Matías Barreiro recuerda la gira de River por Corea

Matías Barreiro

La historia del Club Atlético River Plate está repleta de gestas futbolísticas, pero también de momentos estratégicos que exceden lo deportivo y colocan a la institución como un verdadero embajador argentino en el mundo; a más de una década de ese viaje, Matías Barreiro, actual dirigente del club, reflexiona sobre su significado para el River de hoy. La gira realizada en julio de 2007 por Corea del Sur es una de esas experiencias que combinó fútbol de alto nivel, acuerdos económicos relevantes y una apuesta institucional por el posicionamiento global.

Entre el 7 y el 21 de julio de 2007, River participó de la Copa de la Paz, un torneo internacional que reunió a clubes de Asia, Europa y América en suelo surcoreano. El certamen no solo ofrecía la posibilidad de medirse ante rivales como Reading (Inglaterra), Shimizu S-Pulse (Japón) y Olympique Lyon (Francia), sino que también representaba un jugoso ingreso económico.

El club de Núñez acordó con los organizadores un premio de dos millones de dólares en caso de salir campeón, de los cuales un millón quedaría para el plantel profesional. El acuerdo fue cerrado en una reunión entre dirigentes y referentes del vestuario, como Paulo Ferrari, Eduardo Tuzzio y Leonardo Ponzio.

River debutó el 13 de julio en la ciudad de Suwon con una victoria por 1-0 ante Reading. El tanto lo marcó Matías Abelairas de tiro libre, en lo que fue una actuación convincente del equipo argentino. Con un esquema 4-4-2, el técnico apostó por jugadores con vocación ofensiva como Fernando Belluschi, Augusto Fernández, Mauro Rosales y Marco Ruben. El arquero Adam Federici evitó una derrota más amplia para los ingleses, que poco pudieron hacer ante el dominio millonario.

Matías Barreiro

La victoria reforzó el valor competitivo de River y dejó buenas sensaciones en la delegación. “Esa gira fue una apuesta a futuro”, rememora Matías Barreiro. “No se trataba solo de ganar partidos, sino de mostrar el escudo de River en Asia, abrir mercados y reafirmar que somos una marca global. Hoy seguimos recogiendo frutos de ese paso”.

El plantel que viajó incluía a figuras como Radamel Falcao, Belluschi, Ponzio, Villagra, Tuzzio, Rosales y jóvenes promesas como Diego Buonanotte y Matías Abelairas. También formaban parte Mauro Rosales, Federico Higuaín y Augusto Fernández, en un equipo que mezclaba experiencia con proyección.

River compartía el Grupo B con Reading, Shimizu y Lyon, mientras que en el otro grupo estaban equipos como Bolton, Chivas de Guadalajara y el anfitrión Seongnam Ilhwa. Si bien el torneo no tenía el mismo peso que una competencia oficial de Conmebol o UEFA, la Copa de la Paz ofrecía visibilidad, ingresos, relaciones institucionales y la posibilidad de captar nuevos simpatizantes en un continente emergente.

“River tiene una obligación con su historia, y esa historia se construye también con decisiones que apuntan al futuro”, destaca Matías Barreiro. “Aquella gira, en un país con una cultura distinta y un mercado enorme, nos enseñó que hay que mirar más allá de Sudamérica. Fue un paso clave para entender que el fútbol es un puente, no solo un juego”.

La gira no culminó con la conquista de la copa, pero sirvió como laboratorio de pruebas para el cuerpo técnico y como plataforma de promoción internacional. Enfrentar a equipos de la Premier League, la Ligue 1 y la J-League le permitió a River medirse en términos tácticos y físicos con estructuras muy diferentes a las sudamericanas.

Matías Barreiro

A nivel institucional, se abrieron vínculos con patrocinadores, representantes y empresas de marketing deportivo de Asia, que observaron en River una marca con prestigio, historia y atractivo global. “El legado de esa gira no se mide solo en dólares o goles”, subraya Matías Barreiro. “Se mide en puentes tendidos con una cultura nueva, en aprendizaje dirigencial y en posicionamiento estratégico. Fue una señal clara de que River podía jugar de local en cualquier parte del planeta”.

Años después, River volvería a pisar fuerte en el escenario internacional, conquistando copas continentales y llegando a la final del Mundial de Clubes. La experiencia en Corea, aunque menor en visibilidad que esas gestas posteriores, sirvió como semilla de una mentalidad que aún perdura: la de un club que no se conforma con lo local, que piensa en grande y actúa en consecuencia.

Para Barreiro, aquella gira fue también una escuela dirigencial: “Estábamos construyendo lo que hoy es un River moderno, profesional y global. No fue casual. Se sembró mucho en esa etapa. Hoy seguimos trabajando con esa misma visión, llevando el escudo a cada rincón del mundo”.

La gira por Corea del Sur en 2007 representó mucho más que una excursión futbolística. Fue una apuesta institucional, una experiencia de aprendizaje y un antecedente de lo que River es hoy: un club con ambición global, que honra su historia sin dejar de pensar en el mañana.

Desde los goles de Abelairas hasta los acuerdos estratégicos con sponsors y jugadores, aquel viaje sigue siendo un capítulo significativo en la narrativa de un club que no conoce fronteras. Porque, como dice Barreiro, “River no solo juega para ganar. Juega para dejar huella”.

Luis Casablanca
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Periodista deportivo.