El mercado de bonos panda de China está experimentando un notable auge, atrayendo a un número creciente de prestatarios extranjeros. Esta tendencia no solo refleja el atractivo financiero, sino que también sirve a los intereses geopolíticos de Beijing, que utiliza este instrumento para profundizar su influencia política y económica global, especialmente entre los países participantes en la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI).
Los bonos panda son valores denominados en yuanes y vendidos en el mercado interno de China por emisores domiciliados fuera del país. Estos se distinguen de los bonos dim sum, que generalmente se emiten en Hong Kong y se han utilizado históricamente para navegar las estrictas restricciones de capital de China continental.
El crecimiento del mercado es sustancial. A mediados de septiembre de 2025, el valor total de bonos panda en circulación alcanzó los 389 mil millones de yuanes (aproximadamente 54.6 mil millones de dólares), una cifra que ya supera el volumen de los bonos samurai, emitidos por empresas extranjeras en Japón. Según proyecciones financieras, las ventas totales de bonos panda para el año completo podrían acercarse a los 223 mil millones de yuanes.
Este incremento se atribuye principalmente a los bajos tipos de interés ofrecidos por China y a las recientes reformas regulatorias. Estas reformas, implementadas en 2022, flexibilizaron las normas que anteriormente obligaban a los prestatarios a utilizar los fondos exclusivamente dentro del territorio chino. Actualmente, los emisores tienen la capacidad de mover los fondos recaudados fuera del país, aumentando su atractivo global.
El análisis del mercado muestra una correlación entre los emisores y la alineación política con China. Los aliados cercanos de Beijing son los que más han recurrido a este mecanismo de financiación en los últimos tiempos, una tendencia que podría fortalecerse incluso si el diferencial de tasas de interés con Estados Unidos se reduce tras un recorte de la Reserva Federal.
Un ejemplo destacado de esta conexión política y financiera es la reciente consideración por parte de China de permitir a los gigantes energéticos estatales de Rusia emitir bonos panda por primera vez desde 2017. Los lazos actuales entre Beijing y Moscú son considerados sólidos. Desde la invasión de Ucrania en 2022, el banco central ruso ha adoptado el yuan como una moneda de reserva clave, y empresas energéticas rusas ya han emitido bonos denominados en yuanes en su mercado local.
Esta dinámica de financiación se extiende a los países clave de la BRI. En julio, Hungría se convirtió en el mayor emisor soberano de bonos panda, vendiendo 5 mil millones de yuanes con vencimientos a tres y cinco años. La financiación obtenida por Hungría está destinada a la adquisición de equipos chinos para la construcción de proyectos de infraestructura de la BRI. Esto ilustra cómo los bonos panda se están utilizando para facilitar la compra de bienes y servicios chinos en proyectos estratégicos.
Otros países vinculados a la BRI también se encuentran en la fila para acceder a este mercado. Pakistán ha asegurado garantías del Banco Asiático de Desarrollo y del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) para una próxima emisión de bonos panda. Paralelamente, el fondo soberano de Kazajistán ha recibido la aprobación de su junta directiva para una propuesta de venta de estos instrumentos. Incluso el AIIB, con sede en Beijing, emitió 2 mil millones de yuanes en notas a dos años en el mercado panda en el mismo mes que Hungría.
Más allá de la BRI, el mercado de bonos panda está emergiendo como una herramienta estratégica para la desdolarización de la deuda soberana, especialmente para naciones expuestas a la tensión geopolítica entre Estados Unidos y China.
El gobierno húngaro, por ejemplo, declaró que los ingresos de sus bonos panda se utilizarán para diversificar su base de deuda en moneda extranjera, que actualmente se compone en un 97% de dólares estadounidenses y euros. Este uso de los bonos panda para liquidar deuda denominada en dólares es un factor clave detrás del auge de estos instrumentos y coincide con el mayor uso internacional del yuan.
Las cifras reflejan esta tendencia: el comercio transfronterizo liquidado en yuanes ha alcanzado los 10.7 billones de yuanes, y la inversión directa transfronteriza se sitúa en 7.6 billones de yuanes. Desde que se relajaron las restricciones en 2022, aproximadamente el 39% de los fondos recaudados mediante bonos panda se han destinado a uso offshore, parte de los cuales se ha utilizado para el repago de deudas en dólares de los prestatarios.
A largo plazo, China busca utilizar el mercado de bonos panda para diversificar sus fuentes de financiación para el desarrollo. Existe una intención clara de reducir la dependencia de los bancos para el financiamiento de proyectos de desarrollo, buscando movilizar capital de inversores institucionales y fondos globales.
A pesar del crecimiento acelerado, el mercado de bonos panda aún enfrenta desafíos que limitan su capacidad para ser un instrumento de financiación verdaderamente global. Actualmente, representa solo alrededor del 0.2% del vasto mercado de bonos de China, una cifra minúscula que subraya su limitada liquidez en comparación con los mercados de bonos de otras grandes economías.
Un obstáculo significativo es la base de inversores, que está fuertemente concentrada. Los productos de gestión de patrimonio vendidos por bancos chinos representan la mayor parte de las inversiones en bonos panda. Los inversores en estos productos poseen más del 40% del total de bonos en circulación, y los bancos nacionales mantienen otro 28% de la tenencia. Esto dificulta la diversificación global del riesgo.
Otro punto que socava la diferenciación del mercado es la calificación crediticia. Las agencias de rating chinas han otorgado a la mayoría de los emisores de bonos panda sus calificaciones más altas (AAA, en el 95% de los casos). Esto genera una baja diferenciación de riesgo para los inversores globales y levanta preocupaciones sobre la objetividad de la evaluación.
El caso de las gigantes energéticas rusas, a las que la agencia de calificación estatal china CSCI Pengyuan asignó su máxima calificación crediticia, ilustra esta disparidad. Esta calificación se otorgó a pesar de que S&P Global Ratings había rebajado a Gazprom a una calificación de bono basura (CCC-) en marzo de 2022, citando los riesgos operacionales y la disminución de los ingresos por exportación de gas debido a las sanciones y las interrupciones geopolíticas.
Además, una porción significativa de la actividad del mercado de bonos panda proviene de las ramas offshore de las propias empresas estatales chinas que buscan recaudar fondos en yuanes para sus operaciones. Los analistas señalan que más de la mitad de los vendedores de bonos panda son empresas chinas en el extranjero, lo que indica que el mercado aún no es tan global en su naturaleza como su tamaño podría sugerir.
A pesar de los desafíos de liquidez y concentración, el interés por los bonos panda como moneda de financiación está creciendo en nuevas regiones. Se ha detectado interés y consultas de clientes en América Latina, Oriente Medio y el Sudeste Asiático. Estas regiones, que son mercados emergentes por naturaleza, están buscando activamente añadir el yuan a su mezcla de financiación, mirando el mercado de bonos en renminbi (RMB) tanto onshore como offshore como parte de una única estrategia de financiación en la moneda china.
Corporaciones de diversos sectores son los mayores emisores de bonos panda, representando aproximadamente el 60% del volumen de emisión en 2024. A largo plazo, China tiene la clara intención de que este mercado se convierta en una fuente de financiación más diversa y menos dependiente del sistema bancario tradicional.
El auge de los bonos panda es una pieza central en la estrategia de China para internacionalizar el yuan y proyectar influencia política. Al ofrecer financiación en su moneda a aliados estratégicos, Beijing está transformando la deuda en una poderosa herramienta geopolítica, lo que posiciona al yuan como un instrumento financiero cada vez más relevante en el nuevo orden económico global.
Colaborador en ReporteAsia.












