“La gente nos identifica por vista o por estereotipo. Quiero lograr poner en alto la cultura china y que realmente nos conozcan”, Tomás Xu, empresario, influencer y promotor de la gastronomía china en Argentina

Tomás Xu

Nacido en Argentina, pasó sus primeros años en China, donde absorbió la cultura de sus raíces. Hoy, se dispone a difundir la cultura china a través de sus restaurantes, de las redes y apostando fuerte al modelo de franquicia.

“Soy la primera generación nacida en Argentina”. Así inicia la conversación con Tomás Xu, empresario gastronómico. Nos encontramos en una de las sucursales de El Gourmet de Shanghai, marca que gestiona desde hace varios años en Buenos Aires y que fuera fundada por su familia. Sin embargo, lo conocí por redes. Es que además de ser chef, Tomás ya es un influencer, dedicado activamente a la promoción de la gastronomía china desde su cuenta @tomixushanghai. Pero ya llegaremos a eso.

“Mis padres fueron inmigrantes de Shanghái, en China, vinieron en los años ‘80 a buscar una oportunidad”, relata. “China es un país con demasiada población, y cuando esa población sobrepasa el poder adquisitivo que tiene el país, hay pobreza. Entonces era muy común que emigren los chinos a diferentes países. A mis papás justo les tocó Argentina, que en aquel momento era un país que estaba muy bien. Después nací yo en el ‘98, pero al año me mandaron a China. Eso suele ser una costumbre de muchos chinos de acá. Es doloroso para todos los padres, todos queremos tener a nuestros hijos al lado. Yo, cuando era más chico, culpaba a mis papás de que no querían estar conmigo y por eso me mandaron con mis abuelos».

«Hoy que soy más grande, entiendo que ciertamente había que poner en la balanza un par de cosas. Uno, ellos querían que absorbiéramos el estudio y la cultura de China. Tienen una educación muy diferente a lo que es Argentina. Eso no está ni mal ni bien, solo es diferente. Otra cultura, otras raíces. Y también, los mandan debido al tiempo que ellos dedican al trabajo. El inmigrante chino que llega a Argentina viene a trabajar, está enfocado en eso y se esclaviza. Desde mi punto de vista llegan a una obsesión, pero la gente que no ha vivido la pobreza o la situación de tener hambre no va a saber las ganas de poder sacarse eso de encima y que la generación siguiente no pase hambre. Yo creo que por eso es tanto el trabajo que hacen los chinos, desde la mañana hasta la noche, y por eso tampoco quieren darle una condición de vida al bebé donde esté durmiendo en el negocio”.

Según explica Carolina Mera en su artículo Migración coreana y china en Argentina 1960-2000 (2016), la comunidad china está marcada por tres periodos migratorios bastante definidos: durante la primera mitad del siglo XX se contabilizaron los primeros inmigrantes (en su mayoría hombres solteros), seguido por una oleada de grupos familiares en la década de 1980, y finalmente un tercer período en la década de 1990 de grupos familiares. Cada período tenía sus características y motivaciones particulares. La familia de Tomás Xu se encuadra entonces en el segundo período, que esperaba mejorar su situación en Argentina, pero manteniendo el contacto con las raíces.

“Regresé a mis 8 años y ahí empecé con la vida típica de los chinos en Argentina en un comercio, ya sea un restaurante, supermercado o lavandería. Es común que tengamos el negocio, y que dentro o al lado del negocio tengamos la vivienda, porque directamente dormís y trabajás. Los chicos nos criamos ahí. En mi caso teníamos un restaurante y yo me hacía mi mesita y ahí estudiaba, trabajaba y ayudaba a mis papás. El primer Gourmet de Shanghai fue en Ramos Mejía. Mis padres se habían asociado con un argentino y ellos fueron los que difundieron la marca. Mi papá ni siquiera era un gran chef, era una persona que sabía cocinar. Y gracias al armado que hicieron con su socio lograron abrir ese primer local. Después se trasladaron a Recoleta, de Recoleta a Palermo, y de Palermo a Paternal. Este fue el último recorrido que hicieron mis padres y el local donde me terminé de criar. Fui creciendo en el restaurante y mi vida se vio rodeada por la gastronomía. Aprendí a cocinar a los 9 años”.

Al rubro gastronómico, de por sí sacrificado, se le sumaría el peso de la cultura china dedicada al trabajo. Aunque este panorama no pareciera ser lo ideal, Tomás ofrece una mirada más conciliadora (y quizás inconscientemente plasmada del camino del medio budista).

