La oficina presidencial de Corea del Sur afirmó este martes que no se apresurará a firmar un acuerdo comercial con Estados Unidos si este implica sacrificios para las compañías surcoreanas, en medio de versiones sobre los escasos avances en las conversaciones vinculadas al paquete de inversión que Seúl prometió para el mercado estadounidense.
A finales de julio, ambos países alcanzaron un principio de acuerdo para reducir los aranceles de Washington sobre productos surcoreanos del veinticinco al quince por ciento. Sin embargo, el pacto aún no ha sido formalizado debido a diferencias sobre los detalles del plan de inversión surcoreano, que asciende a trescientos cincuenta mil millones de dólares.
“(El Gobierno) no puede firmar un acuerdo que cause pérdidas importantes a nuestras compañías, solo a causa de la presión del tiempo”, declaró un alto funcionario presidencial a la prensa bajo condición de anonimato.
Aunque el objetivo de Seúl es concluir las negociaciones “lo antes posible”, el mismo funcionario remarcó que el Ejecutivo no aceptará condiciones que resulten en un “grave perjuicio” para el interés nacional, en especial para las grandes corporaciones que sostienen la inversión en Estados Unidos.
El presidente Lee Jae Myung, según la fuente, ha dejado claro que las empresas surcoreanas no deben ser forzadas a asumir pérdidas en territorio estadounidense. “Las compañías invierten en Estados Unidos para hacer dinero, no para regalarlo”, subrayó.
Las discusiones se centran en la composición del paquete de inversión, los mecanismos de financiamiento y la distribución de beneficios, cuestiones que hasta ahora han impedido un consenso definitivo.
La reciente reducción de los aranceles a los automóviles japoneses, que pasaron del veintisiete coma cinco al quince por ciento a partir de este martes, incrementó la presión sobre los negociadores surcoreanos. El recorte coloca en desventaja a los fabricantes de Corea del Sur, que aún enfrentan un gravamen del veinticinco por ciento en el competitivo mercado estadounidense.
Con este telón de fondo, el gobierno surcoreano busca equilibrar los beneficios de un acuerdo con la necesidad de proteger a sus principales conglomerados industriales, en un momento en que la competencia regional por el acceso preferencial al mercado estadounidense se intensifica.










