Donald Trump aterrizó en Beijing, China, el miércoles 13 de mayo con la delegación empresarial más poderosa que un presidente estadounidense haya llevado a una visita de Estado en décadas. Más de una docena de CEOs de las empresas más valiosas del mundo viajaron con el mandatario, con una capitalización bursátil combinada que supera los 15 billones de dólares. Solo dos de ellos —Elon Musk y Jensen Huang— ocuparon asientos en el Air Force One propiamente dicho, según confirmó el propio Musk en X. El resto viajó en aviones separados como parte de la delegación ampliada. La elección de cada nombre no fue casual: todos tienen intereses directos y concretos en la relación bilateral entre Estados Unidos y China, y todos tienen algo que ganar o perder según lo que ocurra en las conversaciones con Xi Jinping.
Antes de subir al avión, los funcionarios de la administración Trump fueron sometidos a un protocolo inusual: un «bloqueo digital» sobre sus dispositivos tecnológicos y teléfonos móviles para evitar el espionaje mediante la transferencia forzada de tecnología por parte de China. La medida, implementada por el equipo de seguridad de la Casa Blanca, refleja el nivel de desconfianza operativa que coexiste con la voluntad diplomática de la visita.
Elon Musk — Tesla y SpaceX
El hombre más rico del mundo y uno de los asesores informales más influyentes de Trump tiene en China una dependencia estructural que ningún otro CEO de la delegación puede igualar en términos de visibilidad pública. La Gigafactory de Shanghái es la planta más productiva de Tesla a nivel global: en el primer trimestre de 2026 entregó 213.000 vehículos, un 23,5% más que el año anterior, representando cerca del 60% de las entregas totales de la compañía en ese período. Tesla también vende masivamente en el mercado chino, donde compite directamente —y cada vez con más dificultad— contra BYD, Xiaomi y otros fabricantes locales de eléctricos. Para Musk, la visita a Pekín no es solo política: es un viaje de negocios con consecuencias directas sobre el valor de la empresa que lidera. Durante visitas anteriores a China, Musk se describió públicamente a sí mismo como «un gran fan de China».
Jensen Huang — Nvidia
Nvidia es actualmente la empresa más valiosa del mundo, con una capitalización de mercado de 5,3 billones de dólares. Su CEO Jensen Huang se sumó a la delegación en una escala en Alaska, después de que informes previos sugerían que no participaría. Trump lo desmintió personalmente en Truth Social, confirmando que Huang tenía un asiento en el Air Force One. Un vocero de Nvidia dijo que el CEO viajó «a la invitación del presidente Trump para apoyar a Estados Unidos y los objetivos de la administración».
El problema que Huang lleva a Beijing es el más concreto de todos: las restricciones de exportación impuestas por Washington le impiden vender a China sus chips más avanzados, y la versión H20 —diseñada específicamente para el mercado chino cumpliendo con esas restricciones— fue suspendida sin previo aviso en el otoño de 2025. China representa una porción significativa del mercado potencial de Nvidia que la empresa no puede aprovechar. Cada conversación sobre chips en la cumbre Trump-Xi tiene el nombre de Huang escrito entre líneas.
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Tim Cook — Apple
Apple tiene en China una doble exposición que ninguna decisión política puede resolver de manera simple: el país es simultáneamente su principal centro de manufactura y uno de sus tres mercados más grandes del mundo. Las ventas de Apple en China cayeron en los últimos trimestres por la competencia de Huawei y por las tensiones comerciales. Cook viaja a Pekín en lo que se prevé como su último gran viaje diplomático como CEO: tiene previsto retirarse el 1 de septiembre de 2026, cediendo el liderazgo a John Ternus. Cualquier escalada arancelaria o represalia regulatoria china afecta a Apple de manera directa e inmediata, lo que convierte esta visita en una de las más personalmente significativas de su carrera.
Larry Fink — BlackRock
El CEO del mayor gestor de activos del mundo —con más de 10 billones de dólares bajo administración— representa en esta delegación al sector financiero que observa con atención las señales que la cumbre enviará sobre la apertura del mercado de capitales chino a la inversión extranjera. BlackRock fue una de las primeras gestoras occidentales en obtener licencia para operar un fondo de inversión de gestión propia en China, en 2021.
Stephen Schwarzman — Blackstone
Schwarzman tiene una historia personal con China que va más allá de los negocios: es el fundador del Schwarzman Scholars, un programa de becas en la Universidad Tsinghua de Beijing que formó a cientos de estudiantes internacionales en relaciones sino-estadounidenses. Como CEO de Blackstone, el mayor fondo de capital privado del mundo con activos bajo gestión que superan el billón de dólares, lleva a Pekín el interés concreto de un actor que invierte en real estate, infraestructura y empresas en múltiples mercados donde la estabilidad de la relación bilateral importa.
David Solomon — Goldman Sachs
El CEO del banco de inversión más influyente del mundo representa en esta delegación al sistema financiero que procesa los flujos de capital entre las dos economías más grandes del planeta. Goldman tiene operaciones relevantes en China —incluyendo una licencia para operar como banco de inversión de propiedad 100% extranjera, obtenida en 2021— y un interés estructural en que el mercado de capitales chino se mantenga abierto y predecible para los actores occidentales.
