Un destructor de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón completó el viernes su tránsito por el estrecho de Taiwán, en lo que constituye el primer paso de este tipo desde que la primera ministra Sanae Takaichi asumió el cargo en octubre pasado. La maniobra generó una enérgica protesta de China y añadió tensión a unas relaciones bilaterales que ya venían deteriorándose.
El pasaje se produce en un momento de particular sensibilidad diplomática. En noviembre, Takaichi declaró públicamente que Japón podría intervenir ante una eventual contingencia en Taiwán, comentarios que Pekín rechazó con dureza. Desde entonces, los canales de diálogo entre Tokio y Pekín se han tensado de manera visible.
El estrecho de Taiwán —la vía marítima de 180 kilómetros que separa la isla de la China continental— es uno de los puntos de mayor fricción en la geopolítica indo-pacífica. Aunque las aguas internacionales permiten el libre tránsito naval, Pekín considera cualquier paso militar extranjero como una provocación y una señal de apoyo implícita a Taipéi.
Para Japón, la decisión de efectuar este tránsito bajo el mandato de Takaichi no parece fortuita. La primera ministra ha impulsado una postura de defensa más asertiva, en línea con la revisión estratégica iniciada por su predecesor Fumio Kishida, que duplicó el presupuesto de defensa y redefinió las capacidades de contraataque del país.
El incidente es un indicador más del recalibrado estratégico de Tokio en el Indo-Pacífico, donde la alianza con Washington y la creciente coordinación con socios como Australia y Filipinas empujan a Japón hacia un perfil militar más activo, con todas las fricciones regionales que ello conlleva.
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