India, cerca de un acuerdo comercial con Estados Unidos

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En un contexto de tensiones comerciales globales y una política arancelaria cada vez más exigente por parte de la administración de Donald Trump, India podría convertirse en el primer país del mundo en cerrar un acuerdo bilateral con Estados Unidos. Así lo aseguró el secretario del Tesoro, Scott Bessent, durante una rueda de prensa en Washington, en el marco de las reuniones anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

El posible acuerdo le permitiría a India esquivar la imposición de un arancel recíproco del 26% sobre sus exportaciones hacia EE. UU., cuya suspensión temporal vencerá el próximo 8 de julio. De concretarse, marcaría un hito en la política comercial estadounidense, ya que ningún otro país ha logrado, hasta ahora, un avance tan significativo en las negociaciones bilaterales con Washington en esta nueva etapa proteccionista.

El presidente Donald Trump ha impulsado una política comercial agresiva con el objetivo de reducir los déficits comerciales bilaterales y proteger la industria nacional. Como parte de esta estrategia, ha exigido a sus principales socios comerciales la eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias que dificultan la entrada de productos estadounidenses.

India, que representa aproximadamente el 3% de las importaciones estadounidenses y tuvo un superávit comercial de 45.700 millones de dólares con EE. UU. en 2024, no ha sido ajena a esta presión. Desde 2023, sus productos enfrentan un arancel generalizado del 10%, y la amenaza del 26% adicional se cierne como espada de Damocles.

En palabras de Scott Bessent, India representa un “socio comercial más simple” con quien negociar, comparado con otras potencias. “India tiene aranceles relativamente bajos, pocas barreras no arancelarias, casi ningún subsidio estatal y no manipula su moneda”, sostuvo. Estas condiciones han facilitado un avance rápido en las conversaciones bilaterales.

Bessent fue enfático al subrayar que “las negociaciones están muy cerca de un resultado exitoso”, lo que ha despertado expectativas tanto en Nueva Delhi como en los mercados internacionales.

Desde el punto de vista de Estados Unidos, un acuerdo con India cumple múltiples objetivos estratégicos. Por un lado, representa un éxito diplomático y económico que la Casa Blanca puede exhibir en medio de una campaña presidencial centrada en el proteccionismo y el “America First”. Por otro, permite contrarrestar la creciente influencia comercial de China en Asia y fortalecer los lazos con el mayor mercado emergente del mundo.

Para India, liderada por el primer ministro Narendra Modi, el acuerdo también es significativo. Le permitiría consolidar su rol como aliado estratégico de Occidente, mejorar su acceso al mercado estadounidense —el mayor del mundo— y enviar una señal positiva a los inversores internacionales. Además, esquivar los aranceles del 26% es crucial para sectores clave de su economía exportadora, como el farmacéutico, el textil y el tecnológico.

En paralelo a las declaraciones de Bessent en Washington, el vicepresidente estadounidense JD Vance y el primer ministro Modi anunciaron desde Jaipur una hoja de ruta concreta para cerrar el acuerdo comercial. El documento prioriza la reducción de barreras no arancelarias y la expansión del acceso de bienes estadounidenses a India, incluyendo energía y equipamiento militar.

Vance calificó el acuerdo como “una pieza clave en la construcción de una relación sólida y estable entre ambas democracias en el siglo XXI”. La declaración fue interpretada por analistas como una señal clara de la voluntad política de ambas partes para avanzar rápidamente hacia la firma.

Contraste con China

El avance con India cobra aún más relevancia frente al estancamiento de las negociaciones con China. Durante la misma jornada, Bessent reconoció que “no hay avances sustanciales” con Pekín y que las tarifas de más del 145% impuestas sobre productos chinos son insostenibles a largo plazo, aunque por ahora “ninguna de las dos partes está dispuesta a ceder”.

“El ministro chino de comercio llegó a calificar de ‘broma’ nuestras tarifas. Ellos deben tener un sentido del humor diferente al nuestro”, ironizó Bessent. No obstante, matizó que “una desescalada por ambas partes es posible”, aunque Trump no ofrecerá una reducción unilateral.

El contraste entre las posturas frente a India y China marca un giro en la política exterior económica de Washington, donde Nueva Delhi emerge como un socio confiable en un momento de redefinición de las cadenas globales de suministro.

El eventual acuerdo bilateral entre Estados Unidos e India puede generar un efecto dominó en otras regiones, particularmente América Latina y Europa. Varios países latinoamericanos, que dependen en gran medida del acceso al mercado estadounidense, podrían verse obligados a revisar sus propios esquemas arancelarios si quieren evitar represalias similares.

En Europa, la noticia es vista con cautela. El bloque comunitario enfrenta sus propias tensiones comerciales con la administración Trump, y un éxito negociador con India podría aumentar la presión para cerrar acuerdos similares con países europeos, especialmente en sectores sensibles como la agricultura y los servicios digitales.

La cuenta regresiva hacia el 8 de julio, fecha límite para la suspensión del arancel del 26%, mantiene en vilo a múltiples sectores productivos en India. Diversos grupos industriales han pedido al gobierno que acelere las negociaciones y asegure el acceso preferencial a EE. UU., para evitar pérdidas millonarias en caso de que se reactiven las tarifas.

Por su parte, analistas internacionales coinciden en que un anuncio conjunto podría producirse antes de mediados de junio, para dar tiempo a las industrias a adaptarse a las nuevas condiciones.

La posibilidad de que India se convierta en el primer país en cerrar un acuerdo bilateral con Estados Unidos bajo la administración Trump marca un punto de inflexión en la geopolítica comercial global. En un entorno dominado por disputas arancelarias, el acercamiento entre Nueva Delhi y Washington sienta las bases para una nueva etapa de cooperación estratégica, en la que el comercio será tanto herramienta como símbolo de alineamientos políticos.

Si el acuerdo se concreta, no solo beneficiará a ambos países, sino que también enviará una señal potente al resto del mundo: en tiempos de tensiones e incertidumbre, el pragmatismo y la convergencia de intereses aún pueden abrir camino al entendimiento económico.

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