El gobierno del Japón enfrenta una creciente presión interna para controlar el precio del arroz, alimento central en la dieta del país, luego de que su costo se duplicara en el último año. En un intento por frenar la escalada, las autoridades han comenzado a liberar grandes volúmenes de reservas estatales y a flexibilizar algunas reglas de importación, mientras crece el debate sobre la necesidad de abrir el mercado a más arroz extranjero.
Según datos del Ministerio de Agricultura, el precio promedio del arroz en supermercados alcanzó los 4.214 yenes (unos 29 dólares) por cada cinco kilos en la primera semana de mayo. Esto representa un aumento del 100 % con respecto al mismo periodo del año anterior, cuando el precio se situaba en 2.106 yenes.
En respuesta, el Ministerio ha comenzado a liberar mensualmente 100.000 toneladas de arroz de sus reservas a partir de mayo y hasta julio. Esta medida se suma a las 310.000 toneladas ya subastadas en tres etapas entre marzo y abril. Históricamente, este tipo de intervenciones solo se utilizaban en casos de emergencia o de malas cosechas.
Además, el gobierno ha flexibilizado una norma que obligaba a las empresas a recomprar, en un plazo máximo de un año, el arroz adquirido en las licitaciones públicas. Ahora, este período se ha extendido a cinco años, facilitando la participación del sector privado en las subastas.
Los problemas detrás del arroz en Japón
A pesar de estos esfuerzos, los analistas prevén un efecto limitado en los precios debido a las causas estructurales del problema: la disminución del área cultivada y el auge del turismo, que ha impulsado la demanda interna. Incrementar la producción nacional en el corto plazo es difícil, y Japón ha mantenido tradicionalmente una tasa de autosuficiencia cercana al 100 % en arroz, como parte de su política alimentaria.
Las presiones para abrir el mercado al arroz importado se intensificaron en abril cuando el presidente estadounidense Donald Trump acusó a Japón de no querer comprar arroz estadounidense. Actualmente, Japón permite importaciones libres de aranceles hasta un cierto cupo (conocido como «acceso mínimo»), pero aplica un arancel de 341 yenes por kilo a las cantidades que exceden ese límite.
Aunque Trump ha exigido a Japón que elimine barreras para la entrada del arroz estadounidense, el tema es políticamente delicado en Tokio. En una reciente aparición televisiva, el primer ministro Shigeru Ishiba evitó dar una respuesta clara al ser consultado sobre el posible aumento de importaciones, afirmando: «Es una de las opciones, pero no puedo confirmarlo ahora».
Por su parte, el secretario general del Partido Liberal Democrático, Hiroshi Moriyama, aseguró que no hay discusiones formales en curso sobre una mayor apertura en las negociaciones comerciales bilaterales.
Ante la indecisión del gobierno, algunas empresas han comenzado a actuar por cuenta propia. El gigante minorista Aeon anunció que a partir de junio comenzará a vender arroz 100 % Calrose de California. El producto se comercializará a un precio de 2.894 yenes por cuatro kilos, alrededor de un 15 % menos que el arroz japonés equivalente.
La medida se produce tras una experiencia piloto en abril, cuando Aeon vendió una mezcla de arroz estadounidense importado dentro del cupo arancelario con arroz nacional. Esta iniciativa tuvo buena acogida entre los consumidores preocupados por los costos.
Durante el evento de lanzamiento del nuevo producto, el embajador de Estados Unidos en Japón, George Glass, se mostró optimista: «Creo que los consumidores japoneses recibirán con agrado una nueva opción, un arroz de gran calidad que puede ayudarles a gestionar mejor sus gastos semanales».
La crisis de precios llega en un momento especialmente sensible, cuando se aproximan elecciones a la cámara alta del Parlamento japonés en julio. El arroz, más allá de su valor nutritivo, tiene una fuerte carga simbólica en la cultura japonesa, y el alza sostenida en su precio ha generado preocupación en amplios sectores de la sociedad, desde amas de casa hasta pequeños comerciantes y restaurantes.
El gobierno de Ishiba enfrenta un dilema: por un lado, necesita controlar los precios para evitar un castigo electoral; por otro, teme una reacción adversa de los productores rurales, un electorado históricamente alineado con el oficialismo, si se abren las puertas al arroz importado.
La batalla por estabilizar el precio del arroz en Japón refleja tensiones económicas, sociales y diplomáticas. A corto plazo, las liberaciones de reservas y las acciones de minoristas como Aeon podrían ofrecer alivio parcial a los consumidores. Sin embargo, el debate de fondo sobre la apertura del mercado y la revisión de la política de autosuficiencia alimentaria parece inevitable. Con elecciones a la vista y presiones externas en aumento, el arroz podría convertirse en el grano más político del 2025 en Japón.
Colaboradora en ReporteAsia.














