El Acuerdo Estratégico de Cooperación Económica busca diversificar las exportaciones ecuatorianas y atraer tecnología asiática en sectores clave como minería, energía y manufactura
En septiembre de 2025 Ecuador dio un paso significativo en su estrategia de inserción comercial con Asia al firmar un Acuerdo Estratégico de Cooperación Económica (SECA, por sus siglas en inglés) con Corea del Sur, convirtiéndose en el primer país sudamericano en alcanzar este tipo de convenio con la potencia asiática. El acuerdo, rubricado tras intensas negociaciones, representa una apuesta de Quito por diversificar sus socios comerciales más allá de Estados Unidos y Europa, mientras Seúl busca asegurar acceso a recursos naturales y expandir mercados para sus productos de alto valor agregado.
Más allá del libre comercio tradicional
A diferencia de los tratados de libre comercio convencionales, el SECA se caracteriza por su enfoque flexible y progresivo. El acuerdo establece un marco de cooperación que abarca múltiples dimensiones: reducción arancelaria gradual, facilitación de inversiones, transferencia tecnológica, cooperación en sectores estratégicos y mecanismos de consulta permanente entre ambos gobiernos.
El Ministerio de Producción, Comercio Exterior, Inversiones y Pesca de Ecuador destacó que el convenio permitirá a productos ecuatorianos acceder al mercado surcoreano —uno de los más sofisticados de Asia— con condiciones preferenciales. Inicialmente, el acuerdo contempla desgravación arancelaria para aproximadamente el 90% de las líneas arancelarias, un porcentaje que se irá ampliando en plazos acordados.
Para Ecuador, esto significa oportunidades concretas para exportaciones no petroleras: banano, camarón, cacao, flores, atún procesado y productos agroindustriales podrán competir en mejores condiciones en un mercado de 51 millones de consumidores con alto poder adquisitivo. Corea del Sur, por su parte, espera incrementar sus exportaciones de vehículos, maquinaria, electrónica, productos químicos y bienes intermedios hacia el mercado ecuatoriano.
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Inversiones y transferencia tecnológica: el verdadero premio
Si bien la reducción arancelaria es importante, el componente más estratégico del acuerdo radica en la promoción de inversiones y cooperación tecnológica. Ecuador busca atraer capital surcoreano hacia sectores donde la experiencia asiática puede generar transformaciones significativas: minería responsable, energías renovables, infraestructura portuaria, manufactura avanzada y desarrollo digital.
Las empresas surcoreanas han demostrado interés particular en el sector minero ecuatoriano, especialmente en proyectos de cobre —mineral crítico para la transición energética global—, donde la tecnología y gestión ambiental surcoreana podría complementarse con los recursos minerales andinos. El acuerdo incluye disposiciones específicas para facilitar la llegada de estas inversiones, reduciendo barreras burocráticas y estableciendo mecanismos de protección al capital extranjero.
La cooperación tecnológica contempla programas de capacitación, pasantías, intercambio de expertos y posible establecimiento de centros de investigación conjuntos. Para un país como Ecuador, que busca agregar valor a sus exportaciones tradicionales y desarrollar nuevos sectores productivos, el acceso a know-how surcoreano en áreas como procesamiento agroindustrial, logística o manufactura liviana representa una oportunidad única.
El contexto geopolítico: Ecuador mira hacia Asia
La firma de este acuerdo se inscribe en una tendencia regional más amplia. Varios países latinoamericanos —desde Chile hasta Perú y Colombia— han intensificado sus vínculos comerciales con Asia en las últimas dos décadas, reconociendo que el centro de gravedad económico global se desplaza hacia el Indo-Pacífico.
Para Ecuador, tradicionalmente dependiente del mercado estadounidense y europeo, diversificar hacia Asia constituye una estrategia de mitigación de riesgos. Las tensiones comerciales globales, la volatilidad de commodities y las fluctuaciones en demanda de mercados tradicionales hacen aconsejable expandir el portafolio de socios comerciales.
Corea del Sur, por su parte, continúa su estrategia de asegurar acceso a recursos naturales y alimentos que su territorio limitado no puede producir en cantidades suficientes. Los acuerdos con países ricos en recursos —desde Chile hasta Indonesia— forman parte de una política exterior económica sistemática que ha permitido a Seúl construir cadenas de suministro confiables para su industria manufacturera.
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Desafíos pendientes: de la firma a la implementación
La firma del acuerdo es apenas el comienzo. Ecuador enfrenta desafíos importantes para aprovechar plenamente las oportunidades que este convenio ofrece. La competitividad de las exportaciones ecuatorianas dependerá de mejoras en infraestructura logística, cumplimiento de estándares de calidad asiáticos, capacidad de responder a demandas específicas del mercado surcoreano y desarrollo de canales de comercialización eficientes.
El sector privado ecuatoriano deberá invertir en certificaciones, adaptación de productos y comprensión de un mercado culturalmente distante y con exigencias sanitarias y fitosanitarias rigurosas. El camarón ecuatoriano, por ejemplo, ya tiene presencia en Asia, pero expandir significativamente requiere inversión en trazabilidad, procesamiento y marca.
Del lado surcoreano, las empresas necesitarán familiarizarse con el entorno regulatorio ecuatoriano, las condiciones laborales locales y los requerimientos ambientales. La experiencia de inversionistas asiáticos en otros países latinoamericanos sugiere que el éxito depende tanto de la calidad del marco legal como de la estabilidad institucional y predictibilidad normativa.
Implicaciones regionales: ¿efecto dominó en Sudamérica?
La firma de este acuerdo podría inspirar a otros países sudamericanos a buscar convenios similares con Corea del Sur. Bolivia, Paraguay o Uruguay —que aún no tienen acuerdos preferenciales con la potencia asiática— podrían verse incentivados a negociar sus propios convenios, generando una dinámica de integración comercial entre Sudamérica y Asia Oriental.
Para Corea del Sur, multiplicar estos acuerdos fortalece su posición en una región donde China ya estableció presencia comercial significativa. Seúl ofrece una alternativa: tecnología avanzada, inversiones en manufactura y servicios, y un modelo de desarrollo que varios gobiernos latinoamericanos consideran más compatible con economías de mercado abiertas.
Una apuesta de largo plazo
El Acuerdo Estratégico de Cooperación Económica entre Ecuador y Corea del Sur representa más que cifras de comercio bilateral. Es una apuesta por reconfigurar la inserción internacional de Ecuador, diversificar riesgos comerciales y acceder a tecnología y capital que pueden impulsar transformaciones productivas duraderas.
El éxito del acuerdo no se medirá en los primeros meses sino en la capacidad de ambos países para construir vínculos comerciales sostenibles, flujos de inversión mutuamente beneficiosos y cooperación tecnológica que genere capacidades locales en Ecuador. Para un país que busca dejar atrás la dependencia del petróleo y construir una economía más diversificada, el socio surcoreano —con su experiencia en transformación industrial acelerada— puede ofrecer lecciones valiosas.
La firma del acuerdo es, en definitiva, el comienzo de una relación que deberá probarse en la implementación concreta, en proyectos de inversión reales y en la capacidad del sector productivo ecuatoriano para aprovechar las puertas que este convenio abre hacia uno de los mercados más dinámicos del planeta.
Colaboradora, especialista en Comunicación & Relaciones Internacionales.














