Se ha hablado mucho sobre el emprendedurismo en la Argentina durante los últimos años. Esta palabra hace alusión al hecho de pensar, planificar y llevar adelante proyectos, transformando ideas en productos, servicios y negocios que sean rentables. Hasta ahí podemos estar todos de acuerdo.
Sin embargo, cuando nos referimos a los casos de emprendedores argentinos, los diarios y sitios de noticias digitales suelen referirse a las barreras que se ven obligados a enfrentar en nuestro querido país. En este punto, los emprendedores suelen enumerar -no sin falta de razón- a la burocracia local, la frágil macroeconomía y la dificultad de proyección a largo plazo como algunos de los factores que mayores barreras crean al momento de planificar un proyecto de empresa. A estas trabas, que el país arrastra desde hace muchos años, se le sumó en los últimos años la dificultad de retener talentos post pandemia, ante el incremento en las búsquedas laborales a distancia, que permiten a los jóvenes argentinos cobrar en moneda extranjera por sus trabajos realizados en la Argentina.
Hay un común acuerdo de que estos cuatro factores suelen estar presentes en la mayoría de los proyectos profesionales. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando la mayor barrera está en la naturaleza del suelo, o bien en la falta casi total de infraestructura y logística del lugar donde queremos desarrollarnos?
El proyecto agroganadero de La Alameda comenzó hace unos años, cuando encontramos desde PyD La Alameda unos terrenos en un lugar ubicado en la provincia de Chaco, al este de Taco Pozo y a 45 kilómetros de Monte Quemado. En lo que muchos creían ver un desafío a la logística por su falta de conectividad energética y de comunicaciones, nosotros encontramos una oportunidad para crear un espacio de trabajo autosustentable, del que hoy estamos orgullosos de haber formado.

Para entender la dificultad que nos exigía la zona, primero debemos señalar que uno de los mayores desafíos que impone el territorio argentino al momento de ser cultivado es la adaptación que exige debido a su amplia latitud. Las condiciones del terreno, la amplitud térmica y la falta de precipitaciones vuelven a gran parte de las tierras argentinas un lugar de difícil producción agrícola ganadera. Sin embargo, estas condiciones no determinan que allí no se puedan crear puentes para facilitar estas actividades.
Es aquí donde debemos apoyarnos en el desarrollo técnico si deseamos sortear las inclemencias climáticas y la falta de infraestructura. En nuestro caso, el campo ubicado en la provincia de Chaco se encuentra aislado de todo, inicialmente no teníamos ni luz eléctrica lo cual dificultaba todo tipo de funcionamiento. Al no contar con servicio eléctrico, desde PyD La Alameda desarrollamos un parque solar propio, con el fin de obtener la electricidad que no llegaba a la zona. Como las tierras donde elegimos asentarnos no tenían líneas eléctricas, decidimos construir una línea interna de 13 kilómetros de extensión; hoy usamos esa misma electricidad obtenida con los paneles solares para sacar agua.

En la zona no hay campos que estén usado este tipo de tecnologías, pero nosotros queremos contar nuestro caso para inspirar a terceros a que se animen a emprender en este tipo de tierras de manera sustentable. Además de los paneles solares, contamos con un sistema híbrido parecido al utilizado en el Mercado Eléctrico Mayorista, ya que por un lado tiene la demanda y por el otro la oferta, y la encargada de despachar automáticamente es una computadora francesa que se encarga de la asignación.
Tal como mencionamos al comienzo de esta columna, en las tierras chaqueñas también contamos con un proyecto ganadero. Pero decidimos dar un paso más, con el fin de obtener los mejores rindes posibles en este aspecto. Por eso creamos un laboratorio de transmisión de embriones en el mismo lugar, que nos permite obtener embriones de una hembra donante y transferirlos al útero de otra hembra receptora, con el fin de incrementar la selección de mejora genética en el ganado bovino que criamos en los campos.
Las comunicaciones fueron otro ítem a tener en cuenta. En la zona las antenas de las telefónicas no nos brindan señal para comunicarnos con los celulares, por lo que tuvimos que crear un sistema de radio stand alone. Gracias a esto podemos comunicarnos entre las personas que estamos en el campo desde cualquier punto del campo. Luego, gracias a los mencionados paneles que nos brindaron electricidad, pudimos sumar una conexión Wi-Fi para estar comunicados también con las personas de cualquier parte del globo, y estar informados sobre cuestiones climáticas.

Finalmente, otro de los desafíos fue la construcción de los caminos. Recordemos que no estamos cerca de ninguna urbanización de la provincia, por lo que tuvimos que trabajar muy arduamente para tener los accesos simplificados al campo. Esto nos llevó esfuerzo, dedicación e inversión, pero finalmente pudimos lograrlo.
Así como los argentinos que deciden emprender se enfrentan a los inconvenientes ya mencionados al inicio de esta columna, en el campo argentino hay otros tantos a los que hacer frente. Esto no es nuevo para cualquier emprendedor de cualquier parte del planeta: en grados diferentes, todos debemos sortear obstáculos cuando nos decidimos a generar valor agregado. Si de algo estoy convencido es que la clave para poder superar estas barreras es la planificación y la decisión firme de hacer las cosas. Sin ese ímpetu y empuje, hasta el menor obstáculo nos parecerá una montaña infranqueable que nos obligará a abandonar nuestra misión incluso antes de comenzarla.
Alberto Verra es Contador Público y Licenciado en Ciencias Económicas, y cuenta con más de 30 años de experiencia en el desarrollo de negocios corporativos vinculados al sector tecnológico, de energías renovables, transporte, salud, explotaciones agrícola-ganaderas y entretenimiento.













