Ángelo Calcaterra, arquitecto y empresario argentino, nos ayuda a entender el valor que tiene la arquitectura entre las razones que atraen a una persona a visitar un lugar determinado: “Quién no ha viajado a otro país y ha apreciado construcciones, obras de ingeniería y ciudades enteras, en búsqueda de grandes tesoros del diseño y la arquitectura” expresa el entrevistado. Y desde ya, tiene razón.
Bueno, de hecho son millones los que anualmente viajan hacia otras latitudes justamente para apreciar edificios y zonas urbanas. A esto se lo conoce como Turismo Arquitectónico, y significa viajar a un sitio para ver sus monumentos históricos y arquitectura como principal objetivo.
En este sentido, son muchas las ciudades que ofrecen paisajes idílicos para la vista. Y Buenos Aires puede contarse entre una de ellas, sin lugar a dudas.
Ángelo Calcaterra, empresario de reconocida trayectoria, quien cuenta con pleno conocimiento del ecosistema arquitectónico porteño, destaca que el turismo arquitectónico es una tendencia consolidada y sostenible, que fomenta la apreciación de edificios icónicos, como el Palacio Barolo en Buenos Aires.

“Lejos de basarse sólo en la presencia de atractivos edificios históricos, implica un equilibrio saludable entre las necesidades de los residentes y turistas, donde la arquitectura de una ciudad es más que bonitos edificios y, en cambio, se aprecia como parte de un equilibrio urbano”, analiza.
La arquitectura urbana: un recorrido estético y sensorial
“¿Qué nos sucede cuando vemos un edificio fantástico? Lo mismo que cuando vemos un paisaje fastuoso: es una mezcla entre apreciación estética y emocionalidad”, dice Ángelo Calcaterra cuando se le pregunta sobre arquitectura urbana.
Según su opinión, hay ciudades que son verdaderos museos a cielo abierto, y allí la arquitectura es un elemento clave en la atracción turística: “los edificios, monumentos y espacios públicos son parte fundamental de la identidad de una zona y pueden convertirse en atractivos turísticos por sí mismos. Además, la arquitectura también influye en la experiencia de los visitantes”.

Las características y el diseño de los edificios, calles y espacios públicos pueden ser un factor determinante para atraer a turistas y visitantes, ya que la arquitectura refleja la identidad y la historia de un lugar.
Por eso, la arquitectura urbana puede ser un atractivo turístico por sí misma. Los visitantes pueden disfrutar de la belleza y originalidad de los edificios, así como de su funcionalidad y adaptación al entorno urbano. Igualmente, algunas ciudades son conocidas por su arquitectura moderna y vanguardista, mientras que otras destacan por sus construcciones históricas y tradicionales.
Además, para Ángelo Calcaterra la arquitectura puede ser el escenario de eventos culturales y artísticos, como exposiciones, conciertos y festivales: “estos eventos atraen a turistas y visitantes que buscan vivir experiencias únicas en un entorno arquitectónico excepcional”.
Los edificios son guardianes de la memoria
Los diseños arquitectónicos modernos y vanguardistas pueden generar interés y curiosidad, pero los edificios antiguos y monumentos arquitectónicos cuentan la historia de una ciudad y constituyen su patrimonio cultural basados en su antigüedad.
“Estos testimonios del pasado son testigos silenciosos de los eventos históricos y las transformaciones que ha experimentado una ciudad a lo largo del tiempo”, entiende Calcaterra.
La arquitectura urbana -reflexiona el entrevistado- es un elemento clave en el turismo de cualquier ciudad: “la forma en que se diseñan y construyen los edificios y espacios urbanos puede transmitir la historia y la identidad cultural de un lugar. La arquitectura histórica, en particular, desempeña un papel fundamental en la atracción de turistas”.
Para Calcaterra, el Palacio Barolo, ubicado en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, representa un claro ejemplo de paisaje urbano excepcional, por todo lo que implica ese edificio emblemático sobre la elegante Avenida de Mayo.
“No solo los arquitectos apreciamos el diseño de un edificio. Todo lo contrario: miles de personas al año visitan Florencia, en Italia, para deslumbrarse con la magia que contienen esas calles, con construcciones que parecen salir de un sueño. Lo mismo sucede con el Coliseo, solo para hablar de Italia. Aunque esto es perceptible en todo el mundo. Y creo que en Buenos Aires el Palacio Barolo es uno de esos edificios icónicos cuya apreciación fue promovida por el turismo arquitectónico, que vale la pena ser visitado más de una vez”.

El Palacio Barolo: una joya entre la Avenida 9 de Julio y el Congreso
Este gigante fue construido por el arquitecto italiano Mario Palanti, a pedido del empresario Luigi Barolo. Fue inaugurado en 1923 y se convirtió en el edificio más alto de Sudamérica (incluso superó hasta cuatro veces las reglamentaciones de altura llegando su coronamiento a los cien metros), hasta ocho años después cuando se construyó el Kavanagh.
Como relata Ángelo Calcaterra, “el Barolo tiene otras características que lo hicieron y hacen especial. Por ejemplo, fue la primera edificación de hormigón armado de casi 100 metros de altura en la Ciudad. Además, está coronado por un faro giratorio de 300.000 bujías en el piso 22”.
Sobre el arquitecto que firmó la obra, cabe decirse que fue también el creador del Palacio Salvo en Montevideo (Uruguay), con similares características de construcción que el Barolo: “Palanti fue un pionero además con estos dos edificios rioplatenses, y probó la eficacia del uso vertical del hormigón, lo cual fue valioso para las siguientes generaciones de constructores”, añade Calcaterra.
La influencia del Dante en el edificio
El profesional argentino hace énfasis en un aspecto que marca la estética del Palacio: tanto Palanti como Barolo eran admiradores de Dante Alighieri y tal es así que el diseño de esta verdadera joya está inspirado en la Divina Comedia.
Pero su estilo es indefinible -comenta Ángelo Calcaterra- ya que presenta características del Neogótico y el Art Nouveau pero con modernas técnicas de construcción, en una marcada impronta rioplatense.
“También tiene reminiscencias de la arquitectura de la India, ya que Palanti tomó referencias del Palacio de los Vientos, en Jaipur, y del templo Rajarani, en Bhubaneshvar”, agrega.
Declarado monumento y patrimonio histórico de la ciudad de Buenos Aires en 1997, el Palacio Barolo también fue reconocido por la Legislatura de la ciudad con una placa conmemorativa, siendo destacado como el primer rascacielos de Latinoamérica.
Cómo concluye el arquitecto, este reconocimiento resalta la importancia del edificio en la historia arquitectónica y cultural del país y del Río de la Plata, con un impacto indudable sobre el turismo que recibe la urbe porteña, siendo que hace años es un destacado atractivo para miles que visitan la ciudad por su belleza urbana”.
Colaboradora en ReporteAsia.