“Hay cosas que me gustan, así como hay cosas que me gustaría cambiar, y en eso estoy. Me parece muy esclavizante el trabajo de estar ahí. Mis padres trabajaban en un horario partido, desde las 11 hasta las 16 y después desde las 19 hasta las 24. Yo formaba parte del grupo de trabajo, pero a medida que fui creciendo no pensé que me iba a quedar en la gastronomía, porque ¡tantos años había pasado en el rubro, que no pensé que me iba a dedicar a esto! Cuando termino la secundaria, por una crisis familiar, se decidía si yo tomaba las riendas del local o lo vendían. Entonces con quien hoy es mi señora y madre de mi hija, decidimos aceptar el desafío. Pero yo ya tenía otra ambición, y también otra visión. Desde un principio dije que “estar clavado 14 horas en un lugar es autoesclavizarse”. Podés decir que sos dueño, pero seguís siendo un autoesclavo. Entonces lo primero que pensé era formar un equipo donde podía compartir mis conocimientos y enseñarles lo que es la cultura china”.

El camino, sin embargo, no ha sido fácil. “En un momento me fue muy bien en el negocio, llegué a tener hasta siete sucursales”, cuenta. “Hasta que fui golpeado por las aplicaciones. Yo trabajaba mucho con ellas, y cuando fueron creciendo me pusieron ciertas condiciones y me dieron vuelta a nivel comercial. Y bueno, tuve que sostener las sucursales que más me servían, y me terminé quedando con el local de Palermo, con el de Mataderos y con el de Paternal”.

La apuesta actual de Tomás en el rubro busca cubrir múltiples aristas para alcanzar la meta de difusión de la cultura china, y lo explica de esta manera: “Nosotros siempre habíamos trabajado en modo delivery. Queríamos llegar a todo el público mediante ese método. Pero fui viendo estrategias y estudiando, y entendí que necesitaba tener un espacio en donde la gente venga y vea la ambientación, el emplatado, y yo mismo poder contarle la historia de ese plato. De esa idea salieron los dos restaurantes de Palermo y Mataderos hace unos cuatro años”.

Tomás Xu
El local de El Gourmet de Shanghai en Palermo (Crédito: El Gourmet de Shanghai / Tomás Xu).

Tomás comenta además que “el inmigrante de China todavía está cumpliendo su ciclo de la primera generación. Es decir, todavía la gente no nos conoce. Nos identifica por vista o por estereotipo, porque escucharon esto o lo otro, pero no sabe quiénes somos realmente. No conoce nuestra historia”. Menciona los casos de Japón y Corea y cómo lograron difundir sus países a través de la gastronomía, pero también con buena estrategia comercial y hasta apoyo audiovisual como las populares series de Netflix. Su objetivo es claro: quiere lograr lo mismo, pero con China. “Lo que yo opino es que todo tiene su ciclo de difusión en el que el país conoce a la otra cultura y gracias a eso se fusiona. Por ejemplo, en Argentina somos fusión de españoles e italianos, por eso nos encanta la pasta y la carne, pero no quita que de acá la evolución de los siguientes años sea con otros países como los de Asia. Un sueño que quiero cumplir es lograr poner en alto la cultura china y que la gente realmente nos conozca. Como pasa en Estados Unidos, México, Venezuela, Perú. En todos esos países la comida china, o mejor dicho, la cultura china, ha logrado pequeños espacios. En Estados Unidos no vas a ver ninguna película donde no aparezca una cajita china”.

Esta última afirmación me hizo recordar varias escenas de películas estadounidenses donde afloran las “cajitas chinas” rellenas de noodles (fideos). O quizás son un invento de mi imaginación y yo misma las estoy insertando en películas que me vienen a la mente. Por eso, el punto se entiende. Las reconozco y las asocio inmediatamente. Aunque, hay que decirlo, la intención de Tomás puede resultar polémica: ¿se considera comida china real si viene en una “cajita china”? Ante esta duda, Tomás se explaya en su visión de negocio para promover la difusión de la cultura china.

