La princesa Elisabeth y sus hermanos Gabriel, Emmanuel y Eléonore debutaron en una cena de gala de esta envergadura en el Castillo de Laeken, escenario de un despliegue de joyas históricas y un protocolo centenario que marca el inicio de la visita oficial de Naruhito y Masako a Bélgica.
Los reyes de los belgas recibieron este 23 de junio al emperador Naruhito y la emperatriz Masako con un banquete de Estado que trasciende la coyuntura diplomática. La visita —que se extiende oficialmente hasta el 25 de junio y forma parte de una gira europea de la casa imperial japonesa— tuvo como telón de fondo una efeméride: en 2016, fueron Felipe y Matilde quienes viajaron a Japón para celebrar 150 años de relaciones bilaterales entre ambas naciones. Una década después, la dirección del protocolo se invierte.
Laeken, escenario de historia
El Castillo de Laeken, residencia oficial de la familia real belga ubicada a cinco kilómetros del centro de Bruselas, abrió sus puertas para la ocasión. Con 1.860.000 metros cuadrados que incluyen túneles subterráneos, una estación de tren secreta y salones de aparato, la Gran Galería fue el espacio elegido para alojar a los aproximadamente 160 invitados de la cena.

El debut de la generación heredera
El elemento de mayor peso simbólico de la velada fue la participación de los cuatro hijos de los soberanos. La princesa Elisabeth, el príncipe Gabriel, el príncipe Emmanuel y la princesa Eléonore comparecieron por primera vez de manera conjunta en un acto de esta naturaleza, convirtiendo la noche en un hito generacional para la monarquía belga.
Elisabeth lució la tiara de laureles de Brabante —631 diamantes engastados en platino que recrean ramas con hojas y bayas— y el Gran Cordón de la Orden del Crisantemo, la condecoración honorífica más alta del Japón, la misma distinción que días antes recibió la princesa Amalia de los Países Bajos. Eléonore, por su parte, estrenó tiara en su debut absoluto en este tipo de protocolo, con un vestido rosa pastel de cuello cisne y corte recto que ya han llevado otras casas reales europeas.
La reina Matilde eligió un vestido rosa empolvado con bordados de paipáis japoneses y flores de loto en lentejuelas, acompañado de la tiara Imperio de diamantes —conocida también como la tiara de las nueve provincias—, pieza que data de 1926 y fue el regalo de bodas de la reina Astrid con Leopoldo III. La joya es notable por su versatilidad: puede usarse como collar, pulsera, gargantilla o tiara, en versión sencilla o completa.
La emperatriz Masako repitió la tiara Madreselva, la misma que llevó en el banquete de Estado ofrecido días antes por la casa real neerlandesa. La pieza perteneció a la princesa Chichibu y fue una de las favoritas de la emperatriz Michiko, encarnando la continuidad dinástica de la casa imperial japonesa.
Al banquete se sumaron también Astrid y Lorenzo de Bélgica, hermana y cuñado del rey Felipe.

El servicio: 80 estudiantes de hostelería de Brujas
La organización del servicio presentó una particularidad notable. Los 80 meseros que atendieron a los 160 comensales fueron estudiantes del instituto Ter Groene Poorte de Brujas, una de las escuelas de hostelería más prestigiosas de Bélgica. Las distintas instituciones educativas del sector se turnan para tener a su cargo los banquetes de Estado de la corona belga, una tradición que el sommelier Dries Corneillie —mejor sommelier de Bélgica en 2021 y coordinador del operativo— comparó con el funcionamiento de una orquesta sinfónica.
Los preparativos comenzaron en abril. Los trajes de los estudiantes —confeccionados a medida siguiendo el modelo establecido durante el reinado del rey Balduino— se probaron por primera vez entonces. El reglamento de la velada prohibió el uso de teléfonos móviles durante toda la noche. Cada alumno recibió un número de orden que determinaba su posición, sus desplazamientos y el momento preciso de su intervención en cada plato. Una instrucción específica: la corona del monograma grabado en la vajilla debía quedar siempre orientada hacia arriba.
Agenda para el 24 y 25 de junio
La visita continúa el miércoles 24 con una agenda de perfil científico y tecnológico. Los emperadores y el rey Felipe se desplazarán al Castillo de Namur para una visita vinculada a la gestión de recursos hídricos, para luego trasladarse a Lovaina.
Allí recorrerán el centro de investigación en microelectrónica y tecnologías digitales —eje de la cooperación técnica bilateral— y la Biblioteca Universitaria, cuya reconstrucción contó con una donación de 3.000 obras por parte de Japón. La jornada cerrará en Laeken con una visita a la Torre Japonesa y los Invernaderos Reales. La delegación imperial partirá de Bélgica el jueves 25.
Periodista, viajera full-time, especialista en Cultura, Negocios y Lifestyle.