Jane Fraser — Citigroup
La CEO de Citigroup —el banco estadounidense con la presencia internacional más extensa entre sus pares— lleva a Beijing el interés de una institución que opera en China desde 1902 y procesa transacciones del comercio bilateral que se miden en cientos de miles de millones de dólares anuales. Fraser es además la primera mujer en liderar un banco de Wall Street de primer nivel, lo que le da una visibilidad adicional en el contexto de una delegación donde la diversidad de perfiles es, en sí misma, un mensaje.
Kelly Ortberg — Boeing
El CEO de Boeing llegó a la delegación con la urgencia más inmediata del sector industrial: China fue históricamente el mayor mercado de Boeing fuera de Estados Unidos, con más de 1.400 aviones en servicio y cientos de pedidos pendientes. Las tensiones comerciales de los últimos años derivaron en la cancelación o congelamiento de una parte significativa de esas órdenes. El senador republicano Steve Daines, que viajó a China días antes con una delegación bipartidaria del Congreso, resumió las expectativas del sector con una frase: «Boeing, beef and beans» —aviones, carne y soja— como los tres grandes acuerdos que Washington espera anunciar.
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Cristiano Amon — Qualcomm
El CEO del mayor fabricante de chips para móviles del mundo genera alrededor del 60% de sus ingresos en China, donde sus chips equipan a prácticamente todos los smartphones Android vendidos en el país. Amon es uno de los CEOs de semiconductores más expuestos a los vaivenes de la política comercial bilateral y lleva a Pekín el interés concreto de una empresa cuyo negocio depende de manera estructural del acceso al mercado chino.
Sanjay Mehrotra — Micron
El CEO del mayor fabricante de chips de memoria de Estados Unidos lleva a Pekín una historia reciente particularmente tensa: en mayo de 2023, China prohibió el uso de chips Micron en infraestructura crítica nacional, en lo que fue interpretado como una represalia directa por las restricciones de exportación de semiconductores que Washington impuso a los fabricantes chinos. Mehrotra viaja a Beijing con el interés de que la distensión comercial incluya algún alivio para las restricciones que afectan a su empresa en el mercado local.
Larry Culp — GE Aerospace
El CEO de GE Aerospace representa en esta delegación a uno de los proveedores más críticos de la industria de aviación global. GE fabrica los motores que impulsan a una parte significativa de la flota aérea china y tiene joint ventures con empresas estatales chinas para la producción local de componentes. En un mercado donde China tiene previsto comprar miles de aviones nuevos en los próximos veinte años, Culp lleva a Pekín los intereses de un proveedor que no puede prescindir de ese destino.
Brian Sikes — Cargill
El CEO de Cargill —el mayor exportador privado de granos de Estados Unidos— cierra la lista del núcleo duro con el sector que tiene la relación comercial más larga y más estructurada con China: la soja. En la cumbre de Busan en octubre de 2025, China acordó reanudar las compras de soja estadounidense como parte del armisticio arancelario. Sikes viaja a Pekín para asegurar que ese compromiso se extienda y profundice.
Dina Powell McCormick — Meta
La vicepresidenta de Goldman Sachs devenida funcionaria del primer gobierno Trump y ahora representante de Meta en la delegación aporta un perfil doble —tecnológico y político— que la distingue del resto. Meta tiene un historial complicado con China: Facebook, Instagram y WhatsApp están bloqueados en el país desde hace años. Sin embargo, la empresa tiene intereses en el mercado de publicidad digital global que se articulan con anunciantes chinos que operan fuera del país, y Powell McCormick llega con el mandato de explorar qué espacio puede abrirse en un escenario de distensión comercial.
Chuck Robbins — Cisco y los menores de la delegación
El CEO de Cisco —la mayor empresa de equipos de redes del mundo— suma a la delegación un perfil con carga política explícita: Cisco fue excluida de contratos gubernamentales chinos por razones de seguridad, una situación que la empresa busca revertir. Junto a Robbins viajan también Jim Anderson, CEO de Coherent —empresa especializada en componentes fotónicos y semiconductores compuestos— y ejecutivos de Mastercard, Visa e Illumina, cuyos nombres no fueron confirmados individualmente por la Casa Blanca.
La delegación como argumento negociador para Trump en China
La composición del grupo es, en sí misma, un argumento negociador. Trump llegó a Beijing no solo con funcionarios del gobierno sino con los líderes de las industrias que China más necesita —semiconductores, aviación, finanzas, agricultura— y con los líderes de las empresas que más dependen del mercado chino. Es una demostración simultánea de capacidad y dependencia mutua: Estados Unidos puede ofrecer acceso a tecnología, capital y granos; China puede ofrecer acceso a su mercado, sus cadenas de manufactura y sus tierras raras. Lo que ocurra en las conversaciones del jueves y el viernes definirá, al menos por un tiempo, en qué términos se ejerce ese intercambio.
Colaborador en ReporteAsia