“El restaurante es un negocio normalmente familiar. Generalmente vos llegás a un restaurante chino, conocés a los dueños y compartís un momento familiar allí, lo cual es muy hermoso. Pero yo quiero algo que realmente impacte al país, porque no alcanza que 100 mil personas me conozcan. Yo quiero que conozcan en todo el mundo la comida china. Por más que yo sea bueno en lo que hago, no me van a alcanzar las manos para difundir por el país. Entonces, uno de los modelos de negocio más conocidos y más rentables hoy en el mercado son las franquicias. Una marca que crece de la mano de diferentes dueños, pero teniendo una misma idea y una misma calidad de producto. Eso no solo va a ayudar a la marca, sino también a que la comida se difunda. Así como hay franquicias de sushi, quiero armar mi franquicia, pero de comida china. Por eso apuesto por la franquicia, que se puede extender por distintas provincias. Creo que con el tiempo y el trabajo que estamos haciendo en las redes y el soporte de los restaurantes, va a ir creciendo de a poco. A fines de enero de 2024 vamos a estar abriendo el local de Paternal remodelado y ya para marzo vamos a estar ofreciendo el modelo franquiciario”.

Tomás Xu
Tomás Xu (Crédito: El Gourmet de Shanghai / Tomás Xu).

Tomás Xu, como en el caso de otros miembros de las comunidades asiáticas locales, no estuvo exento de recibir comentarios desagradables durante su niñez y adolescencia. Aunque destaca su templanza para enfrentarlos. “Uno lamentablemente va escuchando comentarios por la calle. Yo vine de una primera generación donde en la primaria siempre se burlaban, y no todos nos podemos defender. Había mucha burla del otro lado sobre los ojos rasgados o que los chinos comen cualquier cosa. Todos estereotipos que se dicen sobre China cuando realmente no nos conocen. Yo por lo menos era bastante bruto, me vivía peleando con mis compañeros. Después por suerte me hice buenos amigos, fui compartiendo mejores grupos, y ya cuando llegué a la secundaria, pude alcanzar un liderazgo. Ya era delegado del curso, me llevaba bien con todos, y logré que la gente cercana a mí, en vez de burlarse, quisiera conocerme y saber de qué se trata esta cultura. En las redes estoy difundiendo y contándole a la gente que hay un significado atrás, que está bueno que pruebe. Siempre fui alguien con autoestima así que confié en mi potencial de hacer algo bueno, porque me concentro y trato de crear ideas, pero también tiene su contra. Es un arma de doble filo”.

Y así, completamos este ciclo de entrevista volviendo al inicio y a cómo conocí a Tomás, el influencer. “Trato de tomármelo tranquilo. Hay comentarios muy positivos, que son la gran mayoría, donde me dicen que les gusta lo que hago. También sigue habiendo comentarios insignificantes y de ignorantes burlándose. Yo los contesto. Pero la idea nace porque dije “tengo que hacer algo más que llegue a la gente”. Yo ya soy padre y no quiero que mi hija sufra lo que yo sufrí. Porque yo me defendí, pero tampoco es que la pasé bien. En la primaria tenés un grupo de 20 chicos y están jugando todos, menos vos porque te excluyen. Eso no me gustaría que le pase a mi hija. Ni tampoco que salga por la calle y alguien le diga una burla».

«Entonces quise mostrar quién soy y contar mi historia, creando contenido que a la gente le interese y que de a poquito se vaya conociendo. Lo más importante no soy yo, sino la cultura en sí. Porque así como yo hay un montón. Somos muchos “argenchinos” que ya estamos grandes. Compartimos el mismo idioma, las mismas costumbres, la misma cultura, somos argentinos, pero con las raíces y orígenes de nuestra familia china. El poder compartir con mi esposa que es argentina, y decirle “che, esta es mi familia”, o decirle a mis amigos cercanos “che, esta es la cultura china” está bueno, porque ellos me compartieron la cultura de argentina”.

 El Gourmet de Shanghai

– Sucursal Palermo: Honduras 4169

– Sucursal Mataderos: Fonrouge 1243

– Sucursal Paternal (de próxima apertura, solo take away y delivery): Almte. F.J. Seguí 1684

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Licenciada en Estudios Orientales (Universidad del Salvador). Especialista en Relaciones Públicas. Cuenta con una diplomatura superior en Educación, Imágenes y Medios (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Tiene una Maestría en Industrias Culturales, Política y Gestión (Universidad Nacional de Quilmes). Es profesora de la clase sobre Japón en la materia Procesos Interculturales, de la Maestría de Diversidad Cultural (Universidad Nacional de Tres de Febrero). Imparte cursos de capacitación sobre historia, cultura y protocolo de China, Corea y Japón (Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco).

 

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