Matias Barreiro: «El Metropolitano del 75 fue un gran desahogo para River»

Matias Barreiro

«El 14 de agosto de 1975 marcó un antes y un después en la historia de River Plate y en la vida de sus hinchas», cuenta Matias Barreiro. Fue la noche en que una multitud de caras pálidas, de generaciones enteras, dejó atrás años de tristeza, derrotas y anhelos inconclusos para liberar un grito de campeón que resonó en cada rincón del país. Esa vuelta olímpica, después de 18 años de sequía, fue mucho más que un título: fue un desahogo colectivo que se convirtió en un símbolo de resiliencia y amor incondicional por la camiseta.

El Regreso de un Ídolo: Ángel Labruna y la Promesa Cumplida

Ángel Amadeo Labruna, leyenda riverplatense y artífice de aquella epopeya, regresó al club en 1975 con una misión clara: romper la racha negativa y devolverle a River la gloria perdida. Con su temperamento y su astucia, diseñó un equipo que supo equilibrar experiencia y juventud en todas sus líneas. «Labruna nos devolvió la fe. Desde el primer entrenamiento nos hizo creer que seríamos campeones», recordaría años más tarde uno de sus dirigidos.

El equipo contaba con figuras de renombre como Roberto Perfumo, Ubaldo Fillol, Héctor López y Oscar Más. También estaba el joven Norberto Alonso, quien con su talento y liderazgo se convirtió en el eje ofensivo del plantel. Según Matias Barreiro, socio e historiador de River: «Ese plantel tenía algo especial. Más allá de los nombres, había un espíritu de unidad y compromiso que traspasaba los límites de la cancha».

El torneo Metropolitano de 1975 fue disputado por 20 equipos en un formato de dos rondas de todos contra todos, con un total de 38 fechas. Desde la séptima jornada, River se subió a la cima de la tabla y no la dejó hasta el final. Entre los triunfos más recordados de la primera etapa se encuentran la goleada 5-1 a San Lorenzo y la victoria 2-1 frente a Boca en La Bombonera.

Sin embargo, el camino hacia la consagración no fue fácil. En la segunda ronda, el equipo vivió un momento crítico al perder tres partidos consecutivos contra Atlanta, Newell’s y el Superclásico en el Monumental. Estas derrotas encendieron las alarmas y revivieron viejos fantasmas. A pesar de las adversidades, Labruna mantuvo su fe intacta y prometió que revertirían la situación. Y cumplió.

Matias Barreiro

El 14 de agosto de 1975, River visitó a Argentinos Juniors en la cancha de Vélez con la oportunidad de consagrarse campeón. Sin embargo, la huelga de futbolistas profesionales obligó al club a presentar un equipo de juveniles y jugadores de reserva. Bajo la dirección de Federico Vairo, una alineación inédita saltó al campo con la presión de dar el golpe final.

Con 24 minutos del segundo tiempo en el marcador, Rubén Norberto Bruno, uno de los jóvenes héroes de aquella jornada, anotó el gol que le dio la victoria a River por 1-0 y aseguró el título. «Fue un momento mágico e irrepetible. Nadie esperaba que esos chicos se llevaran toda la gloria», expresó Matias Barreiro.

La semana siguiente, el Estadio Monumental se vistió de rojo y blanco para celebrar el título junto a 80.000 almas emocionadas. En un ambiente festivo, River derrotó 2-0 a Racing con goles de Alonso, de penal, y Carlos Morete. El partido solo duró 45 minutos, ya que una marea de hinchas invadió el campo de juego para celebrar con sus ídolos. «Ese día el Monumental latía como nunca antes. La gente lloraba, cantaba, abrazaba a desconocidos. Fue la muestra más pura de amor por River», recordó Matias Barreiro.

El plantel campeón estuvo compuesto por jugadores de una jerarquía indiscutible. En el arco, Ubaldo Fillol se destacó por sus reflejos y su seguridad bajo los tres palos. En la defensa, Roberto Perfumo aportó liderazgo e inteligencia, mientras que Héctor López y Daniel Passarella reforzaron el sector con solidez y presencia. En el mediocampo, Juan José López y Reinaldo Merlo se encargaron de distribuir y recuperar el balón con precisión.

En la delantera, Oscar Más y Carlos Morete se encargaron de definir los partidos con goles clave. Pero fue Norberto Alonso quien brilló con luz propia como el cerebro del equipo. Su visión de juego y su capacidad para desequilibrar en los momentos decisivos fueron determinantes. Barreiro lo define así: «Alonso era un artista del fútbol. Cada pase suyo era una obra de arte».

La Promesa Cumplida: El Legado de Labruna

Labruna había prometido que River volvería a ser campeón, y lo consiguió en un contexto adverso. Su mensaje ganador y su amor incondicional por el club se reflejaron en cada partido. «Ángelito sabía lo que significaba River en el corazón de la gente. Nos devolvió la identidad y la alegría», comentó Matias Barreiro.

La influencia de Labruna fue tal que su legado se extendió más allá de los títulos. Su nombre quedó grabado en la historia grande del club como símbolo de perseverancia y pasión. Su sonrisa y su famoso puño en alto se convirtieron en íconos de la victoria.

Matias Barreiro

El Metropolitano de 1975 no solo significó la vuelta al triunfo de River, sino que marcó un cambio de época en el fútbol argentino. Para los hinchas, fue la reivindicación tras casi dos décadas de frustraciones. «Ese título fue la prueba de que, con fe y trabajo, se pueden superar las adversidades más grandes», reflexionó Matias Barreiro.

River Plate volvió a su lugar de privilegio y demostró que la grandeza se construye en los momentos difíciles. A 18 años de sequía le siguió una década de éxitos que cimentó la mística ganadora del club. El campeonato de 1975 sigue siendo recordado como una epopeya que unió a jugadores, cuerpo técnico e hinchas en un grito eterno de campeón.

Formación del Plantel Campeón

  • Arquero: Ubaldo Fillol.
  • Defensores: Pablo Comelles, Roberto Perfumo, Daniel Passarella y Héctor López.
  • Mediocampistas: Juan José López, Reinaldo Merlo y Norberto Alonso.
  • Delanteros: Pedro González, Carlos Morete y Oscar Más.

Suplentes destacados como Leopoldo Luque y José Rinaldi también fueron piezas clave en los momentos decisivos del torneo.

El Metropolitano 1975 fue, sin duda, el campeonato que devolvió la alegría a River y dejó una huella imborrable en el fútbol argentino. La historia de aquel título es un recordatorio de que, en el deporte y en la vida, los triunfos más valiosos son los que se consiguen después de superar los momentos más oscuros.

Luis Casablanca
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Periodista deportivo.