Con su característico maquillaje blanco, elaborados kimonos y gráciles movimientos, las geishas encarnan una forma de arte que ha resistido el pasar de cientos de años. Su historia e impacto cultural son mucho más complejas de lo que su apariencia exterior podría sugerir.
El término “geisha” (芸者), que se traduce literalmente como “persona de las artes”, apareció por primera vez en el Japón del periodo Edo (1603-1868).
Contrario a lo que muchos podrían imaginar, y esto quizás sorprenda, las primeras geishas fueron hombres, conocidos como taikomochi o hōkan. Estos profesionales del entretenimiento cumplían un rol similar al de los bufones de la corte europea y ofrecían sus habilidades en narración, música y danza.
Fue a mediados del siglo XVIII cuando las mujeres comenzaron a desempeñar este rol y, al cabo del tiempo y gracias a su popularidad, terminaron superando en número a sus contrapartes masculinas.
Las geishas femeninas u onna geisha pronto se convirtieron en figuras centrales del entretenimiento en los barrios de placer de Japón, como Yoshiwara en Edo (actual Tokio) y Gion en Kioto. Estas mujeres no solo eran artistas, sino también maestras de etiqueta y conversación, habilidades consideradas esenciales en la sociedad japonesa.

Una formación rigurosa
Convertirse en geisha no es tarea fácil. Tradicionalmente, las jóvenes que aspiraban a esta profesión ingresaban a una okiya (casa de geishas) desde una edad temprana. Su entrenamiento comenzaba como shikomi, etapa en la que realizaban tareas domésticas mientras aprendían las bases del karyūkai (“mundo de las flores y sauces”), un término que hace referencia al universo de las geishas.
Después de un periodo de aprendizaje inicial, las aspirantes pasaban a ser minarai e ingresaban en un momento durante el cual observaban a una hermana mayor (onee-san) en eventos y banquetes.
Finalmente, alcanzaban el rango de maiko, una aprendiz de geisha. Como maiko, perfeccionaban sus habilidades en danza, música, canto y etiqueta social, mientras participaban activamente en actividades de entretenimiento.
El entrenamiento culminaba con la ceremonia del erikae (literalmente, “cambio de cuello”), en la que el cuello rojo del kimono de aprendiz era sustituido por un cuello blanco, marcando su transición a geisha profesional. Este proceso podía tomar varios años y requería una disciplina y dedicación extraordinarias.
Las artes de las geishas
El repertorio de una geisha incluye una amplia gama de habilidades artísticas y culturales. Una de las habilidades más icónicas puede ser la de tocar el shamisen, un instrumento de tres cuerdas. También dominan otros instrumentos como el koto (arpa japonesa) y el taiko (tambor).
Además, las geishas ejecutan danzas tradicionales japonesas a través de la realización de movimientos delicados y expresivos, acompañados de música y narración.
Por otro lado, dijimos que la conversación y etiqueta son considerados dos de los aspectos más valorados del labor de las geishas. Estas mujeres debías tener la capacidad de mantener conversaciones elegantes y de animar el ambiente en reuniones.
Las geishas también suelen ser expertas en el sadō (ceremonia del té). En este arte se le da prioridad a la estética de la presentación y los movimientos en la preparación del té, así como también al lado más espiritual de la ceremonia y a una meticulosa atención al detalle.
Mitos y malentendidos
Uno de los mayores malentendidos sobre las geishas es confundirlas con cortesanas o trabajadoras sexuales. Si bien las geishas trabajaban en los mismos distritos que las cortesanas durante el periodo Edo, sus funciones eran completamente distintas. Mientras las cortesanas ofrecían servicios sexuales, las geishas se dedicaban exclusivamente al entretenimiento artístico y cultural.
Esta concepción equívoca se reprodujo en el extranjero durante la ocupación estadounidense de Japón tras la Segunda Guerra Mundial, cuando algunas mujeres que ofrecían servicios sexuales a soldados extranjeros se hacían llamar erróneamente “geishas”. Esta asociación inexacta persiste en algunas representaciones occidentales, pero no refleja la realidad de estas artistas tradicionales.

Las geishas en la era moderna
El auge de las geishas alcanzó su punto máximo a principios del siglo XX, con decenas de miles de mujeres ejerciendo esta profesión. Sin embargo, factores como la industrialización, los cambios sociales y la Segunda Guerra Mundial contribuyeron a una disminución drástica de su número. Hoy en día, se estima que quedan menos de 1,000 geishas activas en todo el país.
A pesar de esta disminución tan marcada, ciertos distritos como Gion en Kioto y Kagurazaka en Tokio continúan siendo centros de actividad para las geishas. Además, el turismo ha resultado fundamental en la preservación de esta tradición, ya que posibilita y estimula la organización de eventos culturales y presentaciones con el fin de que los visitantes puedan experimentar el mundo de las geishas.
En la actualidad, para adaptarse a las dinámicas modernas, algunas geishas han comenzado a utilizar redes sociales para compartir aspectos de su vida diaria y lograr conectar de un modo innovador con una audiencias más amplia.













