Yakarta y Tokio profundizan cooperación militar pese a percepciones divergentes sobre amenazas regionales y defensa en el Indopacífico.
Sin embargo, este avance es solo parte de un compromiso regional más amplio. Japón se ha convertido en un socio cada vez más importante mientras ambos países navegan un entorno regional marcado por el auge de China y la intensificación de la competencia estratégica entre Pekín y Washington.
A pesar de la expansión cooperativa, Yakarta y Tokio no abordan la seguridad regional desde la misma perspectiva. Su relación de defensa se entiende mejor no como convergencia de percepciones de amenazas, sino como alineación pragmática de intereses.
La percepción japonesa: China como amenaza existencial
Los cálculos de defensa japoneses están dominados por el auge chino. Durante la última década, Pekín expandió significativamente su presencia militar en el Mar de China Meridional, desplegando misiles, aviones de combate, sistemas de vigilancia y activos navales en islas artificiales. Estos despliegues se acompañan de comportamiento crecientemente asertivo: ejercicios con bombarderos H-6, intercepciones peligrosas de aeronaves estadounidenses y australianas, y desafíos persistentes a la libertad de navegación.
Para Tokio, estos acontecimientos conllevan graves implicaciones. El Mar de China Meridional constituye un corredor marítimo crucial para la economía japonesa, particularmente para importaciones energéticas de Oriente Medio. Los responsables políticos japoneses son sumamente sensibles a la posibilidad de coerción o bloqueo naval chino.
Estas preocupaciones se refuerzan por la disposición china a ejercer presión económica, particularmente su restricción a exportaciones de tierras raras tras el incidente de las Islas Senkaku en 2010, así como conversaciones chinas sobre un posible bloqueo de Taiwán para forzar la reunificación.
La aprensión japonesa se intensifica por disputas sin resolver con China: reclamaciones contrapuestas sobre las Islas Senkaku, frecuentes incursiones en la zona económica exclusiva japonesa e intensificación de actividad militar china cerca del espacio aéreo y marítimo japonés. Tokio considera estas acciones parte de un esfuerzo más amplio para socavar un orden regional basado en normas mediante coerción y cambios unilaterales del statu quo.
La respuesta japonesa: contribución proactiva a la paz
En respuesta, Japón adoptó una postura de seguridad más firme bajo su política de «Contribución Proactiva a la Paz», articulada en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2013. Un elemento central es la visión de un Indopacífico Libre y Abierto (FOIP), que enfatiza la adhesión al derecho internacional, particularmente la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la libertad de navegación y sobrevuelo, la oposición al uso unilateral de la fuerza y la prosperidad regional mediante rutas marítimas abiertas.
Para impulsar la FOIP, Japón amplió su alcance de defensa al Sudeste Asiático mediante ejercicios militares regulares, diálogos de defensa e iniciativas de desarrollo de capacidades. Una innovación clave fue el lanzamiento del programa de Asistencia Oficial para la Seguridad (OSA) en 2023, que permite a Japón proporcionar equipo relacionado con la defensa a países socios. Bajo estos marcos, Japón ha suministrado buques de guardacostas, patrulla, sistemas de radar y activos de vigilancia marítima a Filipinas, Malasia e Indonesia.
La posición indonesia: autonomía estratégica sobre alineación
La percepción de Yakarta sobre China como amenaza militar difiere significativamente de la de Tokio. A diferencia de Japón, Indonesia no ha experimentado coerción militar sostenida de alta intensidad por parte de China. La percepción de amenaza indonesia debe entenderse a través de su política exterior no alineada de larga data, que prioriza la soberanía y la integridad territorial sobre la disuasión basada en alianzas.

Indonesia evalúa el potencial militar chino principalmente según si las capacidades y comportamiento de Pekín ponen en peligro directamente territorio indonesio. Esta preocupación es más evidente en el Mar de Natuna del Norte, donde la reclamación china de la línea de nueve puntos se superpone con la zona económica exclusiva indonesia. Incidentes relacionados con intrusiones de la Guardia Costera china, notablemente en 2020, han provocado respuestas firmes de Yakarta, incluyendo despliegues militares y protestas diplomáticas.
Sin embargo, estas fricciones marítimas coexisten con relaciones políticas y económicas ampliamente estables. Bajo la presidencia de Prabowo Subianto, Indonesia mantiene estrechos lazos con Pekín, como demuestra la asistencia de Prabowo al Desfile del Día de la Victoria de China de 2025 y el supuesto interés indonesio en adquirir plataformas militares chinas. Esto refleja la preferencia de Yakarta por la autonomía estratégica y la cobertura, en lugar de un equilibrio manifiesto.
La ambivalencia indonesia hacia Estados Unidos
El contraste entre las percepciones de amenaza se hace más evidente al considerar las actitudes hacia Estados Unidos. Como aliado formal estadounidense, Japón considera a Washington la piedra angular de la seguridad regional. La visión indonesia es más ambivalente. Si bien Yakarta considera a Estados Unidos un socio importante, también lo ve como posible fuente de inseguridad. Esto se manifestó en 2023 cuando el comandante de las Fuerzas Armadas indonesias declaró ante el parlamento que Estados Unidos fue el país que más infringió el espacio aéreo indonesio durante el primer semestre.
Las operaciones de libertad de navegación estadounidenses, realizadas según su interpretación del derecho internacional, suelen percibirse en Yakarta como violaciones de soberanía. Desde la perspectiva indonesia, tanto Pekín como Washington pueden representar desafíos para la seguridad nacional.
Cooperación pragmática pese a divergencias
A pesar de estas percepciones divergentes, la participación sostenida en materia de defensa demuestra que Indonesia y Japón comparten importantes puntos en común. La asistencia japonesa en seguridad marítima se alinea con el énfasis indonesio en aplicación de la ley y protección de soberanía. La cooperación armamentística también sigue siendo prometedora: la flexibilización de normas de exportación japonesas y el acuerdo de transferencia de defensa de 2021 abren camino para venta de sistemas importantes.
Indonesia y Japón abordan el entorno de seguridad del Indopacífico desde diferentes puntos de partida estratégicos. Japón considera a China el principal disruptor del orden regional; Indonesia adopta una postura más orientada a la cobertura. Sin embargo, al centrarse en seguridad marítima, desarrollo de capacidades y misiones de seguridad no tradicionales, Yakarta y Tokio pueden seguir profundizando su relación de defensa pese a sus diferentes perspectivas sobre el orden regional.
Periodista con sede en Brasil, experto en Relaciones Internacionales.














