La Asociación Japonesa de Coches Compartidos, fundada por un voluntario que presenció el aislamiento de los sobrevivientes en Ishinomaki, ha distribuido más de 2.300 vehículos en 35 desastres, aunque la demanda sigue superando ampliamente su capacidad operativa.
En marzo de 2011, el tsunami que arrasó el noreste de Japón destruyó unos 60.000 vehículos solo en la ciudad de Ishinomaki, en la prefectura de Miyagi. Muchos sobrevivientes fueron reubicados en viviendas temporales construidas en zonas alejadas con acceso mínimo al transporte público, quedando sin forma de llegar a hospitales, supermercados o servicios esenciales. Esa realidad inspiró uno de los programas de respuesta ante desastres más singulares de Japón, que este año conmemora su 15.º aniversario.
La iniciativa fue creada en octubre de 2011 por Takehiko Yoshizawa, oriundo de la prefectura de Hyogo, quien viajó a Ishinomaki como voluntario tras el desastre. Al observar las dificultades de movilidad que enfrentaban las víctimas, diseñó un sistema para recolectar vehículos donados y prestarlos gratuitamente a quienes los necesitaran. Con el tiempo, esa idea se convirtió en la Asociación Japonesa de Coches Compartidos, con alcance nacional.
De la necesidad al sistema
Hisayo Aizawa, residente de Ishinomaki de 69 años, perdió su casa, su tienda familiar y los cuatro autos de su familia en el tsunami. Tras recibir un vehículo prestado por la asociación, comenzó a trasladar a sus vecinos mayores a hospitales y comercios. El agradecimiento de esas personas la motivó a sumarse al personal de la organización.

Hasta la fecha, la asociación ha provisto más de 2.300 vehículos donados por la industria automotriz, empresas e individuos, respondiendo a más de 10.000 solicitudes en 35 desastres distintos a lo largo del país.
La brecha entre demanda y oferta
Sin embargo, la capacidad del programa sigue siendo insuficiente. Tras las lluvias torrenciales y deslizamientos de tierra que afectaron la isla de Kyushu en 2025, la organización recibió más de 2.500 solicitudes pero pudo atender apenas el 30 por ciento de ellas. Actualmente opera alrededor de 600 vehículos en todo el territorio nacional.
«Eso no es ni de lejos suficiente», reconoció Yoshizawa. «Necesitaríamos más de 4.000 vehículos ante una catástrofe como la de marzo de 2011.»
Estructura y desafíos operativos
La asociación cuenta hoy con siete sucursales en Japón, algunas con vehículos listos para desplegarse en cualquier punto del país. En enero firmó un acuerdo con la Asociación Japonesa de Alcaldes para garantizar espacios de estacionamiento e instalaciones en caso de desastre. También gestiona que gobiernos locales utilicen parte de su flota para servicios públicos cotidianos, con compromiso de devolución ante emergencias.
Entre los principales obstáculos figura el costo de mantener una flota numerosa: impuestos vehiculares y gastos de tenencia representan una carga permanente para la organización.
Yoshizawa impulsa además que los conductores donen sus vehículos al momento de entregar sus licencias de conducir. Y cuando entrega un auto prestado, el personal de la asociación comparte con el beneficiario la historia del donante, buscando que cada vehículo contribuya no solo a la movilidad sino también a la reconstrucción emocional de quienes atraviesan una catástrofe.
«Cada vehículo tiene su propia historia», afirmó. «Ampliaremos nuestro programa para seguir ayudando a las víctimas de desastres.»
Co-fundador de ReporteAsia.













