabajar todos los días con la idea de que producir bien también puede significar cuidar la tierra.
“Nos propusimos producir carne sin destruir lo que nos da de comer. Hoy, después de varios años, vemos que es posible. Y que vale la pena”, concluyen desde la empresa.
Colaboradora en ReporteAsia.














