Desde la icónica novela Soy un gato de Natsume Sōzeki, en la que se retrata a los gatos como guardianes y testigos de la vida cotidiana japonesa, los felinos han sido inmortalizados en diversas obras de ficción que han enamorado a millones de lectores a lo largo y ancho del planeta. En un país donde existen desde cafeterías hasta islas repletas de estos tiernos animales peludos, sería lo más lógico indagar sobre la fascinación que irradian en la sociedad japonesa.
Cuenta la leyenda que existe en la ciudad de Kioto, escondida en la oscuridad de un callejón, una clínica con métodos curativos bastante poco ortodoxos. Resulta que a quienes la visitan en busca de un tratamiento se les receta un gato.
Una pequeña criatura envuelta en un transportador está lista para cambiar la vida de sus nuevos dueños. A medida que avanza el tratamiento, los pacientes comprenden el poder curativo de los gatos, una presencia que los ayuda a pensar con mayor claridad y les permite resolver sus problemas.

Esta es la premisa de Te receto un gato, una novela que se convirtió en un best seller gracias a su abordaje del poder curativo de los gatos, no precisamente en un sentido físico, más bien en un sentido espiritual. Este libro nos habla de cómo la llegada de un gato puede ayudarnos a mirar atrás y sanar las heridas del pasado.
También el duelo y el paso del tiempo son abordados por los escritores japoneses a través de los gatos. En El gato que decía adiós de Hiro Arikawa y El gato que venía del cielo de Takashi Hiraide la pérdida de los seres queridos y el duelo por las mascotas predominan en un relato entrañable sobre la permanencia espiritual de los vínculos y las distintas formas del amor.
Para amantes -o no- de los gatos; niños y adultos, estos libres, aunque de apariencia simple, los felinos pueden derretir el corazón de muchos lectores.
Estudiante de Relaciones internacionales y Ciencia Política en la Universidad de Belgrano. Redactora en Finguru, CEERI y Politologos al whisky.













